Semana
42
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Desnortados

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- ¡Muy buenas noches queridas amigas y amigos! Bienvenidos todos a una nueva edición de Buscando el Norte, su programa de debate político filosófico, en el que, si bien no pretendemos dar respuestas a los inquietantes desafíos que nos plantea nuestra sociedad actual, sí que aspiramos a bosquejar las preguntas oportunas que, quizás, logren indicarnos en qué dirección avanzar entre las sombras. Y, aunque no podamos decirles cuán largo es el camino, ni siquiera si este caminar llegará a buen término, ustedes nos obsequian semana tras semana, no sólo con su encomiable fidelidad y buen ánimo; también con sus generosos donativos, sin los cuales este espacio no habría sido posible, desde que los estudios de televisión en los que tenía lugar fueron destruidos en un brutal atentado terrorista, durante el pasado mes de abril. Por ello, en mi propio nombre y en el de todos aquellos que llevamos a cabo este programa, les quiero transmitir nuestra infinita gratitud.

>> Esta noche nos honran con su presencia dos colosos de la controversia, cuyas manifestaciones públicas raramente pasan desapercibidas. El número de sus seguidores es únicamente superado por el de sus detractoras. De modo que, el debate de hoy se plantea apasionante. A mi izquierda tengo el enorme placer de presentarles a Narcisse De Bonnard, eminente filósofo y catedrático de la Universidad de La Sorbona, autor de numerosos ensayos, en el último de los cuales postula que la sociedad ha adoptado integralmente, sin óbices ni el menor atisbo de contrapeso, los valores femeninos. ¿No es así, profesor…?

- Así es, mi querido Pablo. Pero no es que lo diga yo... De esta radical feminización de la sociedad ya disponíamos de testimonios y pruebas de sobra, aún antes de que las mujeres decidiesen declarar la guerra abiertamente a los hombres: la primacía de la economía sobre la política, del consumo sobre la producción, de la discusión sobre la decisión, la declinación de la autoridad en provecho del “diálogo”; por no hablar de la obsesiva protección de la infancia, la exhibición en la plaza pública de la vida privada, o las confesiones íntimas en los reality-shows de internet, entre otros. ¿De qué otra forma podríamos entender la moda del “humanitarismo” y de la caridad mediática, o que se haya puesto constantemente el acento sobre los problemas de la sexualidad, de la procreación, o de la salud…? La obsesión por las apariencias, por querer agradar, o por el cuidado de una misma, van de la mano de la asimilación de la seducción masculina a la manipulación y la “molestia”, o de la difusión de las formas redondas en la industria, la sacralización del matrimonio por amor…

- Muchas gracias, Narcisse. Ahondaremos más adelante en todas estas interesantes cuestiones. Mientras que el profesor De Bonnard pertenece a un influyente think tank de la denominada Nueva Derecha Francesa, nuestro segundo invitado de la noche es probablemente el intelectual más odiado por la izquierda feminista. Pero es mucho más que eso. Este psicólogo clínico nacido en Canadá se ha convertido en una figura de culto entre los nostálgicos de la masculinidad de antaño. Como al propio Dr. Peter B. Jasonson le gusta destacar, el grueso de su obra se enmarca en un llamamiento a la responsabilidad frente a la cultura del victimismo. Dr. Jasonson, muchísimas gracias por acompañarnos esta noche en Buscando el Norte, ¿es cierto que hay una crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo…?

- La "tóxica masculinidad", como la denominan las feministas, estimado Pablo. Nuestros chicos reciben de la sociedad moderna un mensaje devastador y paralizante. Primero, se les recrimina su agresividad, cuando es innata y esencial a su deseo de competir, de ganar, de ser activamente virtuosos. Luego se les dice que la sociedad es una tiranía falocéntrica corrupta de la que ellos, por supuesto, son culpables de origen por el mero hecho de ser hombres. Y finalmente se les advierte: «No se os ocurra intentar prosperar o avanzar, porque entonces, además de culpables, seréis cómplices activos de la tiranía feminicida». El resultado es que muchos varones, sobre todo jóvenes, tienen la moral por los suelos. Están empantanados, perdidos. No tienen rumbo ni objetivos.

>> La izquierda posmoderna y sus guerreras feministas han logrado imponer la idea de que el rol de la mujer en la sociedad es una construcción social del malvado y corrupto patriarcado occidental. Sepultan la biología bajo su ideología. Niegan la naturaleza para culpar al varón. Es absurdo. Sus ideas no tienen base fáctica alguna. La Biología evolutiva y la Neurociencia demuestran que los machos tratan de controlar el territorio y las hembras de seducir a los machos más fuertes y exitosos. Es una estrategia inteligente, que utilizan las hembras de distintas especies, incluida la humana. Estrategias que son increíblemente antiguas. Más que los árboles.

- Entonces, según usted, ¿el feminismo reniega de la biología?

- Así es…

- Sospecho que tiene alguna teoría al respecto…

- Por política, mi querido Pablo... En el fondo, la obsesión de las feministas por hacerse con el poder y las relaciones de dominio refleja precisamente sus ansias de poder y su afán de dominio. Niegan la biología porque esta rama de la ciencia desmiente su idea de que las personas son de plastilina. Las mujeres se tratan entre ellas como si lo fueran. Quisieran que todos fuéramos de plastilina para poder moldearnos. Pero la existencia de la naturaleza imposibilita la ingeniería social… Aplicar hasta sus últimas consecuencias el Manifiesto que propugna la secta feminista radical W.H.O.R.E.S., sin ir más lejos, supondría ir en contra de la naturaleza. Y nada que vaya contra natura puede prosperar.

- No obstante, permíteme que haga un inciso –intervino Narcisse De Bonnard, poco dispuesto a ser un convidado de piedra en aquella discusión-. Pero si hay un rasgo que caracteriza a estos grupos sectarios del terrorismo femenino no es precisamente su feminidad… Aunque ellas quizás no sean del todo conscientes, con sus atentados contra acuartelamientos militares, sus asesinatos selectivos de políticos influyentes o líderes religiosos, los secuestros de estrellas del Hado, las desapariciones de diseñadores de moda y otros iconos sociales, no hacen más que apelar al ethos guerrero que durante tantos años ha denostado la izquierda feminista. En su pretensión de destruir los rasgos masculinos de las sociedades, estas mujeres soldado no tienen el menor reparo en hacer suyo el acto heroico, haciendo mayor honor que muchos hombres a ese macho que, en la literatura clásica se mostraba impertérrito ante la muerte y que la busca como un acto glorioso. De modo que, mientras que, por una parte el colectivo W.H.O.R.E.S., entre otros, busca dejar morir este rasgo tan masculino de épocas pretéritas, para evitar que haya una masculinidad de base sólida en la sociedad, por la otra no tienen empacho en inmolarse en atentados suicidas contra embajadas, consulados y cámaras de comercio en todo el mundo. No me cabe duda de que si Homero levantara la cabeza intercedería a la diosa para que cantase la funesta cólera de estas pelidas, causa de infinitos males a los hombres cuyas almas ha precipitado al Hades.

- En el mundo actual hemos perdido la capacidad de llamar a las cosas por su nombre –reflexionó en voz alta el doctor Jasonson-. Hoy todo es polémico si lo que pretendemos es describir la realidad como lo que es. El simple hecho de aspirar a instaurar con bases sólidas una sociedad vertebrada, estructurada sobre cimientos firmes, de repente escandaliza y es motivo de críticas. Viene a colación evocar que en el Génesis, en la tradición bíblica, Dios toma a Adán y le hace recorrer el paraíso terrenal. Y la primera tarea que le asigna es ir nombrando a todas las criaturas y las plantas. Es decir, referirse a las cosas por su nombre, que es una facultad muy humana. Facultad de la que justamente elegimos privarnos hoy, por lo que nuestras sociedades adolecen de una suerte de deshumanización, transformándose en psicóticas.

