Semana
30
Sócrates

POSTDATA

Género
Relato
Ranking
0 60 5

Al llegar a casa gritó el consabido “Cariiii, ¡ya he llegado!”. Pero no recibió ninguna contestación. Fue hasta la sala: todo estaba ordenado, cada cosa en su lugar, pero ni rastro de ella. En la cocina ningún alimento se cocinaba a fuego lento, esperando que él llegara a casa. Fue hasta el dormitorio, cada vez más nervioso. No era un comportamiento propio de ella. Siempre le decía dónde iba a estar y ya hubiera recibido una llamada si hubiera pensado hacer algo diferente. Miró en el dormitorio y vio una maleta vacía encima de la cama. Sintió una mano agarrando sus entrañas. Empezó a sudar y a encontrarse mareado.

Volvió a la cocina y entonces vio el mensaje. Una nota pegada sobre el frigorífico confirmaba sus peores sospechas.

“Querido André: La verdad es que ya no aguantaba más. De pronto, esta mañana se me ha acumulado el cansancio de tantos días de tensión. Sé lo importante que es para ti el proyecto en el que estás trabajando. Me voy: así estarás más tranquilo...”

No podía ser. Se llevó las manos a la cabeza, se mesó los cabellos. Caminó de un lado a otro sin saber qué hacer. Se maldijo por su descuido, su falta de tacto. Todo era culpa suya.

Ayer mismo ella le había estado comentando algo sobre ¿descanso? ¿días libres? ¿un proyecto? Poco importaba ahora.  No le había prestado ninguna atención. Mira que se lo decía ella continuamente: “No me escuchas, André: nunca me escuchas”.

Sin terminar de leer, se fue corriendo a buscarla. Cuando cerró la puerta, un post-it que había caído al suelo, revoloteó un instante.

Te espero en el balneario. Encima de la mesa del despacho te dejo la dirección y el teléfono. Allá nos encontraremos. No tardes. Te quiero”

Publicado la semana 30. 29/07/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter