Semana
08
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Perdiendo los papeles

Género
Relato
Ranking
2 1472 4

Después de una espera que a Vanessa se le antojó insoportable -pero que aprovechó para comprobar cómo las visitas a su último vídeo no paraban de subir, arrojando una de las mejores tasas de conversiones que fuera capaz de recordar-, por fin les tocó el turno frente a la patética máquina de guiones automáticos.

Tricia fue la primera en poner a prueba su fortuna. Insertó su mano derecha en la abertura con forma de amenazante Bocca della Verità, hasta que el algoritmo de aquella falaz sibila arrojó una copia impresa de la buenaventura supuestamente personalizada para su amiga. Y, como ella esperaba, el resultado no pudo ser más decepcionante. Sin embargo, Tricia parecía encantada con aquella lectura cuya interpretación, siendo al mismo tiempo perfectamente arbitraria y acomodaticia a cualquiera que pasara por allí, deseaba creer desarrollada específicamente para ella, hasta el punto de que le resultaba de lo más adecuada a sus circunstancias...

“Tienes la necesidad de que otras personas te aprecien y admiren, y sin embargo, en demasiadas ocasiones eres excesivamente crítica contigo misma. ¿A qué estás esperando para compartir con todas tus hermanas ese vídeo que llevas tanto tiempo deseando elaborar, y en el que demuestras a todas que eres capaz de reírte de tus pequeñas miserias? Deja de procrastinar y ponte a ello. Sabes de sobra que, aunque tu personalidad adolece de algunas debilidades, generalmente eres capaz de compensarlas. Gozas de un enorme potencial sin explotar que no has aprovechado. No esperes a mañana para ponerte en contacto con CelebrityHunters: hay una asesora de reputación social deseando estudiar personalmente tus fortalezas y ayudarte a sacarle todo el partido. Porque, aunque eres disciplinada y con gran capacidad de autocontrol hacia el exterior, tiendes a ser aprensiva e insegura por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. ¿No preferirías una saludable dosis de excitantes cambios, un poco más de variedad en tu vida…? ¿No te sientes defraudada cuando te ves rodeada de tantas restricciones y limitaciones autoimpuestas…? En el Olimpo de las Diosas podrás contratar los servicios de una guionista por mucho menos de lo que crees y, con un poco de suerte y esfuerzo por tu parte, iniciar tu senda al pedestal que tanto te mereces. Te sientes orgullosa de ser una pensadora independiente y de no aceptar las afirmaciones de las demás sin pruebas suficientes; pero no hay nada de malo en dejar que una experta te oriente. Despide el primer día del resto de tu nueva vida relajándote mientras te tomas una reparadora infusión contemplando las luces de la ciudad desde la terraza de tu tetería favorita. 50% de descuento presentando este vaticinio en cualquiera de los salones TrooTea”.

Aunque le temblaban las manos de emoción, Tricia fue capaz de leérsela a su amiga. Y a medida que desgranaba el texto, su voz fue adquiriendo notas cada vez más agudas. Cuando por fin concluyó, estaba absolutamente exultante. Vanessa, sin embargo, no era capaz de ocultar su estupor. Pero, por respeto y sincero cariño hacia su compañera, no dijo nada y se limitó a forzar una enigmática sonrisa…

- ¡Venga, vamos… Ahora tú! –fue la orden que recibió Vanessa, que no encontró la presencia de ánimo como para oponerse, y se sorprendió a sí misma viéndose meter la mano en aquella boca ominosa.

En esta ocasión, no bien la hubo introducido, las cuencas vacías de la sibila se inflamaron y una estridente melodía inundó el vestíbulo de la estación. El vaticinio que escupió la máquina expendedora era asombrosamente breve, en comparación con el que le había sido augurado a su amiga. Pero ninguna de las cientos de chicas que, ávidas de envidia, se arracimaban contra ella, Tricia incluida, necesitaban leer su contenido para saber con total certeza que lo que allí rezaba era un premio gordo.

Esta noche Reality Friends cambiará tu vida para siempre.

