Semana
04
Soledad Pardo

NOCHE ETERNA

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Relato
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El traslado a la central había sido complicado, su excesivo volumen obligó a utilizar un remolque de grandes dimensiones, acompañado en todo momento de vehículos y personal de seguridad para proteger la preciada carga. La cápsula, encontrada a cinco kilómetros de la superficie tras diez mil años de reposo, tenía un color plata, brillante, transparente, que dejaba entrever su interior. Dos cuerpos yacentes cogidos por las manos, vestidos completamente de blanco, parecían descansar plácidamente dormidos, en una especie de cilindro, sobre algo parecido a una cama vertical acolchada, también de color blanco. Su belleza era innegable, no se distinguía sexo, eran completamente iguales, únicamente uno tenía un rombo de color verde grabado en el centro de la frente, que lo distinguía. No tenían pelo, su piel era muy clara, casi translúcida, recorrida por innumerables venas de color azulado. Sus caras reflejaban placidez, serenidad y felicidad y una ligera sonrisa.

Mientras los conducían al laboratorio, al levantar el cristal, un pequeño papel doblado cayó al suelo. El director de la investigación lo recogió, sin saber interpretar a primera vista lo que en él estaba escrito, unos extraños símbolos en brillantes colores, a modo de un antiguo jeroglífico egipcio. Ya en la sala, lo introdujo en la máquina lectora de códigos, dándole las oportunas órdenes, con la esperanza de que interpretara lo que allí se decía. Tras un exhaustivo análisis de más de una hora, en la que todos miraban con impaciencia buscando un resultado, el dispositivo devolvió un texto a través de la pantalla de cristal líquido. El director comprobó que se trataba de un viejo poema de amor, que leyó en voz alta a sus compañeros. Cuando terminó, todos ellos miraron a los cuerpos, y creyeron ver una lágrima cristalizada en sus ojos. Se miraron entre ellos y al devolver la vista al cubo, ambos habían desaparecido y se habían desintegrado en un polvo blanco. El final del poema decía: ¡No nos despertéis!, porque entonces veríamos y nos asustaríamos tanto que veríamos los peligros. Y nos precipitaríamos de cabeza a las profundidades. ¡No nos despertéis!.  

 

Publicado la semana 4. 22/01/2018
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