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Sofí Rubí

Los virtuales

En el instituto un profesor puso de moda que los alumnos abriesen blogs en internet y escribiesen algo todas las semanas, lo que fuera. No ponía nota, consiguió que a la gente le gustase aquello, aunque fuese caduco. Un día pidió que todos escribiésemos en un papel el nombre de nuestro blog y se lo diésemos de forma anónima, porque todos teníamos uno (o varios) pero podían ser anónimos, así que él buscaba que todos tuviésemos el nombre de todos sin que importase el autor, solo que nos pudiéramos leer. Así empezó el juego de adivinar quién era quién, pero pasó en seguida de la misma forma que muchos dejaron el blog. Al fin y al cabo era una moda. Unas semanas después el profesor actualizó la lista con los supervivientes y entonces empezó mi terreno de caza. Ya no había cualquier cosa, había sinceridad allí, de la que fuera, pero había sinceridad y eso me encantaba. Lo único que también había gente que escribía de pena, así que esas webs dejé de consultarlas. Pero me centré en dos, que para más placer estaban firmadas por pseudónimos, así que ni siquiera sabía a qué compañero estaba leyendo. Tomé por costumbre consultar los blogs a primera hora de la tarde, nada más llegar de clase, porque a esa hora escribía Elysa, y también por la noche, ya en la cama, que era cuando escribía Zac. Casi todos los días, cuando faltaban ellos acudía yo a mi propio blog para desahogarme del hecho de que se me privase de mi pasatiempo favorito, aunque es cierto que los fines de semana ninguno solía publicar. Ella al principio escribía sobre la soledad en clase, en la vida y la familia, y la leía porque me sentía identificada sin dejar de pensar que lo suyo no era nada en comparación con lo que pudiese sentir yo (en general en aquella época todo sentimiento creía sentirlo más intensamente que nadie, como si los míos tuvieran el sello de autenticidad). Luego pasó a escribir poesía, una poesía que me gustaba porque jugaba entre la métrica, el verso libre y el texto narrativo, una mezcla curiosa que empezó a utilizar para hablar de más temas, como de la libertad, el amor o la rabia. Zac desde el principio usaba su blog como una especie de diario, un diario falsamente íntimo, si te fijabas, pues le estaba escribiendo a alguien. No es que lo escribiese como una carta, sino como si esperase que alguien lo leyese en un futuro, alguien concreto. En un momento dado vi que parecían responderse, Elysa escribía en la tarde, Zac escribía antes de su hora y Elysa volvía a escribir en un mismo día, pero sin que se mencionasen, tan solo como si se leyesen y la inspiración fuese mutua. Su juego se fue haciendo más cercano, casi privado, ya escribían casi tocándose y yo empezaba a sentir que estaba en un lugar privado de la red.
Más adelante descubrí por deducción sus identidades, eran dos personas de clase que salían juntas. Sus letras eran cenizas, sus palabras eran cenizas. Cerré mi blog y me taché de la lista del profesor.

ue

Publicado la semana 49. 09/12/2018
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