Semana
13
Tomi

El primer arcoiris. (1ª parte) Infantil

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Cuando el mundo abrió los ojos por  primera vez, sólo había dos cosas. La Luna y la Lluvia. Como no había nadie más, se hicieron muy amigas. Viajaban juntas y compartían sus pensamientos. Hasta que un buen día, descubrieron que ya habían viajado por todo el planeta varias veces, y comenzaron a aburrirse. Y entonces, cuando ya pensaban que vivirían así toda la eternidad, sucedió algo. Una cosa con forma de estrella, muy brillante, se acercó. Un calor, hasta entonces desconocido para ellas, las envolvió. Era la cosa más bonita que habían podido imaginar.

   -¿Quién eres?- le preguntó la Luna.

   -Me llamo Sol. Me he perdido, y no sé regresar a casa.- La Lluvia y la Luna se miraron.

   - No te preocupes.- Le dijo la Lluvia.- Te puedes quedar aquí con nosotras.

   Y el Sol se quedó a vivir con ellas. Poco a poco, sin saber porqué, la tierra comenzó a cambiar. Los árboles crecían por doquier, animales de todas clases poblaron todo el planeta, los mares se llenaron de peces de todos los colores y tamaños. Después de recorrer varias veces la tierra, y comprobar que estaba sucediendo en todas partes, los tres amigos cogieron una nube, la mulleron bien y se sentaron a contemplar a sus nuevos vecinos. Ahora sí que eran felices. Ya no se aburrirían más. Pero no se dieron cuenta, de que mientras estaban sentados, mirando hacia una cara del planeta, la otra cara, sin sol, sin lluvia, sin luna, se estaba muriendo.

  Fue la Lluvia, que decidió dar un paseo, la que descubrió la catástrofe. Cuando vio que todo lo que había nacido allí estaba agonizando, voló rauda hasta donde estaban sus amigos. Llegó jadeante y se plantó delante de ellos.

   -Algo terrible ha ocurrido.-Les dijo, entre jadeos.- Todo lo que hay mas allá de nuestros ojos se está marchando.

   Y los tres amigos corrieron a comprobar lo que la Lluvia les decía. Era cierto. Los árboles estaban mustios, apagados, los animales yacían sobre la árida tierra, apenas con un soplo de vida.

  -¿Qué podemos hacer? Están tan débiles, que nos abandonarán para siempre.

   Y mientras permanecían quietos, parados sobre esa triste parte del planeta, sucedió un milagro. Los animales empezaron a levantarse, se acercaban a los charcos que la lluvia estaba formando bajo ella y bebían con avidez. Las plantas alargaban sus ramas hacia el sol y sus raíces las estiraban para coger agua de las pequeñas ciénagas que se formaban rápidamente. Todo ser viviente estaba volviendo a la vida. La Lluvia, entonces, cayó en la cuenta de lo que pasaba.

   -Viven por nosotros. ¿No lo veis? Les estamos dando la vida.

   -¡¡Siii!- contestaron al unísono sus dos amigos.

   La luna comprendió, y bajó los ojos, con lágrimas resbalándole por su redondita cara.

   -De mí no quieren nada. Sólo quieren sol y agua. Mirad las plantas. Sus ramas quieren tocar el sol y sus raíces el agua. Los animales solo quieren sol para calentarse, plantas para comer y agua para beber.

   El sol y la lluvia se entristecieron por la Luna.   -

   -No te preocupes, ya verás como te querrán igual que a nosotros.

    -Bueno,- dijo el Sol, realmente preocupado- pues a ver cómo lo vamos a hacer para llegar a todos, porque yo no estoy dispuesto a estar toda la eternidad dando vueltas y vueltas. Estoy ya mayor para eso.-

Publicado la semana 13. 28/03/2018
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