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Sócrates

RECUERDOS EN SEPIA

Entre un montón de fotos antiguas conservo una que, aún hoy, me causa pavor. La sostengo con unas manos que tiemblan ligeramente.

"Es sólo un puente", me dices.

“La edad”, pensarás tú.

No: es el miedo que corre por mis venas, viscoso, tóxico como un veneno.

Todo ocurrió aquel verano. Mirábamos con recelo la sombra amenazante del bosque. Era oscuro incluso en los días más luminosos. Su presencia ominosa nos atraía y repelía a partes iguales. A pesar de su llamada insistente, nunca nos atrevimos a entrar en sus dominios. Sólo una vez estuve a punto de ir. Pero en el último instante, en vez de hacerlo, envié a mi perro Groucho. En un inútil gesto de rebeldía lancé el palo con toda la fuerza de la que fui capaz. Él corrió, feliz. De pronto, se detuvo y miró hacia atrás. Juro que me miró. Yo no le dije nada. Y luego salió disparado de nuevo, atravesando aquel puente maldito.

Le llamé muchas veces.

Grité llorando su nombre.

Nunca volvió.

Verás, hijo: cuenta la historia que, al otro lado del puente…

 

Publicado la semana 52. 30/12/2018
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