Semana
37
Soledad Pardo

¿QUIÉN ME HA ROBADO EL FUTURO?

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Relato
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Tengo nueve años, vivo en una guerra desde hace más de seis. Yo no recuerdo cómo era vivir sin el ruido y la amenaza de las bombas. Por lo que me cuentan, Damasco ha cambiado mucho, la guerra civil ha desperdigado a mis compatriotas por todo el mundo y los que nos hemos quedado no lo pasamos bien. Mis padres tenían una pequeña tienda de ultramarinos cerca de nuestra casa y en ningún momento nos faltó de nada para tener una vida más o menos normal. Empecé a ir a la escuela con tres años, mi madre me acompañaba cada mañana. Allí era feliz, tenía compañeros con los que jugar y aprendía cosas que los maestros nos enseñaban. Quería tener hermanos, pero la llegada de la guerra impidió también esto.

Ahora todo ha cambiado, algunos días tenemos luz, pero la gran mayoría no. No entiendo qué ha sucedido y mis padres, cuando les pregunto, son incapaces de explicármelo.  Hay miembros de mi familia que han desaparecido y no hemos vuelto a saber nada de ellos. Quizás han huido a otro país o, a lo mejor,  han muerto.

Cuando salgo a jugar con mis primos sólo veo piedras, cascotes, escombros y restos de edificios que antes eran viviendas de gente como nosotros. Veo soldados que llevan armas, que nos vigilan constantemente y nos miran con recelo. No son amables, parece que les molestamos. Veo agujeros de bala en las paredes, vehículos destrozados, basura por todos lados, multitud de gatos callejeros revolviendo en ella, columnas de humo…… Veo también otros niños, quizás algo mayores que yo, con fusiles corriendo por la zona. Si no fuera por lo que eso significa, también a mí me gustaría tener un fusil para jugar, no para hacer daño a nadie.

Mi barrio está alejado del centro de la ciudad, en lo que llaman los suburbios. La escuela fue destruida por un bombardeo hace ya algún tiempo, por lo que desde entonces ya no vamos. Anteriormente, estuvimos un tiempo con clases por las mañanas, pero la mayor parte de los días teníamos que evacuar las aulas cada poco tiempo. Tenemos escasez de alimentos, mi madre tiene que buscarse la vida cada día para conseguir algo de comida. 

Tengo mucho miedo, no puedo dormir, las explosiones casi siempre se inician de madrugada, después de tanto tiempo ya las esperamos, vivimos mirando al cielo todos los días. A pesar de ello, aparentemente, en el centro de Damasco la situación parece ser de normalidad, algunas veces voy con mi madre a hacer alguna compra, veo grupos de hombres que salen a las plazas con banderas para mostrar su apoyo al ejército. No sé lo que es una guerra civil, pero eso es lo que oigo a los mayores que sucede.

No quiero preocupar más a mis padres, delante de ellos disimulo mi terror y sonrío como si nada sucediera. Sus caras reflejan una tremenda preocupación. Lo que aquí está sucediendo es algo absolutamente terrible, no hay luz ni esperanza para nosotros, nuestro interior se ha destruido, los que todavía estamos aquí somos unos meros supervivientes. Cada vez tenemos menos sentimientos, ya no gritamos de rabia, de miedo o de impotencia, permanecemos en silencio esperando no se sabe qué. Estamos profundamente cansados, pero tenemos un punto de resignación que no debería correspondernos, nadie debe doblegarse ante las amenazas y ante el manejo de su vida. Algunas veces, cuando mis padres han salido, lloro amargamente, igual que lo hacía mi madre al comienzo de esta maldita guerra.

Ya no tengo sueños, las pocas noches que consigo dormir sólo veo el horror, las bombas, el ruido de la artillería, la destrucción. Sueño con que mis padres desaparecen tras un bombardeo y eso es algo que me persigue cada día. No sé rezar, pero en mi interior pido a no sé quien que conserve a mis padres junto a mí, no podría vivir si ellos no estuvieran.

¿Qué está haciendo el mundo por nosotros?. Nada, simplemente nos miran como si fuéramos los protagonistas de una serie de televisión a la que están enganchados. Me parece incomprensible que nadie pueda parar esto, creo que a muchos les interesa mantener este horror, seguro que alguien gana con ello. Nadie puede decir que no sepa qué está pasando aquí. El resto del mundo tiene televisiones y puede ver a diario el horror de esta guerra, nos están viendo morir. Sólo hace seis años que yo tenía futuro, que los años que vendrían por delante servirían para crecer junto a mi familia, pero eso se ha truncado, ahora mismo mi vida es esto, esperar la destrucción, no creo que esto lleve a nada, ni tampoco tengo esperanzas de que acabe, veo una difícil solución. Sólo hace seis años que dejé de ser un niño, la guerra me arrebató esa posibilidad. Aunque acabe esto algún día, nadie va a devolverme mi infancia, nadie va a recompensarme por lo perdido, nadie va a compensar el sufrimiento y el horror. Sólo sueño con volver a la calle, a los parques y poder jugar con mis primos y vecinos sin miedo, poder ir a la escuela y estudiar para algún día ser médico y poder curar a todos los heridos de esta guerra.  

 

Publicado la semana 37. 10/09/2018
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