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10
susialina

EL SILLÓN CENTRAL (Segunda parte)

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No me lo puedo creer: ya me ha amargado el día. No la soporto. Después de todo lo que me esfuerzo para que ella y los niños estén bien. Ella solo sabe criticarme, nada de lo que hago le parece bien. Sino, mira las tonterías que ha dicho en un minuto. No entiende nada de lo que pasa ¿desde cuándo es tan poco comprensiva, tan…tan estúpida? Antes era diferente, los años que vivimos sin los niños era tan alegre y graciosa. Cariñosa, me cuidaba en todos los detalles, aprobaba todo lo que yo decía o hacía. Y follaba, claro, no como ahora. Ahí, quieta en su ladito de la cama, tiesa como un palo, gritando en silencio no me toques, ni siquiera me da la excusa de que le duele la cabeza. Yo me tengo que aguantar y cascármela en la ducha. Podría tener los polvos que quisiera. Pero no me vale la pena: las enfermedades venéreas, el sida, que quieren que te separes, quieren ser la mujer de tu vida. No se dan cuenta de que el sexo es solo sexo, que yo quiero a mi mujer. Pero no la entiendo. Ni a ella ni a ninguna. Que si lo hiciera y Rosa se enterase, me montaría un pollo de mucho cuidado y me lo echaría en cara el resto de mi vida. Las mujeres son muy rencorosas. Eso si no me la está pegando con algún enfermero, que están muy cachas. O con un médico, porque Rosa sigue estando muy buena. Un poco más gordita pero sigue siendo muy sensual. Los médicos son unos sinvergüenzas, que ya saben que las casadas son un buen tiro, porque no quieren romper su matrimonio, sino el sexo y el cariño que sus maridos no les dan. Pero no. No me la está pegando, que yo eso lo notaría porque Rosa miente muy mal, o mejor dicho, no sabe mentir. Además no estaría tan cansada y tan amargada. Y si me entero de que se está follando a otro, me separo de inmediato, que los cuernos para los toros. Pero, no, que están los niños, claro. Cómo voy a perder a mis hijos. La perdonaría claro, pero debería hacerme el amor todas las noches, con pasión y con ganas. Eso le pediría a cambio de mi perdón… ¡Maldita sea! Me han rayado el coche otra vez. Eso es por dejarlo en la calle, porque no tenemos dinero para comprar un parking y de alquiler no que es tirar el dinero, dice. Pero sí que tenemos pasta para los disfraces de los niños, que hay que comprarlos porque no sabe coser. Como a ella el coche tanto le da, pues nada, a dormir en la calle, al alcance de los niñatos del sábado noche, mamados hasta las cejas, ciegos de éxtasis o lo que se tome ahora, que van sacando la mierda que llevan dentro y lo pagan con el coche de otro, en este caso mi coche. La vida es un asco, la mires por donde la mires. Sin tiempo para nada verdaderamente mío, solo trabajar. Sé hacer lo que hago pero no me gusta, no me da ese no sé qué de cuando era más crío y disfrutaba de lo que hacía. La hipoteca que me sangra, el dinero que cuesta vivir cada mes, ahorrar para Hacienda y las vacaciones. Aguantar las broncas del jefe, que me callo porque es el jefe. Aguantarla a ella, porque no me quiero crear más complicaciones. Aguantar las rayas en mi coche, aguantarlo todo. Pero qué pasa hoy, está la calle llena de gente. No tienen otra cosa que hacer que salir de paseo con el coche y molestar a los que vamos a trabajar. Por qué no se quedan en casa en lugar de pulular como moscas alrededor de la miel. Un trayecto de veinte minutos se va a convertir en tres cuartos de hora. Me será imposible acabar lo que tengo que hacer porque a las tres tengo que estar en casa de mis padres, que si me retraso voy a tener caras largas toda la tarde. Vaya día llevo hoy, bronca, oficina y más bronca. Anda que mis padres también, podrían haberse ido a pasar largas temporadas en el pueblo ahora que él se ha jubilado. Estaría más entretenido, pero no. Ella no va a estar lejos de sus hijos. Siempre controlando lo que hacemos, siempre tiene una solución mejor que la que tenemos nosotros. Espero que hoy no me suelte el sermón sobre cómo he de llevar a mi familia. La mandaré al carajo. No me atreveré a hacerlo, está claro, pero está bien que piense que me gustaría hacerlo. Me voy a pasar este semáforo a ver si adelanto a estos domingueros. Qué dolor de cabeza me está entrando, voy a tener que parar a tomarme una aspirina. Siempre le digo que deje algunas en el coche, pero dice que no, que se las pueden tomar los niños por error. ¿Qué es eso? Vaya, la urbana me ha pillado saltándome el maldito semáforo. Qué suerte la mía. Sí, sí de acuerdo. ¿De cuánto es la multa? Se la pago en metálico agente, que llevo prisa. Vaya estrella que tengo: cincuenta coches y se han de fijar en el mío. Luego cuando los necesitas, tardan horas en aparecer. Claro, estarán entretenidos poniendo multas. Yo me rindo. Es casi la una del mediodía. Me largo de la ciudad, necesito aire fresco, un poco de paz. Qué desastre. ¿Qué más puede ir mal? Qué se ha hecho de aquel chico cargado de ilusión, que quería comerse el mundo. Los años pasan y se quedan atrás tantas cosas. Desde cuando no hago deporte, con lo que me gustaba correr y nadar. De mis amigos ya no sé nada. Todos tienen hijos y trabajos y deudas. Nos hemos olvidado de quienes somos. Ya no me divierto. Dónde están aquellas noches espectaculares que pasábamos. No conozco caminos, solo el de casa al trabajo, al colegio de los niños, a casa de mis padres, al Ikea, y al pueblo, en vacaciones. Ni Egipto ni Nueva Zelanda ni Canadá. Cuántas tardes soñé con esos viajes, cuánto placer me daba soñar. Ahora ni sueño, ni viajo ni disfruto. Todas las empresas que monté en mi imaginación, todas las ideas que se me ocurrieron, se quedaron atrapadas entre pagar la casa y los pañales. Me he vuelto un cobarde. Me disgusta mi vida y las personas que me rodean. Me estoy volviendo un gruñón como mi padre. Me da miedo mirarme al espejo y ver esa mirada asustada, ese gesto asqueado. ¡Pero es que en esta carretera también hay domingueros! Una tortuga coja iría más rápido. ¿Por qué no metes la tercera y adelantas de una vez? No tengo todo el día, joder, aún no me he calmado y es casi hora de volver. Basta. Voy a adelantaros a todos a ver si llego a algún lugar donde vea el horizonte, no el culo de tu coche. Así, ¡dale motor! ¿Cómo, qué es eso? Viene un coche a toda velocidad, no puedo frenar, no puedo girar, voy a estrellarme ¡oh Dios mío!

 

Publicado la semana 10. 11/03/2018
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