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36
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No sé quien soy o si realmente soy alguien. Todos me llaman por el nombre de Otilia, al parecer es el mío. No sé desde cuanto tiempo estoy aquí, no recuerdo otro sitio, esta habitación con una cama pequeña, una mesilla y un armario, una ventana de cristal completamente cerrada y cubierta con unos barrotes, por la que miro al exterior de vez en cuando. Hay un parque en la puerta, no me dejan salir para verlo, pero desde mi ventana me imagino paseando y sentándome en alguno de los bancos que hay en los paseos que lo circundan. Paso la mayor parte del tiempo en la habitación, sólo salgo algunos ratos al salón circular, en donde me encuentro con otras personas.

Esta noche me ha venido a ver Carmen, hemos estado hablando mucho rato, casi no he podido dormir. Su compañía me hace bien, creo que es la única que me entiende, el resto no parece comprenderme cuando intento hablarles de mis cosas. En algún momento, el señor canoso de la bata blanca ha dicho algo parecido a que padezco una paranoia, me trata como una enferma, no se da cuenta de quién soy, sólo yo puedo salvar al mundo de la total destrucción y por eso tengo que permanecer aquí, escondida, para evitar que los hombres azules vengan por mí y acaben conmigo. 

No puedo parar quieta, a veces en el salón circular me atan a la silla para evitar que camine tanto, no saben que la voz me obliga a levantarme, a estar en constante movimiento, por eso cuando me atan chillo y protesto para ver si alguien viene en mi ayuda. La voz sigue ordenándome que adelante, los otros entonces me espían para vigilarme y si me desato me atan más fuerte.

Quieren hacerme daño, tienen relación con los hombres azules y seguramente les habrán avisado para que me maten. Antes tengo que escaparme, no puedo consentirlo, la voz está empezando a decirme que huya, que salga de aquí cuanto antes.  La comida que me dan es mala, además temo que quieran envenenarme, por lo que no como casi nada. Sólo se lo cuento a Carmen, sólo ella me comprende. De vez en cuando, me trae algo de comida que sí como.

Esta noche, la voz me ha dicho que van a venir a rescatarme, que una nave plateada vendrá por mí desde el planeta Zron. No me ha dicho cuando, pero debo estar preparada. Tampoco tengo tantas cosas que llevarme, sólo una chaqueta por si hace frío y una foto de Carmen, que me regaló hace un tiempo. 

A veces, cuando oigo la voz, siento hormigueo en las manos y en los pies. Me pone tremendamente nerviosa. Hay ocasiones en las que es bastante amable, pero hoy el tono ha sido muy impositivo, me obligaba a estar alerta, a esperar a la nave y, entonces, salir corriendo. Tendré que pedir ayuda a Carmen, las puertas están cerradas, seguramente la nave se posará en el parque de la entrada, pero yo tendré que salir hasta allí. Tendré que hacerme con las llaves. Carmen las lleva siempre con ella, se las pediré. Ella también lleva bata blanca, pero es porque tiene frío, ella es buena y me quiere, es la única persona  con la que hablo, me produce tranquilidad y cuando estoy a su lado la voz no me habla. 

El señor de la bata blanca ha venido a verme otra vez, yo estaba en el salón junto a los otros. No me gusta, ceo que yo tampoco le gusto a él, pero cuando está conmigo disimula. Me pregunta como estoy, yo decido no contestarle, el conoce a los hombres azules y no puedo fiarme de él. Nunca le contesto, él toma notas en un cuaderno, me coloca una cinta en un brazo y se pone una especie de auriculares en sus oídos y después apunta algo en el cuaderno. Como estoy atada, no puedo resistirme, lo que me preocupa mucho. La voz me dice que cree que me están sacando sangre y que si seguimos así pronto me quedaré sin ella. También me coge la muñeca y toma nota de algo que percibe.

Cada día estoy más preocupada, no puedo confiar en nadie, está llegando el momento de actuar, he venido a salvar al mundo pero para ello tengo que salir y luchar contra los hombres azules. La voz me acaba de decir que mañana vendrán a rescatarme, tengo que estar preparada. Parecía muy enfadado, tengo que obedecer, no tengo otra opción. Si no lo hago, vendrán los hombres azules y acabarán conmigo.

Las chicas vestidas de blanco que vienen cada mañana a la habitación a levantarme y a limpiar me saludan afablemente. Tampoco yo tengo conversaciones con ellas, a pesar de que a veces se dirigen a mí, las tengo miedo, podrían ser enviadas de mis enemigos, es mejor que no les de ninguna confianza.

Tengo que dormir para mañana estar preparada, no he visto a Carmen, no puedo pedirle ayuda. La voz me ha empezado a insultar, me está poniendo muy alterada, me dice cosas terribles, no sé qué intención tiene, pero parece que me odia. Creo que me están poniendo cámaras de vigilancia, yo soy la elegida y la voz únicamente se comunica conmigo, los otros están constantemente hablando de mí, pendientes de todo lo que hago.

No recuerdo cuanto tiempo llevo aquí, no recuerdo desde cuando la voz me ha dicho que yo soy la escogida para esta difícil misión. Estoy cada vez más inquieta. Voy a intentar estar tranquila para ver si me desatan y puedo escapar, buscaré a Carmen y ella me ayudará a salir hacia la nave.

Me conducen a mi habitación y me meten en la cama, hoy me atan con un ancho cinturón, deben saber que estoy a punto de huir, porque es la primera vez que me amarran de esa manera a la cama. Tienen información de mis intenciones. Como no venga enseguida Carmen, no podré salir de aquí. Me pongo a chillar a ver si se compadecen de mí y me sueltan. Enseguida viene el hombre canoso de la bata blanca junto a dos chicas, me sujetan un brazo y me ponen una inyección, mientras no dejo de gritarles y de dar patadas.

Después de un tiempo, por fin Carmen viene a mi habitación, me agarra de la mano y me tranquiliza. Para ella no pasa nada, me desata y me acompaña fuera. Todos están durmiendo, nadie se da cuenta de que nos vamos. Bajamos las escaleras y salimos al exterior. Las farolas del parque iluminan trozos del mismo, pero la oscuridad no deja ver mucho más allá. Es una noche muy oscura, en el centro, la nave espacial me está esperando, es un platillo volante rodeado de luces blancas que se iluminan alternativamente.

Carmen me lleva de la mano corriendo. En la puerta, una mujer me espera y me anima a entrar. Desde allí, vamos a paralizar la destrucción del mundo. Yo estaré a los mandos de esa nave y podré destruir a todos los hombres azules que, inevitablemente, vendrán a por mí. Mientras entraba, Carmen se despide de mí sabiendo que pronto nos veríamos, que cuando todo acabara yo volvería por ella y seguiríamos siendo amigas como hasta ahora.

Una vez que entré, la nave emprendió su vuelo. Me conducen a la sala de control, en donde me siento en el sillón reservado al piloto. 

De repente, la voz, completamente enfadada, me grita que no lo he hecho bien, que debería haber matado al señor canoso de la bata blanca, que es el jefe de los hombres azules, que no tengo valor suficiente para hacerlo, que si esto sigue así buscarán a otra persona y ya no seré yo la elegida.

Aturdida, no sé qué pensar, estoy en la cama, atada como el día anterior. La puerta se abre con violencia y tres pequeños hombres azules junto al hombre de la bata blanca, entran en la habitación. No puedo defenderme, empiezo a gritar el nombre de Carmen para que venga en mi ayuda. Seguro que vendrá. 

Publicado la semana 36. 03/09/2018
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