Semana
43
Género
Relato
Ranking
0 24 0

 

Fue en aquel año de 1946 cuando conocimos a Bill.

Era un verano caluroso y nosotros gozábamos de las vacaciones escolares. La guerra seguía su marcha cruel en algún sitio, muy lejos de nosotros. Todas las tardes nos reuníamos en el descampado que había detrás de la escuela. Allí, detrás de sus aborrecidas paredes, compartíamos cigarrillos, bocadillos de mantequilla y algún cómic. Los adultos nos dejaban tranquilos al menos durante dos o tres semanas, tras las cuales nos llamaban al orden.

Bill se unió al grupo y fue desde el primer momento nuestro jefe indiscutible. Era un muchacho alto y desgarbado, con la cara cubierta de pecas –que él aborrecía- y el pelo de un furioso color anaranjado. Nunca se quitaba la gorra. El descampado terminaba bruscamente a la vera del río, turbulento y ruidoso, que siempre llevaba mucha agua. La altura era considerable, y pocas veces nos acercábamos allí.

No sé de quién fue la idea: alguien apostó que nadie se atrevería a saltar desde la gran roca que dominaba el río. Bill fue el primero en decir que él saltaría y, sin saber cómo, me vi arrastrado a seguirlo. Dejamos las ropas en los matorrales. Yo temblaba de miedo y Bill me susurró: “Saltamos a las de tres. Cuenta conmigo, venga”. No recuerdo nada más. El río nos engulló a los dos y lo último que recuerdo es la gorra de Bill flotando sobre las enfurecidas aguas.

 

Publicado la semana 43. 28/10/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter