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Sofí Rubí

Cuerpo celeste

Como en las películas en las que un niño tiene un problema, desea algo, se va a dormir y al despertar  ha ocurrido el milagro, a la mañana siguiente había crecido. Se miró los brazos y las piernas como si fueran nuevos, pero nadie más pareció darse cuenta. Después creció una segunda vez, en esta ocasión se sintió incómodo, ahora era demasiado grande. Así no dejó de hacerlo, intentando todo tipo de cosas sin conseguir nada, todo en él crecía, menos, si acaso, su voz interior, que seguía sin ser grave y tenía miedo de empezar a sonar con eco dentro de su cabeza.
Para cuando era tan grande como dos continentes, se quitó las manos de la cara y miró el mundo esperando ver una respuesta atroz, pero nadie parecía verle. Entonces lloró y sus lágrimas, lejos de caer sobre la tierra y parecer lluvia, le cayeron sobre el peso y entonces tuvo miedo de que se secaran y le convirtieran en un gigante de sal.
Hubo una fotógrafa que recorrió partes de su cuerpo sin saberlo, hizo fotografías singulares de paisajes, de bosques, lagos, cuevas y extensas llanuras. Ahora tengo en mi salón una de esas fotografías.
Un día se abrazó las rodillas, se echó a un lado y se quedó dormido, entonces se cayó de la Tierra y al hacerlo su barba se enredó en unas montañas. Desde entonces flota agarrado al planeta y con él da vueltas, mirándolo con dos enormes ojos que reflejan el Sol y parecen dos lunas.

Publicado la semana 46. 18/11/2018
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