Semana
02
Sócrates

RE-ESCRITURA

Género
Relato
Ranking
0 97 1

Le entregaron bolígrafo y papel.

Por favor, escriba con sus propias palabras todo lo que pasó –le dijo el agente García.  

Oyó a alguien de la sala que carraspeaba furiosamente, intentando llamar su atención, pero ya era demasiado tarde.

El testigo se colocó con parsimonia las gafas limpiándolas antes cuidadosamente con un pañuelo de papel. Colocó la hoja ante sí. Cogió el bolígrafo, no sin antes haber pedido que lo cambiaran por uno de tinta negra. Suspiró y comenzó a escribir.

El agente García se colocó detrás de él, dispuesto a intervenir en cualquier momento.

“Aquella mañana la recordaré toda la vida…

Me levanté como siempre, temprano, y ya entonces, al poner los pies en el suelo, supe de alguna forma que algo iba a suceder. No sabría decir exactamente por qué: había algo intangible… (oyó al agente García bufar detrás de él y se corrigió) algo intangible extraño flotando en el ambiente, como una premonición, una amenaza velada, un aviso sin cuerpo de que algo estaba a punto de pasar. Recuerdo exactamente la hora: las 7:35. (Madre del amor hermoso… exclamó el agente García con exasperación) Ni antes ni después. Justamente en ese instante supe que algo no iba bien. O quizá no fue exactamente esa sensación, quizá solo fue la certeza de que algo había cambiado o iba a cambiar en breve. Entonces no sabía si para bien o para mal. Ese “algo” era impreciso.

Me miré al espejo y este me devolvió la imagen de un hombre de mediana edad (cómo odio esa expresión) bien afeitado, bien vestido; con gomina en el cabello y un nudo perfecto en la corbata. Un rostro todavía joven, de ojos claros e inteligentes y mirada vivaz.

(El agente García volvió a gruñir: ¿Pero es que todo eso es relevante para el informe?)

Al salir a la calle, de nuevo esa sensación de urgencia. El cielo estaba azul, sin una nube. Dos niñas iban de la mano de su madre al colegio; unos estudiantes se dirigían al instituto hablando y riéndose estrepitosamente estridentemente bastante alto. Y entonces lo vi. El tiempo pareció detenerse durante unos segundos y (¡¡Pero quiere contar de una vez lo que vio!!, exclamó el agente García sin poder contenerse) entonces lo vi abalanzarse tontamente alegremente inconscientemente hacia su fatal destino. Literalmente se metió debajo de las ruedas de un coche que –todo hay que decirlo- iba a bastante velocidad por aquella calle transitada…

Firmado: Juan Peláez Ruiz

El testigo dejó el bolígrafo sobre la mesa, puso derecha la hoja de papel y con una inclinación de cabeza, salió de la habitación. 

El agente García tomó el papel y volvió a leer el relato de lo sucedido aquella mañana. De nuevo había caído en la trampa epistolar de Juan el Escribiente, como le llamaban (con algo de cariño y mucha guasa) en la comisaría. Cogió de la mesa un bolígrafo, leyó y releyó el escrito, tachó varias frases con furia, resopló unas cuantas veces más y al final de la hoja escribió:

“Juan Peláez Ruiz afirma que fue testigo del atropello del perro del demandante a las 7.45 a.m. del día de autos”

Publicado la semana 2. 12/01/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter