Semana
19
Soledad Pardo

ESE GORDO OCUPA MUCHO LUGAR

Género
Relato
Ranking
0 104 4

¡Ese gordo ocupa mucho lugar!. ¡Se quedará aquí, es viejo, tendrá la carne muy dura y en su lugar podrán viajar dos más jóvenes!. La voz del vigilante, enfundado en su traje de plomo, sonó estruendosa en el silencio de aquellas llanuras, mientras lo apartaba con un empujón. El animal profirió un chillido de dolor cuando fue separado tan violentamente. El camión recogía al ganado que intentaba alejarse de aquel horror. Los cerdos se agolpaban junto a la carretera.

Un día antes, la explosión había reventado las paredes del edificio de la central nuclear y por los campos se había esparcido aquel líquido lechoso de color verde. Al mismo tiempo, un insoportable hedor se extendió por la región. Los habitantes intentaban huir de la zona, unos en los pocos coches de que disponían, otros en camiones y carros. El gobierno, a través de las radios, arengaba a la población, de manera que huyeran del lugar, animándoles a que se trasladaran al país vecino, en donde serían bien recibidos. El miedo se iba apoderando de ellos y el terror se leía en sus rostros.

La granja de los marranos estaba a unos kilómetros de la construcción, pero los efectos devastadores de la deflagración habían llegado hasta allí, como si se tratara del resultado de una tormenta de granizo en verano. Los trabajadores del estado estaban protegidos con sus trajes grises, los pocos residentes iban escapando del horror desde la mañana, pero los animales habrían de ser evacuados cuanto antes, si no morirían. Nunca podrían volver a comer nada de aquellos pastos. El veneno se había extendido a diestro y siniestro. Todo signo de vegetación o de normalidad había desaparecido.

Las autoridades habían decidido evacuarlos también al país contiguo, al menos a doscientos kilómetros de allí, para evitar los riesgos del contagio. Una fila de camiones se alineaba a lo largo de la carretera, cada uno conducido por dos trabajadores, quienes subían las bestias al camión. Eran tantos los animales que, de un simple vistazo, podría saberse que no habría sitio para todos. Algunos tendrían que quedarse, condenados a un seguro final.

Las noticias de la radio puesta en el camión informaban de que la nación lindante acababa de emitir un comunicado, en el que no autorizaba la entrada de los animales en su territorio, por miedo a las posibles consecuencias de la contaminación y que las personas tendrían que permanecer un tiempo en unos campamentos cercanos a la frontera, que se estaban construyendo para ese fin. No podrían pasar inmediatamente, habrían de esperar a que se comprobara  que ninguno podría portar enfermedades ocasionadas por el accidente. Los trabajadores pararon su trabajo, esperando órdenes. Mediante los walkie-talkie se comunicaron con los responsables de la operación, quienes les indicaron que abandonaran la región inmediatamente y se dirigieran a la capital. Como pudieron, volvieron a bajar a los animales, arrojándolos al suelo, armándose un tremendo griterío de chillidos y voces.

Al volante de los camiones, fueron encontrando a su paso personas que se dirigían a la frontera, andando, o en cualquier vehículo de que disponían, quienes les pedían parar y dejarles subir para huir cuanto antes del horror. Sus órdenes eran no dejar subir a nadie, con lo cual tuvieron que acelerar la marcha para evitar que fueran asaltados. La devastación había llegado a todos los lugares y en su derredor no podía apreciarse nada parecido a la vida. La llegada a la capital no fue más reconfortante, no encontraron a nadie por las calles, todas desiertas, teñidas también de verde. El edificio del gobierno municipal, de donde habían salido los camiones, parecía abandonado, no había la habitual guardia en la entrada. Entraron los camiones en el patio y salieron al exterior. Con sus trajes y el oxígeno que todavía tenían se dirigieron a la oficina principal. No había nadie por ningún lado, el terror comenzó a apoderarse de ellos. En uno de los despachos, encontraron un ordenador encendido. Una búsqueda de noticias de Google les devolvía un titular ‘Las autoridades abandonan el país en aviones privados. La explosión de la central nuclear acabará con la vida de los habitantes en unas pocas horas’.  

Publicado la semana 19. 07/05/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter