Semana
07
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - La Alternativa

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Relato
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- Y aquí estamos, mi amiga Tricia y yo, cobijadas a la sombra de mi árbol favorito, en Conservatory Water, justo delante del famoso laguito de los barcos teledirigidos… -la voz de Vanessa Womb sonaba fresca y risueña. Años de experiencia le habían proporcionado un sexto sentido para escoger los encuadres con más encanto. Con el filtro adecuado, la calidez de los rayos del sol que bañaban su melena de fuego, mecida por la suave brisa de la mañana, resultaban aún más esplendorosos-. En este mismo lugar hicimos un picnic con las chicas para celebrar la llegada de la primavera, ¿os acordáis…? –preguntó Vanessa, posando directamente sobre el objetivo sus ojazos color “aguacharca” (como a ella le gustaba decir cuando trataba de restarle importancia a la rara belleza de sus iris), consciente como era de que las cientos de miles de admiradoras que la seguían a todas partes a través de Omniscope se sabían su vida y milagros de memoria.

Ahora, aquellas dos encantadoras chicas, asidas dulcemente de las manos, giraban y giraban, en una danza hipnótica, a escasos cinco metros de la cámara. Sus lindos rostros levantados hacia el cielo y sus risas chispeantes, tornándose en alegres chillidos cuando, dejándose vencer por la fuerza centrífuga, rodaron graciosamente por el suelo, eran la viva imagen de la amistad.

- ¡Ya se acerca el solsticio de verano, chicas…! –proclamó eufórica Vanessa girando sobre sí misma, aún desde el suelo, la vista buscando constantemente el objetivo- Y…, ¿qué pasa cuando llega el solsticio…? –inquirió con su sonrisa perpetua, esta vez dirigida hacia su amiga, brindándole la alternativa para que se luciese frente a su público…

- Pues que…, ¡lo celebramos! –exclamó una Tricia exultante y llena de agradecimiento.

- ¡Eso es Tricia! –corroboró Vanessa recobrando el protagonismo-. Así que ya lo sabéis, amigas. Igual que sois conscientes de que me encantaría invitaros a todas a mi pequeña fiesta. Solo que entonces ya no sería nada pequeña, ¿verdad? –dijo dedicando un pícaro mohín a la cámara-. Sin embargo, una de vosotras podrá asistir en representación del resto y contárselo en primera persona a todas las demás. Podrías ser tú, o tú, o tú, o tú –incitó apuntando con su dedo índice a distintos puntos del encuadre-. Todas tenéis las mismas posibilidades. Y sabéis que me gusta ponéroslo muy fácil. Lo único que tenéis que hacer es obsequiarme con vuestros bitlikes y compartir este vídeo con cuantas podáis. Aquella que se lo curre más estará dentro de dos semanas aquí mismo, con Tricia, conmigo y con el resto de la tropa de Reality Friends, en mi rinconcito preferido de Central Park, celebrando a tope la noche más corta del año. ¡¿A qué esperáis…? Venga! Y recordad mi lema: Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto… ¡Nos vemos! –se despidió arrojando un sonoro beso al objetivo.

- ¿Sabes...? Eres increíble, Vanessa. ¡Te admiro tanto…! -confesó Tricia mientras caminaban sin prisa en dirección a la estación de Lexington. Y como su amiga arrugara la nariz con un sincero gesto de incomodidad, Tricia sintió la necesidad de hacerse comprender mejor-. Me refiero a que no eres una de esas influencers petardas todo postureo. Has conseguido crear valor y hacerte respetar con tu propio estilo, mostrándote tal cual eres...

- Bueno, tengo que reconocer que casi todo el mérito es de mi guionista -se excusó Vanessa, tratando, esta vez con menos éxito, de ser humilde-. Ella me conoce a la perfección y me escribe unas escenas súper auténticas y originales.

- ¡Venga ya, Vane! -le reprochó Tricia clavándole el codo en las costillas-. Que a mí no me la das... He tenido tantas ocasiones de leer tus guiones como de comprobar que te los saltas e improvisas cada vez que te viene en gana -Vanessa aun recuperándose del codazo, se quedó mirando a los ojos de su amiga muy seria... De pronto, una mueca la delató y ambas estallaron en sonoras carcajadas que provocaron que las viandantes más próximas les dirigieran recelosas miradas de sorpresa-. En serio hermana, si yo fuese tu guionista, hace tiempo que habría presentado mi renuncia. O incluso peor -dijo fingiendo esta vez ella la célebre y amarga mueca de desagrado que caracterizaba el rostro de la lideresa de las Madres Malthusianas, desde cuyos omnipresentes carteles y banderolas, con su altiva y despreciable mirada de suficiencia y constante reprimenda, parecía atribuirse la reserva moral de La Sororidad al completo-. ¡Sois todas unas "mujegzuelas sin guemedio"! -exclamó Tricia, alzando un dedo amonestador e interpretando una más que aceptable imitación de la característica forma de hablar de la Priora Löffler, y provocando que esta vez fuera Vanessa quien se retorciera de risa en mitad de la acera de la Quinta Avenida.

Cogidas por el brazo, llegaron hasta Lexington avanzando a grandes zancadas, como cuando, de pequeña, a Tricia le tocara hacerlo en la representación de aquel antiguo musical en el que una niña ataviada con chapines rojos tenía​ que ​caminar​ en compañía de un león, un espantapájaros y una oxidada muñeca metálica hasta la ciudad de Oz, para descubrir que la célebre y todopoderosa maga que allí residía era en realidad un embustero truhan; un insignificante hombre: el último quizás de su género, escondido tras las bambalinas como un cobarde titiritero.

E​l vestíbulo de la estación estaba abarrotado de chicas jóvenes que, en lugar de apretujarse en dirección a los accesos a los andenes, se arremolinaban en torno a una de aquellas máquinas expendedoras de la Lotería del Karma. Vanessa entornó los ojos, sintiendo verdadera lástima por esas infelices que, a cambio de unos cuantos bitlikes hacían cola para obtener un triste y manido guion que les pautase unas cuantas alternativas ​con las que rellenar su poca imaginativa cotidianidad.

La mirada de Tricia, por el contrario, relampagueaba ante la expectativa de que el azar le sonriese con la oportunidad de brillar en alguna escena que despertase la envidia de sus congéneres y le granjeara su tan ansiado salto a la celebridad. Y, deteniendo en seco el determinado avance de su amiga hacia los túneles con un violento tirón del brazo, trató de convencerla para que probaran suerte.

- ¡Venga, porfa, hazlo por mí! -le conminó con ojos suplicantes, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a la máquina.

- Paso, tía -se negó la otra, deshaciéndose de la mano que apresaba su brazo de un tirón-. Sabes de sobra que no creo en esas mierdas...

- Ya, Vane, pero no todas tenemos la fortuna de contar con miles de seguidoras que beban los vientos por nosotras -le espetó dolida por la poca empatía que mostraba su amiga-. ¿Qué más te dan unos pocos bitlikes? No es a mí precisamente a la que le sobran... -y aunque Vanessa trataba de zafarse del contacto visual, dirigiendo su mirada hacia cualquier otro sitio, el chantaje emocional parecía surtir el efecto deseado-. ¡Venga, porfi...! ¿Sí?

- ¡Está bien! ¡Está bien...! -claudicó-. Pero solo por esta vez...

Publicado la semana 7. 12/02/2018
Etiquetas
Polynation - Damp , Girls , De noche, En la cama, Con ganas
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