Semana
32
Soledad Pardo

FAMILIA (III) TERE

Género
No ficción
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Hoy, 5 de agosto de 2018, hace cincuenta años que te fuiste. Casi sin avisar, sin hacer un solo ruido, discreta, buena, amable, como tú eras, un auténtico ángel. A pesar de tu sufrimiento, ni un día te faltó la sonrisa, las ganas de vivir, de estar con los tuyos, a los que tanto querías. Nos dejaste solos, huérfanos, descreídos, nunca más volvimos a pensar que la vida era justa. Sólo tenías quince años.

Una maldita enfermedad te nos arrebató, quizás porque fue un poco pronto, seguramente ahora no hubiera sucedido. Pero pasó. Todos los esfuerzos porque te quedaras con nosotros fueron vanos, ni siquiera la decisión de tu hermano de darte uno de sus riñones para que te hicieran un trasplante, pudo ser viable. 
Eras cinco años mayor que yo, bastante parecidas físicamente a pesar de ser sólo primas. Estudiosa, deportista, con muy buen carácter. Eras mi prima, mi amiga, mi compañera de juegos, mi ídolo, mi espejo, a quien siempre imitaba. Si hubiera tenido una hermana, sería algo muy parecido, seguro.

En la madrugada del 5 de agosto de 1968 partiste con todo el equipaje de amor que tenías atesorado. La tarde anterior habíamos estado juntas, jugando, riéndonos, disfrutando de nuestra mutua compañía. Jamás se me hubiera pasado por la cabeza pensar que esa tarde sería la última. Sólo una frase de mi madre, cuando regresábamos a casa de verte, frente a la puerta de Alcalá, ¡tu prima está muy mal, de esta noche no pasa!. Me enfadó mucho ese comentario, yo sólo tenía diez años y no podía entender la situación por la que estabas pasando.

Cada tarde, junto a mi madre, íbamos a verte. Sabía que estabas enferma, pero no era capaz de comprender que eso podría acabar contigo. Seguramente se pasaría y todo volvería a la normalidad, los juegos, las idas a la piscina, al cine, al parque, etc. Pero no fue así, el destino no tenía reservado futuro para ti.

Fue mi primer encuentro con la muerte, un mazazo terrible, incomprensible, injusto, Tere se había ido para siempre. Ese mismo día me hice una promesa, quiero desaparecer como ella, como Tere. Exactamente quiero irme el mismo día que ella, el cinco de agosto de mil novecientos setenta y tres, cuando yo cumpla quince años, igual que ella. Naturalmente, no pensaba en nadie, sólo en mí, en que entonces estaríamos juntas.

La mañana del cinco de agosto desperté temprano, mejor dicho casi ni dormí. Toda la semana había estado pensando en ello, un nudo en el estómago me impedía hacer una vida normal. Ni un solo minuto me había olvidado de aquella promesa. El miedo no me dejaba descansar. Mi madre me animó a levantarme, era sábado y, además, estaba de vacaciones. Me disculpé diciendo que me dolía la tripa, que quería quedarme en la cama. Estaba aterrada, había pedido morir ese mismo día, pero ahora ya no quería. Si eso iba a suceder, mejor que me cogiera en cama, seguramente así no tendría dolor. No comprendía qué me había empujado a ello, pero ahora me hubiera gustado no haber hecho ese voto. Cuando Tere se fue, no entendía qué era la muerte, casi ni siquiera ahora que habían pasado cinco años, pero lo que sí tenía claro es que la persona que desaparecía ya no estaba junto a los suyos ni volvería a estar. Era algo tan triste que no quería dar un disgusto así a mis padres, a mi tía, a mis otros primos. Tenía tanto miedo que decidí no levantarme, si lo hacía podría tentar al destino y quizás me sucedería algo, posiblemente un accidente para cumplir con la determinación que había tomado tiempo atrás. No podía comer, mi madre me ofreció el desayuno pero no fui capaz. Contaba las horas que faltaban para acabar el día, pensé que ya el día 6 no moriría.

Pedí perdón a Tere, por haber hecho semejante promesa, sabía que ella no hubiera querido que eso sucediera. Pasó el día 5 y todo siguió igual, nunca lo he olvidado y el pánico que sentí ese día. Hoy, cincuenta años más tarde, sigo recordándolo perfectamente como si fuera ayer. 

Por supuesto, ninguno te hemos olvidado, fue tan bueno todo lo que dejaste aquí que siempre estás con nosotros.  

 

Publicado la semana 32. 08/08/2018
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