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Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Madre modelo

Sobre la elegante mesita de caoba con tablero de mármol que tenía frente a ella, se había dispuesto un precioso juego de té tan exquisito como inútil. Sus finas tazas de porcelana no estaban llamadas a albergar ni una sola gota del té que tampoco contenía aquella pomposa tetera. Tan vacía, aparente y superflua como todo el mobiliario que la rodeaba y componía aquella escena que simulaba el refinado salón de una casa que no existía. Ni en aquel escenario, ni en ningún otro lugar de La Sororidad.

Hundida en aquel mullido sofá tapizado de primorosas telas floreadas, bajo el peso de la criatura que llevaba en su vientre, apenas era capaz de moverse para encontrar una postura más confortable. Los potentes focos del plató la cegaban, impidiéndole ver más allá de la suntuosa alfombra sobre la que se alzaba la mesita de té. Bajo la cofia, sentía la nuca no menos empapada en sudor que sus ingles y axilas. Era tal la angustia que le provocaba vestir aquellos hábitos, que tenía la sofocante sensación de que la oscura y gruesa tela de lana absorbía en su totalidad el intenso calor procedente del chorro de luz que la iluminaba desde todos los ángulos del set de rodaje.

- Perdóneme…, pero como usted comprenderá, yo no puedo salir diciendo una cosa así –arguyó Vanessa Womb, tan pronto como hubo terminado de estudiar el guion, poniendo en riesgo la estabilidad e integridad del juego de té al arrojar con desdén los papeles sobre la mesa-. Para bien o para mal, soy un ejemplo a seguir para millones de hermanas en toda La Sororidad, y mis manifestaciones públicas podrían llegar a influenciarlas de un modo determinante en lo que concierne a la cuestión de la maternidad a la carta.

- Acaba de guesumir pegfectísimamente el vegdadego motivo pog el cual está ha sido usted seleccionada para godag el spot pogomocional del poggama de Inmaculadas Concepciones, hegmana Womb. ¡Ni yo misma podeguía habeglo hecho mejog! –rebatió la Hermana Löffler clavando a golpe de bastón sobre los azulejos del suelo del set de rodaje cada una de sus palabras.

- ¿De veras cree que puede sostener esta pantomima indefinidamente...? ¿Cuánto tiempo estima que pasará hasta que La Sororidad entera se percate de que no es la Diosa la que hace concebir inmaculadamente a estas pobres incautas, sino usted y sus Madres Malthusianas las que inseminan artificialmente a las jóvenes inocentes que consigue reclutar para su enfermizo plan de perpetuación...? Yo ya estaba en este mundo antes de la instauración de La Sororidad. A mí no puede engañarme... Si piensa que me voy a prestar gustosa para promocionar esta estafa está usted muy equivocada, Hermana Löffler.

- Debe seg que, como hace ya cinco meses que viene disfugutando de la pogovegbial hospitalidad de nuestra ogden, se le ha debido olvidag la gazón pog la que continúa gozando de sus envidiables pegogativas, en lugag de vivig como la vulgag descastada que estaba destinada a seg. Así pues, pegmítame usted guecogdarle que, o se aviene a cumplig los tégminos del acuegdo al que se compogometió al unigse a las Madegues Malthusianas, o si no…

- O si no, ¿qué…? –preguntó Vanessa, interrumpiendo insolentemente el discurso de la priora, consciente como era de que la carga que llevaba en su vientre era demasiado preciosa, como para que la Hermana Löffler se pudiera permitir el lujo de prescindir de ella-. ¿Me va a amenazar con interrumpir abruptamente mi avanzado estado de gestación?

