Semana
11
Sócrates

MARTES Y TRECE

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Relato
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Que no, que no soy yo el raro, no me jorobéis con eso. He llegado a la conclusión de que el universo está en contra mía. Así, como lo oís.

Os repito que no creo en esas zarandajas de la mala suerte. Uno viene al mundo como viene, desnudo e indefenso y, o te haces fuerte o te va a ir muy mal. Nunca habréis oído de mi boca frases como “Qué mala suerte tengo” o “Cuidado que hoy es martes y trece”. Nunca, pero he llegado a una situación que se ha vuelto insostenible. No, no me miréis como si estuviera loco. ¿Que no me creéis? Pues ahí os van algunos ejemplos:

-Lunes, a las 3:16 p.m. Iba yo tan tranquilo por la calle, contando las baldosas de distinto color que había en la acera, como seguramente haréis todos. A 5 metros y medio veo en el suelo algo que parecía un trozo de madera. Peláez, llevo gafas, no te rías. Por mirarlo casi pierdo la cuenta de las baldosas vistas hasta entonces, que ya eran 32. La rama en cuestión estaba justo en la línea de mis pasos. Cuando ya estaba en mi campo visual, me di cuenta -tarde- que la rama no era tal, sino una cagada de perro. No podía esquivarla, porque eso hubiera hecho que perdiera el ritmo de mis pisadas. Conclusión: mis zapatos de los lunes echados a perder.

-Miércoles: Salí de la oficina a las 7:16 p.m. y pasé por la tienda para comprar un bollo de pan y media docena de huevos. Quiso la mala suerte que hubieran vendido el último bollo antes de llegar yo. Me ofrecieron otro similar, pero era noche de huevos fritos para la cena y sólo puedo comer ese pan. Salí de la tienda algo contrariado porque los huevos sin pan no me gustan cuando de pronto sentí un maullido muy agudo. Le había pisado la cola a un gato negro que ronda por la zona. Del susto, dejé caer la bolsa donde llevaba la compra. Resultado: me quedé sin pan, sin huevos y sin cena. Sí, claro que tenía más cosas en el frigorífico, Peláez, pero como ya he dicho, era la noche de huevos fritos.

¿Todavía os hacen falta más ejemplos? Pues aún os voy a decir uno más:

-Sábado a la 1:22 p.m. Caminaba yo por la calle tan tranquilo, siguiendo el dibujo en línea recta del diseño de la acera. Iba caminando pegado a los edificios, porque la gente es bastante desconsiderada y camina por ahí sin ton ni son. De pronto veo una escalera apoyada en la pared. La línea recta pasaba justo por debajo. Claro, imposible desviarme, y además pensé que era una tontería hacerlo. Soy un hombre sin manías. Así que pasé confiadamente por debajo de la escalera, con tan mala fortuna que calculé mal la distancia y mi mochila se quedó enganchada. La escalera se movió y un bote grande de pintura que estaba arriba se cayó sobre mí…

Decidme si es verdad o no que el universo está en mi contra o, si como dice mi madre, tengo ideas de bombero... Sí, Peláez, todavía no he conseguido quitarme la pintura verde del pelo…

Publicado la semana 11. 17/03/2018
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Chubby Checker - Let´s twist again
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