Semana
23
Sócrates

ESPALDA MOJADA

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Relato
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Mi abuela era una señora imponente, de porte adusto, elegante, y muy seria. Poco más recuerdo de ella. Tenía una tos impertinente que te hacía encoger si estabas cerca. Como si hubieses sido pillado en falta y el castigo fuera inminente. Su mirada, fría y azul, parecía penetrar hasta tus más ocultos pensamientos. No le gustaba vernos jugar bajo el fuerte sol de Michoacán. Decía que nuestra piel se oscurecería y pareceríamos campesinos. Nos obligaba a llevar siempre un sombrero de paja que nosotros odiábamos con toda el alma. Nunca nos atrevimos a dejarlo en casa “sin querer” porque a la vuelta nuestras caras rojas por el sol nos delatarían y ésa era una falta que no nos perdonaría.

Pasábamos los veranos en Zihuatanejo y veíamos con envidia a los otros niños chapoteando alegremente en el agua. Nosotros sólo podíamos mojarnos los pies, y llevábamos cubiertos brazos y hombros. Y aquellos odiosos sombreros en nuestras cabezas. Hubiera dado lo que fuera por ser uno de aquellos chamaquitos de piel oscura, felices entre el agua y la arena. La abuela nos observaba desde la ventana de su habitación. No nos quitaba los ojos de encima.

Ahora, bajo este sol inclemente del desierto, la recuerdo. Llevo dos días esperando el mejor momento para cruzar la frontera y su imagen, como un espejismo, flota delante de mí. ¿Qué pensaría ahora si me viera con la piel renegrida y agrietada, quemada por el sol?

“A la sombra –nos decía cuando éramos niños- Os quiero ver siempre a la sombra”.

 

Publicado la semana 23. 10/06/2018
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Tam tam go! - Espaldas mojadas
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