Vanessa se zafó con furia del acoso de las decenas de cabezas, la de Tricia incluida, que sin el más mínimo atisbo del decoro y de la decencia, trataban de escalar sobre sus hombros para descifrar el contenido del vaticinio. Salió corriendo hacia los andenes impulsada por un desasosiego que hasta a ella misma sorprendía. En uno de sus crispados puños se hallaba aquel aciago trozo de papel, ahora arrugado y, sin detenerse en su carrera a través de los túneles, lo arrojó con repulsa dentro de un contenedor.

Tricia, que encabezaba el nutrido grupo que la seguía a unos cuantos metros de distancia, observó el gesto de su amiga y corrió como una exhalación a recuperar la profecía que yacía en el fondo de la papelera. Y hasta hubo quien no tuvo el menor reparo en tratar de impedírselo e, incluso, de arrebatarle el arrebujado augurio. A empellones logró deshacerse y dejar atrás a la resentida y despechada horda femenina. No se detuvo hasta alcanzar a Vanessa que languidecía apoyada contra la pared del fondo del andén.

- ¡¿Cómo eres tan jodidamente desagradecida?! –le endosó en cuanto penetró en su espacio vital, propinándole un violento empellón y clavándole la mirada desde abajo-. ¡Flipo contigo! Algunas mataríamos por tener una oportunidad así. Pero doña YaLoTengoTodo no… ¡No! Porque doña VoyDeSobradaPorLaVida se puede permitir el lujo de desdeñar un manjar de popularidad delante de las que sufrimos la hambruna del anonimato…

- No tienes ni puta idea. Por eso dices esas cosas –replicó Vanessa en un hilo de voz, visiblemente superada por toda la situación: dolida, muy dolida, pero a la vez comprensiva con las palabras de su amiga. Pero Tricia quiso ver condescendencia donde sólo había empatía; quiso escuchar las despectivas palabras del victimismo en el parlamento de un sufrimiento verdadero.

- ¿Sabes qué…? –enardecida Tricia, degustando ya la inquina; dejándose enajenar por su amargo sabor; dando rienda suelta a toda la envidia a duras penas contenida a lo largo de los años, arrastrando mucho las palabras de las que apenas tendría tiempo posteriormente de arrepentirse, juró-: ¡Me das asco!

- No sabes lo que dices, Tricia –Vanessa no conseguía explicarse de dónde sacaba la templanza para tratar de exponer por última vez sus argumentos-. Tú no conoces a esas tías. Son mala gente. Muy mala gente…

- ¡Pues tú bien que te codeas con ellas! –chilló Tricia ya completamente fuera de sí-. Malas para las demás, querrás decir. Porque a ti te va de puta madre cada vez que sales lamiéndoles el culo…

- Son cosas del guion, Tricia… -claudicó Vanessa, completamente derrengada, no tanto porque fuera consciente de que sus palabras caían en saco roto, sino porque antes de concluir la frase supo con total certeza lo que le replicaría su ¿amiga…?

- ¡¿De qué guion me hablas, falsa de mierda?! –en su demencia Tricia había dejado de ser consciente de que cientos de ojos les observaban en persona, pero que muchos miles más ya lo estaban haciendo desde los más remotos rincones del planeta y que aún millones lo harían en diferido en los días sucesivos-. ¿¡De los que te pasas por la raja cada vez que te viene en gana…!?

- Si tantas ganas tienes de conocerlas –respondió Vanessa con un fortísimo pálpito de que estaba a punto de decir algo de lo que se arrepentiría el resto de su vida, pero que aun así no fue capaz de reprimir a tiempo-, ¿por qué no utilizas el vaticinio para ir tú a hacer el paripé en su canal…?

- … -De pronto, Tricia se quedó muda contemplando el papel arrugado que sobresalía de su puño contraído. Un funesto brillo fulguró en sus pupilas. La última vez que miró a Vanessa a los ojos fue para decirle-: No dudes ni por un momento que lo haré… -Y, tras una tensa pausa añadió-. Lo haré y les contaré a todos quién es en realidad Vanessa Womb.

Publicado la semana 8. 19/02/2018
Etiquetas
Protect Me From What I Want (Placebo) , Girls, Vacaciones en Roma , De noche, En la cama, Con ganas
Compartir Facebook Twitter