Semana
32
Género
Relato
Ranking
0 69 0

Para la mayoría de nosotros, aquel era el primer año que pasábamos tanto tiempo en el pueblo. No es que viviéramos muy lejos de él, pero nuestros padres se habían tenido que mudar, por motivos de trabajo, a los alrededores.

Durante el verano volvíamos para pasar las vacaciones allí. De todos los del grupo, sólo Tim -a quien todo el mundo llamaba Pecas- y Bart habían vivido toda su vida en el mismo sitio. Sin embargo, nosotros no nos sentíamos extraños y la gente nos miraba con simpatía. Cada verano teníamos que soportar estoicamente los comentarios de la gente mayor. “Caramba, pero cómo ha crecido el pequeño Patterson” o: “Jovencito Bill, esos pantalones ya te han quedado demasiado cortos…”. Y digo soportar estoicamente porque cuando nos decían semejantes tonterías solíamos estar con nuestras madres, y ay de nosotros si nos escabullíamos con cualquier pretexto.

Los otros del grupo, además de Pecas y Bart, eran Bill, Zac, Ethan y yo, Owen. Pecas era un pelirrojo descarado y valiente, gruñón y cabezota. Cualquier cosa le hacía montar en cólera, pero se le pasaba el enfado con la misma celeridad. Bart era despistado hasta la exasperación: pocas veces aparecía en el sitio donde habíamos quedado y siempre llegaba tarde a todo. Nunca se enfadaba por nada, ésa era su principal cualidad. O su defecto, porque intentábamos de todas las formas inimaginables fastidiarle y no lo conseguíamos. Sólo una vez…pero eso lo contaré más tarde.

Bill era un líder nato. Era unos meses mayor que nosotros y aceptamos de forma tácita su liderazgo. Su padre había muerto años atrás en un desgraciado accidente y había tenido que ser una ayuda para su familia desde muy pequeño. Nunca se quejó, sin embargo, y se lanzaba a cualquier juego como si quisiera recuperar su infancia robada.

Zac y Ethan eran gemelos. Físicamente eran como dos gotas de agua, pero no podían ser más diferentes en su forma de ser. Mientras que Zac era un bocazas pendenciero, Ethan medía mucho sus palabras. Iban al mismo curso, pero Ethan superaba a su hermano en todas las materias. A Zac aquello parecía no importarle y hasta hablaba de su hermano llamándole, a veces, “El cerebrito”. Claro que otras veces le llamaba imbécil sin venir a cuento y Ethan se vengaba de él preguntándole cosas como:” ¿A que no sabes qué significa ´étéreo´, a que no lo sabes?”. Le encantaban las palabras raras, los diccionarios, los libros antiguos y las matemáticas. Era muy rarito, la verdad.

Y luego estaba yo… No era tan valiente como Pecas, ni tan despistado como Bart; no era un líder nato como Bill ni un bocazas como Zac y por supuesto no era ni la mitad de inteligente que Ethan. Tenía un poco de cada uno, y creo que por eso encajaba en el grupo.

Aquellos fueron unos años que recordaré con cariño toda la vida.

(continuará)

Publicado la semana 32. 12/08/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter