Semana
22
Sócrates

EL SUEÑO DE UNA TARDE DE INVIERNO

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Una suave y persistente lluvia se posa con indolencia sobre los tejados. Hace frío.

La casa se le cae encima, pero no tiene ganas de pasear. Salió por la mañana: las calles estaban animadas, muy animadas a pesar del frío. Pensó que en el parque no habría tanta gente, pero se equivocó. Las parejas paseaban por la avenida con paso lento, rodeadas de niños bulliciosos de mejillas sonrosadas por el aire fresco. Había gente comprando churros en los puestos y el olor de la fritura hizo que su estómago se quejara. Incluso vendían un humeante chocolate servido en vasos desechables. Veía a la gente untando los churros en el chocolate caliente. Se le hacía a boca agua. Después pasó por el puesto de las palomitas con su alegre chisporroteo. Las bolsas de palomitas dulces se amontonaban en el mostrador. Hacía muchísimo tiempo que no probaba ninguna. Siguió paseando por su particular camino del calvario. Esta vez a su nariz llegó el inconfundible y delicioso aroma de los gofres: con nata, con nocilla, con mermelada, con frutos secos… Incluso solos sabían a gloria.

Se ajustó la bufanda alrededor de la nariz y la boca y huyó del parque –de los olores- como alma que lleva el diablo. Todos los domingos el mismo suplicio. Y todos los domingos se recriminaba el ser tan masoquista.

Ahora, sentada al lado de la ventana, se promete a sí misma no volver a hacer el mismo recorrido el próximo domingo. Un paseo en bicicleta sería más saludable para su cuerpo y para su mente.

En la bandeja que se acaba de preparar para cenar hay una tortilla francesa y una pequeña porción de queso fresco. Una cena ligera, un rato de buena lectura y a dormir. Desde que le diagnosticaron la diabetes, sus sueños eran muy dulces. Y eso no se lo podían quitar. 

 

Publicado la semana 22. 03/06/2018
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Sweet - The Ballroom Blitz
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