- ¡No queguida, eso nunca! –replicó Löffler fingiendo desmesuradamente una angustia que estaba muy lejos de sentir-. Pego puede que nos veamos obligadas a extraeg con métodos nada sutiles el fuguto de su vientegue. Es usted la que detegminagá, en función de su nivel de colabogación, si, una vez cascado el huevo, nos tomaguemos la molestia de guecomponeg el cascagón o, si pog el contagaguio, lo desechaguemos como la vulgag envoltuga peguescindible que es –y, dándole la espalda para regresar a las butacas que quedaban más allá de la línea de visión que los focos le permitían otear a Vanessa, ésta aún le escuchó decir:- Le gagantizo que si guealiza satisfactoguiamente su cometido, no sólo se ganagá el deguecho de que le apliquemos diligentemente anestesia durante el pagto. También le doy mi palabaga de que nos esmegaguemos en pogocugag que no se desanguegue dugante el mismo. Ni se imagina la cantidad de mujegues que aún hoy fallecen dando a luz… -Si había algo que se le diese bien a Claudia Löffler era encontrar los argumentos propicios para inyectar en sus hermanas la motivación necesaria para que hiciesen exactamente aquello que quería que hicieran. De modo que, aun antes de ordenar a la realizadora de que procediese con el inicio del rodaje del anuncio promocional, le dio a Vanessa el último empujoncito que estaba necesitando para dejar de mostrarse tan reacia a colaborar-. Pog si aun albeggase alguna duda, hermana Womb, ha de sabeg que, decida lo que decida, la quiguiatuga que lleva en su vientegue estagá a buen guecaudo. De modo que quédese taganquila

[Plano general Cámara 3 en transición a plano corto y… ¡Acción!]

- ¿Sabes qué, querida amiga? –el semblante de Vanessa Womb volvía a ser la máxima expresión de la serenidad y epítome de la satisfacción consigo misma- Acércate…, me gustaría confesarte algo. –Aquella singular sonrisa, que la había hecho mundialmente famosa, volvía a lucir en su rostro iluminándolo por completo, de tal manera que, hasta las escasísimas neuronas espejo que aún conservase la hierática Hermana Löffler se sintieron impelidas a reaccionar. Incluso ella misma, que se sabía el guion de memoria, no pudo reprimir la curiosidad por saber qué inquietante confesión estaba a punto de hacerles la que estaba llamada a ser influencer del año… A través del monitor de realización, contempló con satisfacción cómo el encuadre de la cámara se iba aproximando al bello rostro de Vanessa Womb, justo en el momento en que su expresión mudaba hacia un gesto de ligero y sincero pesar, para enmarcar la revelación que estaba a punto de incorporar al programa de Inmaculadas Concepciones las solicitudes que últimamente tanto escaseaban y que comenzaban a poner en serio riesgo de peligro la supervivencia de La Sororidad…

[Cámara 2: quiero plano detalle de sus manos mientras se acaricia la tripa… ¡Eso es! Transición a cámara 2. Atrezzo: quiero lágrima artificial a la de ya. Cámara tres: prepárate para plano detalle del rostro. ¡Sal de la escena, atrezzo! Y… ¡transición a cámara 3! ¡Perfecto!]

>> Puede que te hayas estado preguntando dónde me había metido durante estos cinco meses que llevo sin ponerme en contacto contigo desde la última vez, ¿verdad que sí amiga mía? La respuesta la tienes ante tus ojos… Un buen día decidí dar el paso y solicitar a las Madres Malthusianas que me admitieran en su programa de Inmaculadas Concepciones. Y desde entonces, ¡soy feliz! Por primera vez en mi vida me siento completamente llena y soy tremendamente feliz. Las madres se han encargado de todo y me tratan como una reina: exactamente igual que al resto de las hermanas que formamos temporalmente parte de su congregación, mientras gestamos y aguardamos pacientemente y llenas de ilusión a que llegue el Gran Día… -Vanessa volvía a mostrarse radiante. Y, a pesar de que gozaba de un talento único frente a la cámara, en su fuero interno, tenía que reconocer que una parte de sí misma deseaba sentir, e incluso llegaba a experimentar, que había buenas dosis de verdad en aquello que decía.

