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04
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No ficción
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—¿Cómo se declara la acusada?

—¿Sobre qué?

—¡Responda! ¿Cómo se declara la acusada?

—Inocente.

—¡Mentira! ¿Cómo se declara la acusada?

—Culpable.

—Perfecto, es lo que pensábamos.

Como ya se ha escrito antes, me llevaron por un túnel de espejos a través de los cuales me miraban cientos de ojos. Me raparon el pelo, me quitaron los colgantes y las uñas, me hicieron confesar los nombres de mis amigos y me preguntaron por él. Dije que no le conocía, por miedo, y entonces me pegaron. Dije que sabía quién era, y me golpearon de nuevo porque no era bueno que lo supiese. Luego deliberaron, hablaron mucho sin dejar de mirarme. Sus murmullos eran piedras que crecían detrás de los ojos. Yo temblaba por miedo a hacer algo, temía que el sudor cayese con mucha violencia contra el suelo y resonase en las paredes. Me hicieron cantar, grabaron mi voz y la hicieron resonar en aquel cuarto durante horas, hasta que parecí un pájaro. Me dijeron que debía contar mi vida, todos los recuerdos que tuviese, con la máxima fidelidad, con todos los detalles.

Al final, después de mucho tiempo sin sol ni luna, me soltaron en un campo, desnuda, y me dijeron que me fuera. Les pregunté que por qué dejaban que me fuera, si creían que era culpable, y me contestaron que sabía inocente, pero que me echaban por las palmas de mis manos. Las miré y las vi negras. Negras por la tinta, imagino, pero ellos ya se iban y si era cierva debía irme antes de que viniera el cazador.

 

Me dijeron que escribiese con la palabra juicio, pero me expulsaron antes de que hubiera ninguno.

Publicado la semana 4. 28/01/2018
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