Semana
38
Sofí Rubí

Espejito

Género
Relato
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No hay más que mirarse al espejo y decir “¡eh, ese cepillo es mío!”, estirar la mano y arrebatárselo a nuestro reflejo. Cuando quieras comer, por ejemplo, una manzana, planta un espejo encima de una de las sillas de la cocina, agáchate, mírate y di “¡para mí!” y así conseguir, estirando la mano, una deliciosa manzana de ese reflejo que nos mira con los ojos vidriosos fruto de quedarse sin su alimentación tan sana. Cuando necesites gasolina, cuando necesites fuego o cuando necesites un abanico, mira el espejo que saques del bolso. Así, cuando te deje un tipo idiota llamado Juan, saca un espejo pequeño, ponlo a la altura de los ojos como si te fueras a maquillar, mete en ese reflejo el dedo índice y el dedo gordo y saca entre ellos ese pequeño corazón que te tragarás y que deseas que se equivoque de camino y en vez de ir al estómago, se quede en el pecho. Haz lo mismo con las lágrimas, con los suspiros y con el aire cuando sientas que te ahogas. Cuando veas que estás sola, se apaga la luz y crees que te vas a morir empezando por los ojos, saca el espejo, mete la mano y ayúdate a salir, para que, aunque seas tú misma, haya quien te coja la mano, te acaricie el pelo y no te susurre al oído todas las cosas que le debes.

Publicado la semana 38. 23/09/2018
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