- No quisiera desviarte del tema, estimado Peter, porque sé que tienes una capacidad de análisis y reflexión, como siempre muy ordenada –terció De Bonnard evidentemente molesto porque Jasonson le hubiese “pisado” el argumento que precisamente él deseaba emplear-. Pero, fíjate que, no en vano, estamos en la época de las de las terminologías ambiguas, de los neologismos, de los equívocos y los eufemismos. Es decir, en la Era de todo aquello que se opone, o que es distinto de llamar a las cosas por su nombre. –Y, pagando al canadiense con su misma moneda, continuó su argumentación inmiscuyéndose en su especialidad-. Cada sociedad tiende a manifestar dinámicas psicológicas que se pueden observar, también, a nivel personal. A fines del siglo XIX se advertía con frecuencia la histeria. A comienzos del siglo XX, la paranoia. En los países occidentales, la patología más corriente hoy parece ser un narcisismo de civilización, que se expresa en particular en la infantilización de los ciudadanos, en una existencia inmadura, en una ansiedad que lleva a menudo a la depresión. Cada individuo toma como objetivo y como finalidad de todo la búsqueda de sí mismo. Su relación con el tiempo se limita a lo inmediato. El narcisismo produce una obsesión de auto generación, en un mundo sin recuerdos ni promesas, en el cual pasado y futuro se encuentran igualmente replegados sobre un eterno presente, donde cada uno se asume a sí mismo como objeto del propio deseo, pretendiendo escapar a las consecuencias de sus actos.

- Sin embargo, doctor Jasonson –intercedió con tacto el moderador para otorgar al canadiense el turno de palabra-, no me negará que, después de la rígida cultura de los años treinta del siglo pasado, la feminización de la sociedad, si bien puede pecar de narcisista, como muy oportunamente ha apuntado el profesor De Bonnard, ha contribuido de forma muy positiva a la consecución de algunos de los mayores logros de la humanidad…

- No todo ha sido negativo en esta feminización –admitió con reticencia Peter B. Jasonson, que no quería dar del todo su brazo a torcer-, cierto es… Pero se precipitó excesivamente en el sentido inverso. Más allá de ser sinónimo de desvirilización, desembocó en la cancelación simbólica del papel del Padre, confundiendo los roles sociales masculino y femenino. La generalización de la condición salarial y la evolución de la sociedad industrial han provocado que hoy los hombres no cuenten con tiempo para dedicar a sus hijos. El Padre, progresivamente, ha sido reducido a un mero rol económico y administrativo. Trasformado en “papa”, tiende a convertirse en un simple sostén afectivo y sentimental, proveedor de bienes de consumo y ejecutor de la voluntad materna, y al mismo tiempo un asistente social familiar, un pinche de cocina, destinado a cambiar pañales y promover paseos.

- Sin embargo el Padre simboliza la Ley –objetó Narcisse De Bonnard, aprovechando una pausa en el discurso de su contertulio-, referente objetivo que se alza por encima de la subjetividad familiar. Mientras la madre expresa, antes que nada, el mundo de los afectos y de las necesidades, el padre tiene la función de cortar el vínculo de unión entre el niño y la madre. Haciendo funcionar la tercera instancia que impulsa al niño a salir de la omnipotencia narcisista, consintiéndole el encuentro con su contexto socio-histórico y lo ayuda a colocarse dentro de un mundo en cambio. Asegura “la transmisión del origen, del nombre, de la identidad, de la herencia cultural, de la tarea a desarrollar”, como escribió Philippe Forget. La figura paterna hace de puente entre la esfera familiar privada y la pública, limitando el deseo por intermedio de la Ley; se  revela indispensable en la construcción de la identidad. En nuestro tiempo, como diría Eric Zemmour, los padres tienden a convertirse en “madres como las otras”: también ellos quieren ser portadores del amor y no más solamente de la Ley.

- Como subraya el profesor De Bonnard –atajó Jasonson dispuesto a apuntarse el tanto-, el niño sin padre debe realizar un enorme esfuerzo para acceder al mundo simbólico. En la búsqueda de un bienestar inmediato sin obligarlo a afrontar la Ley, la dependencia de los bienes deviene naturalmente su modo de ser. Otra característica de la modernidad tardía es la confusión entre las funciones masculinas y femeninas, que hace de los progenitores sujetos perdidos en la confusión de los roles, incapaces de distinguir en la niebla los puntos de referencia. Los sexos son complementarios-antagónicos, lo cual quiere decir que se atraen y simultáneamente se combaten. La indiferencia sexual, buscada en la esperanza de pacificar las relaciones entre los sexos termina haciendo desaparecer aquellas relaciones. Esta sociedad dominada por el matriarcado mercantil se indigna hoy del “machismo” de la periferia metropolitana y se sorprende al verse despreciada. Todo esto no es más que la forma exterior de un hecho social, detrás del cual se disimula la desigualdad salarial y las mujeres maltratadas. La dureza, borrada del discurso público, retorna con más fuerza; la violencia social se desencadena camuflada bajo el horizonte del Imperio Del Bien.

- A la luz de los recientes y funestos acontecimientos (y que conste que no sólo me estoy refieriendo a las ejecuciones públicas de miles de militantes del movimiento W.H.O.R.E.S.) –intercedió el mediador, buen conocedor de su oficio-, profesor De Bonnard, ¿cree usted que nos encaminamos ineludiblemente hacia una sociedad más violenta…?

- Personalmente me inclino a pensar que la feminización de las “elites” y el rol adquirido por las mujeres, tanto a nivel laboral como político, no lo han convertido en más afectuoso, tolerante, o pendiente del prójimo; sólo en un mundo más hipócrita. La hipocresía, el simulacro, el artificio..., siempre han sido terrenos en los que las mujeres han partido con ventaja. Como el propio doctor Jasonson podrá corroborar, la psicología evolutiva se ha encargado de demostrar que, en lo tocante al omnímodo cinismo y a la manipulación, presente en todos los ámbitos de nuestra vidas, los hombres somos meros aficionados al lado de las hembras. Y, como no podría haber sido de otra manera, hemos terminado por entrar en su juego, con las consecuencias tan aciagas a las que anteriormete hacías alusión... Los comportamientos de las sociedades modernas, desprovistas definitivamente de la regulación patriarcal, parecieran obedecer únicamente a las leyes del mercado, cuyo objetivo es acumular lucrativos retornos ad infinitum sobre las inversiones efectuadas. El capitalismo no entiende de sexos; únicamente de competencia extrema, porque se nutre de ella. Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos. Tanto los unos como las otras arrojamos sin reparos nuestra alma en la caldera de esta locomotora enloquecida, a la que nuestra vanidad sirve de combustible. No nos damos cuenta de que, si continuamos por este camino, acabaremos exterminándonos los unos a las otras.

- O las otras a los unos…, como no se arredran en promulgar colectivos como W.H.O.R.E.S….

- Las feministas radicales se equivocan ¡radicalmente! –zanjó muy exaltado Peter B. Jasonson-. No distinguen entre un hombre competente y un déspota. Su pánico cerval a cualquier exhibición de habilidad masculina es revelador de una pésima experiencia personal. Dicen: "¡Arranquemos a los hombres sus garras y sus colmillos! ¡Socialicémoslos! ¡Hagámoslos blandos, flácidos y femeninos, porque así no podrán hacernos más daño!". Es una manera patológica de contemplar el mundo y las relaciones humanas. Y es también un grave error estratégico. Porque cuando anulas a un hombre, aumentas su amargura y su resentimiento. Lo conviertes en un ser inepto, atormentado, carente de sentido. Y las vidas sin sentido son desdichadas. Y el hombre anulado se enfada. Y entonces sí se vuelve agresivo. Como muy perspicazmente observó Nietzsche, hace 150 años, el despotismo de los débiles es mucho más peligroso que el despotismo de los fuertes.

- No me diga, doctor Jasonson que, acogiéndose a Nietzsche, está tratando de justificar el Holocausto de Wellington, el atentado machista que acabó con la vida de más de 100.000 mujeres, durante las manifestaciones del pasado 8 de marzo en Nueva Zelanda… -tanteó el moderador.

- Y a usted –replicó desafiante el doctor Jasonson-, ¿qué le hace estar tan seguro de que detrás de esa matanza no se encuentra la despiadada mano de otra mujer sedienta de poder…?

Publicado la semana 42. 15/10/2018
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