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Tomi

MERCEDES (3)- (Para mi madre, coetánea de Mercedes y mi inspiración)

Y aquel mundo, que yo creía un sueño, se me fue desvelando como una vorágine de celos, envidias y zancadillas veladas de otras actrices que trataban de abrirse camino a empujones, haciendo lo mismo que hice yo pero sin tener la misma suerte que me sonrió a mí con mi primer trabajo como protagonista. No pienso que yo fuese mejor o peor que ellas. Simplemente, la fortuna se alió con mis sueños.

Manuel se convirtió en mi mejor amigo, y aunque tenía otros representados, se encargó de enseñarme cómo funcionaba aquel mundo, me instruyó en los laberintos que se cocían detrás de las cámaras, detrás del telón de aquella fábrica de sueños. Se encargó de que me respetasen, haciéndoles ver a todo el mundo que tenía a alguien que me respaldaba y que cuidaba de mí.

Cinco años después, y tras muchos trabajos que unos fueron un éxito, otros no tanto, y amores furtivos que pasaron sin dejar el menor rastro en mi vida, pude por fin comprar mi primera casa. En realidad era un pequeño apartamento en un barrio modesto de Madrid, pero era mío y solo mío. Empaquetamos nuestras escasas pertenencias, y antes de salir, me acerqué a mis tíos, que nos observaban en silencio. Di un beso a mi tío y miré fijamente a mi tía interminables minutos.

-Gracias por dejarnos quedarnos aquí cuando vinimos de Jaén.- Le dije.- Pero ahora ya te pueden dar por culo.

Nadie supo nunca lo a gusto que me quedé. Yo nunca tuve una hermana, pero bien sabe Dios que yo jamás la hubiese tratado como Sonsoles trató a mi madre. Lo último que escuchamos al cerrar la puerta fueron las carcajadas de mi tío.

Ya en nuestra nueva casa, mi madre me dijo:

-Hija, no deberías haber dicho eso a la tía Sonsoles. Si no te vuelven a llamar, tendremos que volver a pedirle trabajo.

-Me llamarán, madre. – Le contesté, sin sentirme en realidad tan segura como quise hacerle creer. Pensé que si teníamos que volver, mi tía volvería a emplearla. Quería tenerla cerca para asegurarse que siempre estaba a unos peldaños por debajo de ella. Pero aquello no se lo comenté a mi madre.

-Procura no malgastar hija.- Me dijo mi madre.- Este trabajo es muy traicionero.- Y aquellas palabras quedaron en mi memoria para siempre.

Hice algunos trabajos secundarios, papeles pequeños pero en algún caso importante, y un par de años después me ofrecieron el que sería mi segundo gran éxito profesional. “Cuando salves mi alma”, se llamaba la película. Tenía tintes de ciencia ficción, no demasiados porque el cine español aún estaba demasiado verde, pero un gran elenco de técnicos hicieron que yo, subida a un caballo con alas, pareciese que volaba de verdad. Grandes y rudimentarios ventiladores hacían ondear mi larga melena, supuestamente movida por el viento al cruzar rauda el cielo, buscando almas perdidas que devolver a la vida.

Para rodar esa película, el director se tragó las pocas películas que había de éste género, entre ellas “Viaje a la Luna”, de George Mèliés, “El hotel eléctrico”, de Segundo de Chomón, probablemente el primer productor español en hacer una película de ciencia ficción o “Madrid en el año 2000”, del español Manuel Noriega. Esta última, la tomó prestada el director que dirigió “Cuando salves mi alma”, y aunque él siempre mantuvo que la devolvió, lo cierto es que nadie volvió a verla jamás y todo lo que sabemos de ella se debe a revistas de la época o narraciones de gente que la había visto.

Mientras trabajaba, acudía a las fiestas que se organizaban en los preestrenos, casi obligada por Manuel, y los premios a los que acudíamos todos los actores, técnicos y directores, donde me fui dando a conocer. Mi vida, una vez terminado un rodaje, volvía a la normalidad, acompañando a mi madre a dar largos paseos por Madrid, soñábamos con la nueva casa que podríamos comprarnos con el dinero ahorrado y tratando de olvidar lo ocurrido en Jaén antes de mudarnos. El recuerdo que tenía de mi padre estaba completamente desdibujado en mi memoria, pero sí recuerdo que me contaba cuentos al irme a dormir. No sé qué cuentos, pero a veces lo veo sentado en mi cama, mesándome el flequillo y sonriéndome mientras me llevaba a aquellos mundos imaginados por él.

Publicado la semana 47. 25/11/2018
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