[Cámara 1: travelling desde la izquierda aproximándonos sobre la mesita de té… Quiero un contrapicado que ensalce a la futura madre ¡Quiero que todas se vean en ella! Dame una diosa, cámara 1 ¡¿Entendido?! Atentas: transición a cámara 1 ¡Ya!]

- Sí, sí… Ya sé lo que estás pensando… Yo, al igual que tú jamás había soñado con ser madre a la carta. ¡Ni se me había pasado por la cabeza…, jajajaja! –y miles de fans rieron y asintieron al tiempo que Vanessa-. Pero tan pronto como me informé, no lo dudé: ¡esto era lo que había estado buscando sin saberlo durante tantísimo tiempo! Puedes escoger entre un amplísimo abanico de posibilidades que se adaptan a la perfección a tu ritmo y estilo de vida. Desde un mínimo de un año hasta un máximo de cinco: tú eliges el tiempo que deseas ser madre. Sin compromisos y con todos los gastos pagados en un alojamiento de lujo como este. Disfrutarás de un régimen de pensión completa y de los mejores cuidados durante todo el proceso de gestación. Atenciones y mimos por parte de las mejores profesionales de la obstetricia las 24 horas del día. ¡No te quedes sin vivir una de las etapas más emocionantes en la vida de toda mujer! Atrévete a concebir el futuro de La Sororidad, albergando en tu vientre la semilla de una nueva generación.

[Preparado el reel con imágenes de archivo. Mostrémosle al mundo lo felices que son las madres temporales. Vanessa, querida, lo estás haciendo fenomenal. Continúa con tu texto como si le estuvieras hablando a la cámara 2: tu voz en off acompañará a las imágenes de archivo… Entra el reel en 3, 2, 1…]

>> Y, una vez que des a luz a tu niñita, tendrás la oportunidad de convivir con ella las 24 horas, al menos durante su primer añito de vida. Después, tú eliges: full-time hasta que cumpla los cinco años; part-time para continuar con tu vida sin problemas, a través de un programa de desapego paulatino. O, si lo prefieres, puedes hacerle un seguimiento on line 24/7 a tu retoña, sabiendo que la dejas al mejor de los cuidados en manos de las Madres Malthusianas. Nadie mejor que ellas para proporcionar a tu niñita su lugar en La Sororidad. Observa en cualquier momento y desde cualquier lugar cómo evoluciona y se convierte, pasito a pasito, en una miembra de provecho y pleno derecho de nuestra espléndida sociedad.

[Atenta Cámara 3, volvemos en plano corto y transición a plano general. En 3, 2, 1…]

- ¿A qué estás esperando, querida amiga? El reloj biológico no se va a detener. Y, quizás, para cuando te decidas, ya se te haya pasado el arroz. –A medida que la cámara se aproximaba al rostro de Vanessa, esta fue modulando su tono admonitorio, hasta que su voz se transformó en el ponderado y sincero consejo de una buena amiga-. Entre nosotras, cielo… ¿Cuánto crees que te queda de vida útil…? Tú sabes igual que yo cuál es la esperanza media de vida en La Sororidad… No permitas que se te haga demasiado tarde. Haz clic ahora y presenta tu solicitud de admisión en el Programa de Inmaculadas Concepciones. Únete a mí. Atrévete a concebir el futuro.

[Atrás, atrás, atrás, Cámara 3. Fundido a blanco y… ¡Corten! ¡Fantástico trabajo chicas! ¡Enhorabuena a todas!]

Tan pronto como se apagaron los focos y el plató se sumió en una semioscuridad apenas rasgada por las luces de posición de las salidas de emergencia, Vanessa sintió como una gélida y astillosa nausea rodó por sus entrañas. Entre el primer reflujo de bilis y la violenta eyección de vómito que brotó de su boca a continuación, ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. El espasmo tiró tan fuertemente de ella hacia delante, que la hizo caer de rodillas sobre la tupida alfombra.

