Semana
18
Sócrates

NO SÉ CÓMO EMPEZAR

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Relato
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"No sé cómo empezar a contaros esto, de verdad, no sé cómo hacerlo. Lo he callado durante tanto tiempo que ahora ya es parte de mí, como mis silencios y mis palabras. Me prometí que pasase lo que pasase, jamás saldría a la luz, pero ahora, después de los últimos acontecimientos, me veo obligado a tomar una determinación".
    
    Mira hacia atrás con aprensión. La casa está en silencio. Ha recogido la mesa de la cena. Nunca lo hace, al menos no con tanta celeridad, pero hoy sentía la necesidad de alargar el momento. Con tal de no ponerse a escribir. Con tal de no empezar. El reloj de la repisa de la ventana marca las 23:30 . El color rojo de los números hoy no le gusta. Demasiado...rojo -piensa- demasiado intenso.

"Siempre me habéis considerado el débil del grupo. Lo he sabido todo el tiempo. Alguien que cuenta para algunas cosas, prescindible 
para otras. No creáis que me ha importado. Es verdad que algunas veces me daba rabia, pero se me pasaba pronto porque me interesaba 
mantener esa fachada: el compañero algo iluso, crédulo y buenazo. Alguien de quien reirse (sin malicia, la mayoría de las veces) sin
que guardara rencor; alguien a quien acudir, a quien pedir favores sin que pidiera nada a cambio, sólo vuestra amistad".

   El vello de la nuca se le eriza de pronto. Mira hacia atrás con reticencia, como si esperara ver a alguien justo a su espalda. El gato negro pasa por debajo de la mesa, ronroneando débilmente. Pero qué haces, Merlín, qué susto me has dado. El gato se deja acariciar. Se levanta y cierra la ventana de la cocina: la cortina se mueve suavemente. Fuera, no hay ninguna luz. Otra vez se ha fundido la bombilla de la entrada, qué lata. Solo de vez en cuando se ven los faros de un coche por la carretera comarcal.

"Me habéis dado mucho, pero yo os he dado más. Si la amistad se puede considerar como un dar y recibir, creedme si os digo que habéis salido ganando con creces hasta ahora. Pero no es eso de lo que os quiero hablar ahora. Evito lo inevitable porque sé que a partir de ahora ya nada será igual. Eso lo sé. Lo he sabido en cuanto he abierto el ordenador y he puesto la primera palabra. Suena algo teatral, pero la suerte está echada".

   Se levanta de nuevo, ahora sin ningún motivo. Sólo la angustia de lo que está apunto de escribir. En la repisa de la sala están las fotos del grupo que le gustan especialmente. Mira sus caras felices. No siempre sale él en ellas; la mayoría de las veces se ofrece a sacarlas pero nadie le dice: "Ponte con nosotros, que la saque otro ahora". La casa vieja gime con voz quejumbrosa. La madera cruje sin motivo aquí y allá como si los espíritus
 la recorrieran al llegar la medianoche. Pone la tetera en el fuego, necesita tomar algo, empieza a tener frío.

"¿Recordáis el día en que desapareció Sam? Yo estuve con él toda la tarde, todos los sabéis, lo declaré en su momento, pero nadie creyó que fuera culpable de algo. Pero he de deciros lo que realmente ocurrió. Sam ese día estaba inquieto. En un momento dado, se puso especialmente nervioso y comenzó a decir cosas raras. No creo que se diera cuenta de que yo estaba presente, simplemente hablaba en alto. Y yo escuchaba. Fue entonces cuando llamaron a la puerta. Vi su cara ponerse de un blanco enfermiz................................................................................................................................................................................................


 No sintió el golpe en la nuca. La cabeza cayó hacia el teclado, los ojos abiertos sin ver. En la casa sólo se escuchaba el pitido de la tetera.

Publicado la semana 18. 06/05/2018
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