Semana
08
Sócrates

SÉ QUIÉN LO HIZO

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Relato
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Sé quién me mató.

Sé quién lo hizo. Pude verle los ojos en el último instante y lo reconocí, supe que era él. Aunque dudo que le importe: si no ha dudado en quitarme de en medio por qué le iba a importar ese momento de reconocimiento, ese último fogonazo de lucidez.

Están todos a mi alrededor. Creo que no falta nadie. Las caras circunspectas, serias. Nadie llora desconsoladamente. Mejor así, nunca me gustaron los excesos.

“…y aunque la certeza de morir nos entristece…”

El cura recita con voz monótona. Si no estuviera ya muerta, me moriría de aburrimiento.

Cómo no se me ocurrió dejar por escrito que pusieran algo de música en mi funeral. La trompeta de Louis Armstrong, algo de Aretha Flanklin o Ella Fitzgerald.

Román está muy cerca de mí. Pobre. Qué cara más triste. Tiene los ojos febriles y secos. Cómo me gustaría decirle algo, que sintiera una suave caricia de mi mano en su cara, un susurro, un soplo…algo… Y no puedo hacer ni decir nada. He de consultarlo (¿a quién?) A lo mejor en este otro mundo se me permite formular tres deseos de bienvenida. Estoy desvariando. Nunca he estado muerta, se me ha de perdonar tanto pensamiento estúpido que me cruza por la mente.

“…ceniza a la ceniza, polvo al polvo…”

Continúa el cura. Dios, qué plasta. Él también está serio, como si sintiera de verdad mi muerte. Y nunca nos vimos ni cruzamos una sola palabra.

Veo con sorpresa a Sol. Qué hará aquí, si no podía verme ni en pintura. A ver si va a ser verdad que la muerte hace que se nos recuerde mejor de lo que éramos. Luego pienso –lo sé, con algo de maldad- que a lo mejor quería estrenar ese vestido negro tan ajustado.

Luz, Damián, Álvaro, Mamen…los veo uno a uno, con cariño, con reconocimiento. Brindad por mí, una cerveza a mi salud: estoy bien, os lo aseguro.

Y de pronto, lo veo. Ahí está. Por un momento creo que voy a morir por segunda vez, esta vez por el susto y la sorpresa. Un aullido quiere salir de mi garganta. ¡Es él, es él! ¡¡Detenedle!! Está de pie, como si nada, con cara de dolor, al lado de Román. Veo con asco que apoya una mano en su hombro, queriendo transmitirle fortaleza…

Falso. Mentiroso. Asesino.

Román, de pronto, rehúye el contacto, se aleja de su lado y le agradezco en silencio ese detalle, esa brusquedad. A lo mejor sospecha algo. Él pone por un momento cara de extrañeza, no le ha gustado el gesto. Parece que va a decir algo, pero se aleja hacia la avenida de los árboles.

Al pasar debajo de una acacia, un pájaro ha dejado caer una cagada blanca y extensa sobre su impecable y lustroso traje negro. Sé que es pueril, lo sé, pero me ha hecho sonreír. Mientras la justicia humana sigue su trayecto, lento, hacia la verdad, ese otro acto de justicia… pajaril… me ha dado algo de alegría.

“…nos consuela la promesa de la futura inmortalidad…”

Y dale…

 

 

Publicado la semana 8. 25/02/2018
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Unforgettable, Natalie and Nat King Cole
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