Sin embargo, en el brevísimo lapso transcurrido desde que su abultado vientre golpeó la mesita situada frente a ella, hasta que el tambaleante juego de té se precipitara rodando sobre el lujoso tapete, el tiempo pareció detenerse o, al menos, ralentizarse de una forma extraordinaria. Tanto fue así, que la propia Vanessa se sorprendió, no sólo de la cantidad de pensamientos que, simultáneamente, se le pasaron por la cabeza, antes de que las finas tazas de té se hicieran añicos al entrechocar las unas contra las otras; sobre todo le impactó la naturaleza de los mismos.

El origen de aquella arcada se hallaba en un remolino de sensaciones que iban desde el esperpento más irracional (derivado de la absurda preocupación por evitar que la aristocrática tetera sufriera un destino semejante al de las arruinadas tacitas que iban a juego, lo que le incitó a abalanzarse sobre la misma para evitar que se cayera al suelo), hasta la mayor de las congojas (propiciada por el desasosiego que le producía arruinar aquella majestuosa alfombra regándola con su vómito, lo que le llevó a tratar de encauzarlo en su totalidad hacia el interior de la tetera que había conseguido rescatar del desastre), pasando por una generosa ración de vergüenza y decepción consigo misma (la misma que le había acompañado durante toda esta nueva etapa de su vida, desde que ingresó en el Programa de Inmaculadas Concepciones, aun a sabiendas de que su verdadera función allí era servirse de su declinante influencia sobre millones de fans, para reclutar nuevas gestantes para mayor gloria de La Sororidad).

Con todo y con eso, seguramente habría sido capaz de mantener la compostura, de no haber sido porque, por encima de todas aquellas emociones, imperaba la del miedo. Pero no se trataba del, hasta cierto punto lógico, miedo por su vida –máxime teniendo en cuenta las amenazas previamente proferidas por la Hermana Löffler-. No…

Se trataba de una angustia más íntima, más irracional, más instintiva... Un pánico de tal intensidad que le permitía localizar con total precisión la ubicación exacta que, en el interior de su propio cuerpo, ocupaba el cordón umbilical que le unía a la vida que albergaba en su vientre. Temía por aquella criatura, con tanta certeza de que sobre su destino se cernía una sombría amenaza inminente que, tan pronto como lo visualizó en su cabeza y lo concibió en su corazón, otorgó a su presentimiento el rango de verdad absoluta.  

No sabía por qué, pero lo sabía…

Sabía que estaba embarazada de un niño.

Y sabía que, tanto su vida como la de su bebé, no tardarían en valer menos aun que el chorrito de pota que ascendía alegremente por el pitorro de aquella magnífica tetera que Vanessa sostenía entre sus manos, y que impregnaba, estragándola irremediablemente, la regia alfombra sobre la que se encontraba arrodillada.

Fue entonces cuando lo vio. Parpadeando en la oscuridad, como una boya de salvamento en mitad de un océano escrespado. Soltó la abigarrada tetera sobre el sofá, vertiendo su escatológico contenido entre los exquisitos cojines, para abalanzarse sobre el dispositivo electrónico que yacía olvidado al pie del trípode que sostenía la cámara 2. "Debe de habérselo dejado olvidado la regidora", se contaba a sí mísma mientras se retorcía frenéticamente sobre la alfombra, trantando de alzarse los hábitos para introducirse el teléfono móvil en el interior de sus bragas.

Aún permaneció un tiempo tumbada bocabajo sobre el rico tapete, tratrando de llenar tan afanosa como infructuosamente los pulmones con aquel aire en el que reconocía el acre olor de su propio vómito. Tenía la sensación de que se le iba a salir el corazón del pecho. Bombeaba sangre con tal fragor, que le daba la impresión de, con cada latido, su cuerpo llegaba a elevarse unos centímetros sobre el suelo.

Publicado la semana 41. 08/10/2018
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