Semana
10
Sócrates

TIEMPOS EN LA MEMORIA

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Relato
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“Estos días azules, ese sol de infancia…”

Esta frase está escrita en la primera página del álbum. No sabe por qué la escribió su madre. Las palabras danzan ante ella y se mofan de su impotencia y su dolor. Se le escapan. Recuerdos huidizos llenan su cabeza de sombras.

Le vienen a la memoria los veranos en tierras castellanas que le contaba su madre. Hablaba con nostalgia de aquellos interminables días azules. Las siestas -¿eran también azules? No lo sabe- la penumbra de los dormitorios y el murmullo lejano del agua de la acequia y el polvo y la luz que danzaban entre los huecos de la persiana bajada y el rumor monótono de una cortadora de césped y algún graznido desganado de las aves al pasar. Ella decía que no había vuelto a sentir ese sol; nunca, al menos, con la intensidad de entonces. Por eso, quizá, se le hacía insufrible la humedad de esta tierra que ahora le amparaba, las mañanas de niebla, las piedras de la calle siempre mojadas y, en una palabra, la ausencia de sol.

A veces, cuando su madre estaba enferma, ella se acostaba a su lado y entonces le escuchaba conversar sobre aquellos tiempos, que no se le iban de la memoria. Había sido feliz entonces y lo era ahora, de eso no tenía duda. Pero era un color nunca olvidado el que llenaba su cabeza de silencios y pesares. Hablaba de los árboles frondosos (quizá robles, no lo sabía) que crecían altos a la orilla de la acequia, del dolor que sintió una tarde cuando oyó las sierras en la tranquilidad de aquellas horas lánguidas. Ella, con un agudo dolor en el pecho, ellos sin piedad. Cuando se atrevió a ir de nuevo a la acequia, la sintió apesadumbrada, casi desnuda. Aquellos hermosos árboles, qué pena.

El misterio de aquella añoranza se fue con ella. No había sido una persona dada a la melancolía.

Sólo a veces, en algunos de esos paseos que daban al atardecer por el parque la veía con los ojos cerrados, sintiendo el aire tibio, sólo tibio, y escuchando algún sonido querido y añorado: el murmullo de otros árboles; el roce de otras hojas, el toque mágico de un cielo límpido, sin nubes. 

Cerró el álbum. Sabía que no lo iba a abrir más.

Definía, con sus anotaciones misteriosas, sus fotos luminosas, con todo lo que decía y lo que ocultaba, parte de la idiosincrasia de su madre.

Publicado la semana 10. 10/03/2018
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Celtic Music: Woodland Tales, Adrian von Ziegler
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