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Sofí Rubí

Ojos con mirada psicodélica

Recuerdo una vez en que estábamos Ricky y yo tumbados en mi cama, era muy tarde y él me daba la espalda. De pronto me di cuenta de que me estaba ocultando algo. Vi, aunque no podía verlo, que en realidad estaba escribiendo cartas, cientos de cartas blancas para Becca. Las estaba escribiendo y se las mandaba. Todo estaba negro, y era negro y feo. Del otro lado, del lado de las cartas, había también una serpiente. Le dije a Ricky que me mirase a los ojos. Entonces todo era como cuero negro y él era la serpiente.
A veces veo oscuridad en él, de hecho me he acordado de un episodio que pasó hace tiempo en el que estábamos en la tienda del Mago y yo me descubrí habiendo ido allí para que el Mago mirase a Ricky y me hablase de él. La tienda del Mago es como un parón en el tiempo y la sociedad, son como muchos mundos ahí metidos. Siempre que voy me dice cosas, entre ellas que tengo los ojos hundidos, y a veces me dice algo de quien vaya conmigo. Pero esa vez estaba distraído, no recuerdo si es que estaba a punto de cerrar o que estaba ordenando, pero no me mostró atención y eso me molestó. Sin embargo sí comentó en algún momento que él había logrado abrirse gracias a las drogas, y Ricky, una vez fuera, me dijo que tenía LSD y que podíamos tomárnoslo. Yo no quería, pero insistió mucho y yo quería llamar su atención, me daba igual que por aquel entonces estuviese con Becca. Recuerdo que dijo que tenía sed, y yo tenía una botella de agua en mi mochila, pero no se me pasó por la cabeza ofrecerle. Me dijo que el efecto solo duraba un par de horas, lo cual fue mentira, duró cuatro o seis o diez, y cuando al final acepté el cuadradito pensé que eso era muchísimo y le arranqué una esquina con la uña. Me dijo que me lo pusiese en la boca y luego me lo tragase, y yo pensé que estaba loco. En un momento en que doblamos una esquina aproveché para sacármelo de la boca, y cuando él se encontró con un conocido suyo, lo tiré por una alcantarilla. Empecé a verle un poco sucio, pensaba que él solo quería drogarse y que quería hacerlo con gente para que no solo a él se le estropease el cerebro.
Acabamos sentados frente al Palacio de Oriente. Recuerdo que sentía muchísimo frío, que no dejaba de temblar y que creía que todo el mundo nos miraba. En un momento se nos acercó un mendigo pidiendo, Ricky le miró, abrió la cartera y le dio todo el dinero que tenía. Luego empezamos a caminar, y cuando estábamos en la explanada de en frente del palacio, vi cómo éste se volvía de colores naranjas y violetas y se empezaba a derretir. En ese momento pasé de sentir frío a sentir muchísimo calor.
Caminábamos y yo no quería cruzarme con nadie porque tenía la seguridad de que me mirarían y sabrían que estábamos drogados. Antes de llegar a Puerta de Toledo pasamos por unos árboles y empezamos a discutir a gritos si allí había o no una tienda de campaña, al final él se acercó y al volver me dijo que había mirado dentro y que allí había gente durmiendo. Al poco, y en mitad de aquella hierba, vi una alcantarilla, pensé que era un hoyo como el de Alicia en el País de las Maravillas y sentí deseos de tirarme dentro por encontrarme tan mal.
Ya en el mirador pasamos junto a un grupo de vagabundos y pensé que qué hacía yo allí, a aquellas horas y pasando frío, que si seguía así iba a acabar como ellos. Nos sentamos en un banco y quedamos frente a un reloj inmenso que colgaba de la fachada de un edificio; recuerdo que miré la hora, que era la una, y que parpadeé y de pronto era la una y media. Del otro de la plaza llegaban unas luces que nos cegaban y, tras protegernos los ojos con la mano, descubrimos que era un grupo de chicas haciéndose fotografías. Las veía moverse y me daban asco, y entonces vimos que también estaban bebiendo y yo me puse nerviosa pensando que por su culpa vendría la policía y descubrirían que estábamos drogados.
Debió ser por ahí cuando miré a Ricky y le dije que me gustaría besarle, él me miró y me dijo que a él también le gustaría besarme, entonces vibró su teléfono y era Becca, y a Becca no podías no contestarla o contestarla mal, así que él se puso a escribir, y yo miré mi teléfono y vi que las Chirlas estaban hablando y no sé por qué las mandé callar e insulté a alguien.
La gente se movía a cámara lenta y al instante estaban ya al otro lado de la plaza. Cuando ya nos íbamos se nos acercaron unos chicos e intentaron ligar con nosotros porque se creían que Ricky era una mujer. Cuando se dieron cuenta de que no lo era se molestaron, pero yo les regalé unos donetes y se marcharon.
Cerca ya de Embajadores me detuve en mitad de una calle porque no sentía el móvil ni el monedero, me empecé a palpar nerviosa y los encontré, pero uno estaba en un bolsillo extraño y el otro no conseguía sentirlo pese a que me apretaba la piel. Yo quería callejear para que se me pasase el efecto y poder volver a casa. Volvía a tener mucho frío, temblaba y en un momento me tuve que apoyar en una esquina porque me mareaba que la gente fuese tan despacio y de pronto estuviese en otro sitio. También empecé a pensar que la gente me miraba porque me quería atacar. Yo miraba a Ricky y pensaba que lo único que él quería era drogarse acompañado.
Cuando llegamos a Embajadores nos despedimos y él se cogió un taxi. Yo, cuando logré llegar a casa, tenía mucho miedo de no conseguir meter la llave en la cerradura y que despertase a mis padres y me descubriesen drogada, así que me estuve concienciando para acertar, y sin embargo me costó muchos intentos.
Ya en mi cama solo conseguía pensar que era muy tarde y que mañana había quedado con Sheila para ir a la peluquería de su prima a cortarnos el pelo. No lograba dormirme, ni meditando. En un momento vi un libro en catalán que me habían regalado y me puse a intentar leerlo porque pensaba que si no lo entendía me aburriría y entonces llegaría el sueño, pero como no funcionaba y estaba en catalán se me ocurrió hablarle a Gerola. Gerola en su momento se llegó a obsesionar conmigo en parte por culpa de aquella noche, porque no dejaba de ayudarme y calmarme y yo le dije que la quería, y ella a larga pensaría que el amor era mutuo. Le hablé entonces a Ricky y me dijo que él tampoco conseguía dormir, pero lo suyo era peor porque al día siguiente trabajaba. Se me llegó a ocurrir despertar a mi madre y pedirle que me llevaran a hacer un lavado de estómago.
Al día siguiente fui a ver a Sheila con unas ojeras terribles y se me olvidó llevar dinero. En la peluquería tuve que hacer un esfuerzo inmenso por aparentar estar normal, y cuando al final llegué a casa dormí toda la tarde.

Publicado la semana 17. 29/04/2018
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