Semana
10
Soledad Pardo

FAMILIA (I) MI PADRE

Género
No ficción
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Aquel día dejaste de ser sólo mi padre para pasar a ser también mi héroe. Después de cincuenta años de conocernos, esa tarde supe realmente quién eras, conocer que habías luchado en la guerra, de forma voluntaria, a favor del ejército republicano, despertó mi muy dormida admiración por ti. No me lo habías contado nunca, era tu gran secreto, que salió como por casualidad. Muchas veces habíamos hablado de política, me habías manifestado tus ideas, tu antifascismo innato con el que coincidíamos, pero yo no te había valorado lo suficiente. Pensaba que era lo que te había tocado vivir, los jóvenes siempre pensamos que los mayores no han tenido creencias, que nosotros lo sabemos todo. ¡Qué gran error!. Pensar que con dieciocho años fuiste a una guerra horrible, a algo que no te tocaba y elegiste, a la que la gran mayoría fue obligada, sacudió mi interior e hizo que cambiara la idea que yo tenía de ti.

Siempre te quise, te admiré por trabajador y buena persona, por ser buen padre y buen marido, a pesar de tu, muchas veces, hosco carácter. Me asombraba tu fuerza, tu valentía, tu naturalidad, tu seriedad, tu discreción, tu humildad, nada de lo que hacías tenía importancia para ti, tantas y tantas cosas..... Eso conllevaba que para ti era muy difícil valorar lo que hacían los demás, lo vivías como un deber. A pesar de ello, yo siempre sentí que estabas orgulloso de mí, aunque no me lo hicieras saber.

Cuando nos tocó vivir la enfermedad de mamá, que tú tardaste mucho tiempo en entender, seguiste siendo fuerte, valiente, con algunas dudas al inicio, sobre todo de sentirte obligado a ir a la residencia con ella, cuando tú todavía estabas bien, pero me lo hiciste vivir algo mejor, me diste tranquilidad, estabas allí para cuidarla, para vigilar que fuera bien tratada, para darle el cariño que, aunque no supiera de quien venía, necesitaba cada día. ¡Qué duro fue!, para los dos pero especialmente para ti, pensar que tu mujer no te conocía, que para ella ya no eras nadie…. Ninguno podíamos creer qué sucedía, cuando ella nos preguntaba que quiénes éramos. Era tu mujer y era mi madre, pero para ella ya no teníamos nombre. En algún momento, durante esos terribles años, ella pronunció tu nombre, quizás sin saber lo que decía, pero a ti parecía reconfortarte. No fue justo, tantos años de vida en común, de trabajo, de luchas incansables, de resistencia, para que el final fuera tan difícil. Sabemos que nunca la existencia es razonable, pero todos esperábamos que nos devolviera algo más.

Al final, la vida te respetó, te fuiste antes que ella, siempre lo habías pedido, ‘yo no quiero vivir si Amparo no está’. Ella se fue después, sin saber ni siquiera que tú la estarías esperando. Curiosamente, durante un tiempo repetía tu nombre como un mantra, sin saber lo que decía. De todas formas, nadie sabe qué pasaría por su cabeza.

He tenido muy poco tiempo para llorarte, no ha sido suficiente, la rapidez con la que vivimos el día a día no te permite pararte a pensar y a llorar, algún día tendré que hacerlo, pero quiero que estas palabras sirvan de reconocimiento, que te transmitan mi enorme admiración por ti, mi total agradecimiento y que sepas, donde estés, que eres mi héroe.

 

Publicado la semana 10. 05/03/2018
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