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Tomi

MARISA, LA CUENTISTA- (6ª Parte)

             Una noche, algunos meses después, una llamada en plena noche los despertó. Era Carlota.

            -Tiene que venir, señor. La señora no está bien.

             Cuando Marisa lo vio vestirse,  se levantó.

             -¿Qué pasa?

             -Es Sonia.

             Y Marisa se vistió rápidamente y lo acompañó.

              Dicen que cuando llegaron, el médico la estaba viendo. Vieron a la mujer con los ojos cerrados y la respiración dificultosa le levantaba el pecho bajo el tenue y húmedo camisón. Carlota sollozaba junto a su hija, ambas en pijama.

             -Hay que hacerle pruebas. Viene una ambulancia de camino.- Le dijo el médico a Gustavo. Gustavo entonces se dirigió a Marisa.

   -Coge un taxi y vuelve al apartamento. Yo tengo que ir con ella. En cuanto sepa algo te llamo.

             Pero no la llamó. Ni ese día, ni el siguiente, ni el siguiente del siguiente. Marisa, con los ojos enrojecidos, lloraba pegada al teléfono. La desesperación se fue apoderando de ella y no sabía a quien acudir, a quien llamar. Llamaba constantemente a la casa de Sonia, pero Carlota no sabía nada de ellos. En el hospital le dijeron que le habían dado el alta tres días después de ingresar.

            -Ya está.- Se decía a sí misma.- Me ha dejado.

             Una semana después, llamaron a la puerta y acudió a abrir, nerviosa e impaciente esperando una respuesta, una explicación. Una despedida. Con las lágrimas endurecidas dentro de su cuerpo, los ojos hinchados y doloridos y el alma rota, abrió para encontrarse con Alfredo, el amigo de Gustavo.

            -¿Puedo pasar?

El hombre entró cabizbajo, con gesto amable  y amistoso.

             -Me manda Gustavo.

   -        -No ha tenido valor para decirme que me vaya.

El hombre la miró sorprendido.

             -¡Nooo!

             La tomó de las manos, comprendiendo el sufrimiento que la atenazaba en aquellos momentos.

              -Me ha pedido que venga yo, porque si él escucha tu voz, lo deja todo y viene por ti. Y esto lo tiene que hacer solo.

            -¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Sonia? ¿Dónde está Gustavo?

             -Le han detectado un tumor. Creen que es a causa del derrame que sufrió, aunque estas cosas nunca se saben.

             Ella lo miró a los ojos impaciente, esperando que continuase hablando y le contase qué estaba pasando.

            -Se la ha llevado a Houston para operarla.

            -¿Cuándo?

             -Mañana la operan.

              Y las lágrimas volvieron a brotar de los ojos cansados de Marisa, y se tapó la cara con las manos.

             -Pero él estará allí solo. Necesitará a alguien a su lado. Yo debería estar con él. No es justo que me haya dejado aquí. Tiene que estar sufriendo, se tiene que sentir muy solo. No es justo.

             Y Alfredo tuvo la certeza de que aquella mujer amaba a Gustavo más de lo que lo habían amado a él nunca y lamentó profundamente haber llegado a pensar y comentar cuando la conoció que era una guapa cazafortunas a la búsqueda del mejor postor. Entonces se sacó un papel del bolsillo y se lo tendió.

             -Éste es el teléfono de la habitación de Sonia. Llámalo. Pero no le digas que te lo he dado yo.

   Marisa cogió el papel.

             Y Alfredo se levantó, sonriendo.

             -Gracias Alfredo. Si no llegas a venir, creo que me hubiese muerto de dolor.

              Y el hombre asintió, pensativo.

            -Eres una buena chica. Todo saldrá bien.

             Cuando salió, Marisa cogió el teléfono y llamó. Era una llamada directa a la habitación.

              Cuando oyó la voz de Gustavo contestar, no pudo decirle nada. Rompió a llorar, se despertaron las mariposas de su estómago y no la dejaron hablar durante interminables minutos.

             -¿Marisa? ¿Eres tú?

             -Si,- acertó a decir.

              La línea permaneció en silencio.

            -¿Por qué me has dejado? ¿Por qué no has querido que fuese contigo?

            -No puedo hacerte pasar por esto, Marisa. Sonia es mi problema.

             -No, tus problemas son mis problemas. No soy una niña a la que tengas que proteger todo el tiempo. Mi sitio está junto a ti. Deberías haberme llevado contigo.

            Volvieron a quedar en silencio.

              -Si. Quizás debería haberlo hecho. ¿Sabes por qué?

            -¿Por qué?

             -Porque te echo tanto de menos que me duele.

            -¿Cómo está Sonia?

              -Mañana la operan.- Y volvieron a quedar en silencio varios minutos.

             -¿Me esperarás?- Le preguntó Gustavo, en voz baja.

             -Toda mi vida.

            El hombre supo que hablaba en serio y la felicidad que sintió se mezcló con el miedo a perder a Sonia, su niña-mujer con la que llevaba viviendo toda su vida.

             Dicen que la operación salió más o menos bien, habida cuenta de que la realidad de Sonia antes de la detección del tumor estaba alterada, y una semana después volvieron de Houston.

            Cuando Marisa y él se vieron, se miraron como si fuese la primera vez, sin mediar palabra Gustavo se acercó a ella y entre besos y caricias se amaron como nunca, rejuveneciéndose   mutuamente el espíritu y llevando hasta el fondo de su mente los días de trasiego, de dudas, de miedo y de dolor.

              Dicen que pasaban muchas horas con Sonia, que Marisa le peinaba el cabello que comenzaba a brotarle de nuevo, ya del color de la plata y le contaba cuentos sin saber si ella los escuchaba o los entendía.

             -¿No vas a trabajar?- Le preguntó un día Marisa a Gustavo.- Yo me quedaré con ella ayudando a Carlota hasta que vuelvas.

             Pero Gustavo no volvió al trabajo. Algunas noches se quedaban a dormir en casa de Sonia y él salía por la mañana “a hacer gestiones”, le decía a Marisa.

             Un mes después el hombre volvió a Houston para hacer una revisión a Sonia, y dos días después la llamó desde el hospital.

            -Tienen que volver a operar. El tumor vuelve a estar ahí, pero según dicen, éste es pequeño y extirparlo no supondrá ningún problema.

             Estuvieron de vuelta diez días después, con una Sonia mucho más mejorada, con un color sonrosado a pesar de la debilidad y Gustavo por fin pudo volver a sonreír.

             -Volverá a ser la que era antes del tumor. Probablemente morirá de vieja.

Publicado la semana 23. 06/06/2018
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