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23
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Unos pasos rápidos resonaron en el corredor. Parecía alguien huyendo de algo. Tuvo miedo y decidió no salir, se refugió en su casa a esperar que algo sucediera. Apagó la televisión para que pudiera estar más atenta si algo pasaba y se sentó en un sillón. Antes miró por la mirilla de la puerta, pero no pudo ver nada, la luz estaba apagada fuera. Temblorosa, encendió todas las luces de la casa para tranquilizarse. No volvió a oír nada. Al cabo de unos minutos, el timbre de la puerta sonó. Su corazón parecía salirse, no supo qué hacer, aún así se dirigió a la puerta. Volvió a mirar por la mirilla, la luz seguía apagada y el timbre volvió a sonar. Se echó para atrás, totalmente aterrorizada. No sabía qué hacer, abrir o no hacerlo para que pareciera que no había nadie en la casa. Sus nervios iban en aumento, enseguida otro timbrazo resonó en la casa. Cogió el teléfono, llamaría a alguien, pero a quien. ¿A alguna amiga?, todos la dirían que abriera, que no pasaba nada, que era una tontería, seguramente pudiera ser algún vecino o alguien que viniera vendiendo algo.

Colgó y volvió a acercarse a la puerta. Nada, la luz continuaba apagada, intentó escuchar y le pareció oír una respiración entrecortada. Cada vez el pánico era mayor, fue hacia las habitaciones, el baño, por un lado intentaba alejarse de la puerta y por otro no quería distanciarse por si alguien pudiera entrar. Hacía verdaderos esfuerzos por ni siquiera toser, por si quien estuviera al otro lado la oía. Así, igual en un rato se iría.
Por debajo de la puerta, se deslizó un papel. Se agachó y lo cogió, era un dibujo en el que se veía una casa rodeada de árboles y dos palabras escritas en mayúsculas SE ACABÓ.

Aterrada, reconoció la casa como la del pueblo donde había pasado los mejores años de su infancia. Sus tíos vivían allí, tenían animales, vacas, gallinas, algún burro y cerdos. En ese lugar, los veranos eran felices, no existía el miedo, se sentía protegida, estaban sus padres, sus primos y, cómo no, los animales. Algunos días, cuando no había nadie alrededor, bajaba al establo y hablaba con ellos. Parecían escucharla y entenderla.

No comprendía nada, quién estaría al otro lado, alguien que la conocía seguro, pero esas palabras en el papel la asustaron. Se dirigió hacia la puerta y preguntó ¿quién es? ¿qué quiere?. Nada, el silencio como única respuesta. Unos golpes en la puerta la hicieron gritar, Váyase déjeme en paz, llamaré a la policía.

De nuevo, los golpes. Volvió a mirar afuera, con temor a acercarse a la puerta, pero la oscuridad seguía sin permitirle distinguir nada. Muy nerviosa, se repetía a sí misma, que pasara esto cuanto antes. Su corazón, completamente acelerado, le impedía respirar con normalidad. Angustiada aún más, pensó que si los golpes seguían podría sufrir un infarto. Cogió el teléfono y llamó a su amiga Laura, nada no lo cogía.

Los golpes y un sonido extraño, parecía que estaban hurgando en la cerradura, queriendo entrar. Intentó gritar  pero no podía, no le salía la voz, el terror atenazaba su garganta, era incapaz de pronunciar una palabra. Comenzó a llorar, implorando a lo desconocido que se fuera, que cesara en su acoso. Volvió al teléfono y marcó a la policía. No pudo articular nada, pensó que si la llamada se quedaba grabada, alguien vendría en su ayuda. Hizo ruidos en el auricular con los dedos, para que quien estuviera al otro lado supiera que necesitaba atención. Se sentó en un sillón a esperar que sucediera lo que fuera, pero que acabara cuanto antes. Su corazón no resistiría mucho más, su habitual falta de fuerza la impedirían enfrentarse a lo que la estaba amenazando. 

Cuanto daría en estos momentos por estar junto a sus padres, en casa, a salvo de desconocidos. Se imaginaba en el comedor, cenando con ellos, hablando de lo bien que le había ido el colegio. Admiraba a su padre, era fuerte y le daba seguridad, su madre también era valiente y totalmente capaz de enfrentarse a lo que fuera para protegerla. No paraba de llorar, no tenía fuerzas para nada. La imagen de sus padres la tranquilizó algo. No te preocupes, tranquila, no pasa nada, sólo es un sueño. 

De repente, una voz de hombre se oyó en el silencio, Ya está Julia, hemos acabado. Todo ha ido bien. No supo que pensar, abrió los ojos y una luz brillante la obligó de nuevo a cerrarlos. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?. A su izquierda, un hombre vestido de verde le dijo enseguida te subiremos. La anestesia ha ido bien, parecías tener un sueño excitado. 

La operación de rodilla había terminado. Nunca había imaginado que se pudiera soñar durante una anestesia. El dolor de la intervención fue un alivio para su corazón.

Publicado la semana 23. 04/06/2018
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