Semana
14
Sócrates

LA INSPIRACIÓN

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Relato
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Hacía veinticuatro horas había puesto en La Gaceta un anuncio anónimo. “Poeta en apuros busca inspiración”. Y encima cometió la torpeza de dejar su dirección de correo. Ahora le parecía algo infantil. ¿Un poeta pidiendo ayuda? ¿Y a quién? Miraba a su mujer que seguía hablando de dinero. Se sentía culpable y esperaba que ella no se diera cuenta de su desinterés por temas tan cotidianos. La miraba con curiosidad, como si fuera la primera vez que la veía. Su pelo comenzaba a mostrar hebras claras que la hacían más interesante (al menos para él: ella se teñía habitualmente) Los ojos, grandes y brillantes, parecían preocupados. Él quería decirle: No te preocupes, mi amor, te entiendo, lo resolveremos. No me repitas lo que ya sé. No añadas más preocupaciones a las que ya tengo. Confía en mí... Pero sólo le dijo: Ahora no, por favor, Irene.

Las estrellas y la hipoteca. Zapatos nuevos y la noche. Facturas y el mar embravecido. La poesía y la vida, mano a mano.

Las sombras se instalan en la cocina y el susurro de las hojas del patio quiebra el silencio. Mi castillo se agrieta, piensa. Sufro la indiferencia de la noche que antes era mi aliada.

Se levantó con gesto cansado de la silla. Primera parada: la habitación de Keina. La niña dormía con la tranquilidad de los que no temen. Despreocupada y feliz, desordenada e intensa, tenía en sus manos la muñeca de trapo que le había regalado hacía ya dos años. Recogió del suelo el libro que tanto le gustaba a la niña y que leía todas las noches. Le retiró de la cara un mechón rebelde y cubrió sus brazos. La noche era algo fresca. Le dio un beso suave: olía a bebé limpio y a inocencia.

Con pasos cansados fue de nuevo al estudio. No quería hacerlo, pero se vio mirando –otra vez- los anuncios de la Gaceta. De locos pensar que alguien le pudiera contestar. Mejor quitarlo y buscar la inspiración en otra parte. En el escritorio se abrió una pequeña ventana. “Tienes un mensaje”. Contuvo el aliento.  Y leyó el mensaje de Náyade: 

“Hola, poeta sin inspiración. No temas si no sabes qué escribir. Siéntate. Abre tu ordenador o tu cuaderno. Respira hondo. Que no te inquieten ni despisten los ruidos de la noche.  

Qué ves.

             Qué esperas.

                               Qué sientes.

                                                 Respira..."   

Y escribió.                                                 

...Por un rato de cobijo en el ojo de huracán, callado, trémulo. Inquieta la noche que me acompaña donde quiera que voy; a veces, mi amor, siento que veo el mundo a través de un cristal roto. El mundo. Tan lleno de minutos destemplados, tan carente de memoria, de recuerdo. Tan inane la sangre que vierte el resplandor rojizo del viento. Tan inútil el sueño remoto o confuso el camino. Esta hora, tan silenciosamente azul …

Sonrió.

Publicado la semana 14. 08/04/2018
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La Misión- Ennio Morriconne
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