Semana
04
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - La Fuga

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-¿Nombre? –el rostro de quien formula la pregunta no se aprecia en la imagen, tan sólo el de

-Vanessa –que ocupa casi toda la pantalla en un primerísimo primer plano.

-Vanessa, ¿qué…? –tono seco, duro, casi androide…, maltratador.

-Vanessa Womb –dice ella bajando un poco la mirada.

-¿Rol?

-… –Vanessa abre la boca, pero no consigue emitir ningún sonido. Después entorna un poco los ojos, aún rojizos e hinchados, se muerde el labio inferior y, volviendo a bajar la vista al suelo, niega con la cabeza.

-¿¡Rol!? –insiste la voz en off.

-Descastada –admite ella clavando esta vez la mirada en el objetivo de la cámara-. Se dice así, ¿verdad? Cuando te quedas sin karma. ¡Esa es la palabra, ¿no es así…?! Cuando no tienes la más mínima oportunidad de acceder ni siquiera al más triste casting. Descastada… ¿No es eso…? –acodada sobre una austera mesa, hunde la cara entre sus manos, como si la formulación de aquella pregunta retórica hubiese requerido del resto de las pocas fuerzas que le quedaban.

-Descastada y a punto de perder su estatus de ciudadana, según parece…

-¡No quiero ser reubicada! ¡No podría soportarlo! Por eso estoy aquí…

-Por eso y… ¿por qué más…? –se percibía un ardid en aquella pregunta.

-¿Porque me recompensarían con suficiente karma como para permitirme un rol sencillito en una nueva vida…? –la expresión de Vanessa denotaba que no estaba segura de que aquella fuera a ser la respuesta correcta…

-Por eso y… ¿por qué más…? –el tono de la reiteración no dejaba lugar a dudas: última oportunidad-. Tendrá que ser un poco más original en sus respuestas si desea postularse para nuestro programa de inmaculadas concepciones. Comprenda que, si admitiésemos a todas las aspirantes a madres que aducen las mismas razones que usted, nuestra mesiánica labor en poco se diferenciaría de una suerte de proxenetismo eugenésico… Y esa no es la imagen que nos gustaría proyectar al mundo, ¿verdad…? –y, tras una pausa que se dispersa bajo un resoplido de exasperación-. Vamos, vamos Vanessa, si se esforzase seguro que encontraría en su interior las verdaderas razones por las cuales desea ser una de las elegidas para albergar en su vientre la selecta semilla de la nueva generación… Tómese su tiempo en realizar un ejercicio de introspección… Quizás si leyese con más atención el encabezado del formulario de admisión que tiene delante de sus narices y entendiese un poquito mejor el propósito de nuestra humilde labor, hallaría la inspiración que busca…

-Eh…, sí…, por supuesto –murmuró Vanessa tratando de ganar algo de tiempo… ¡Allí estaba!-. Quiero decir hermana que, cuando pienso en qué me gustaría hacer con mi vida, por encima de todas las demás, siempre hay una proyección de mí misma que me llena de regocijo: aquella en la que me veo “concibiendo el futuro” –entonó triunfal, segura esta vez de que, al lograr incorporar en su respuesta el lema que figuraba bajo el logotipo de la Sagrada Orden de las Madres Maltusianas con un mínimo de coherencia, había pasado la prueba.

 

- La hegmana Womb, fue gueclutada como pagte de la campaña de nuevas gestantes que pusimos en magcha hace apenas un año –la figura de una mujer adusta y descarnada surgió de la penumbra de la sala de proyecciones, situándose a medio camino entre el cañón de luz y la imagen ahora congelada de la pantalla gigante-. Como guecogdagán, fuguto de esa acción pogomocional admitimos en la Ogden doce influencegs de estilos de vida en situación de kagmagota y les pogopusimos guehabilitar su imagen si tomaban los votos y contiguibuían a que otagas miles de jóvenes inguesasen en la Ogden siguiendo su ejemplo. Estas imágenes coguesponden al integogatorio de admisión de la hegmana Womb. Y como pueden apreciag pog la fecha de las mismas, son de hace algo menos de seis meses –sentenció girándose de espaldas al auditorio y concentrándose mucho en la expresión imploradora de aquel enorme y bello rostro femenino que llenaba toda la pantalla. Entre las madres maltusianas, las pausas dramáticas de la hermana Löffler eran tan célebres y motivo de tantas chanzas como el defecto en su frenillo lingual que caracterizaba su peculiar forma de pronunciar las erres. Casi tan célebres como sus coléricos arrebatos de ira y su despiadado carácter vengativo. De otro modo no se comprendería, o podría malinterpretarse, el estoicismo con el que todas las allí presentes aguardaban pacientemente a que la hermana Löffler retomase la palabra cuando a ella le petase. Cosa que ocurrió aproximadamente un minuto más tarde-. Como la mayoguía de ustedes sabagán, la hegmana Womb no sólo guecupegó su populaguidad en las guedes, sino que guecientemente se ha hecho pública su nominación a influenceg del año.

- Pero, ¡qué buenísima noticia hermana Löffler! –exclamó exultante una voz anónima procedente del fondo oscuro de la sala. Mas a juzgar por el semblante si cabe aún más rancio de la priora, la hermana Löffler no podía estar más lejos de compartir aquel entusiasmo.

- ¿Acaso ha perdido el embrión…? –aventuraba una…

- ¿Es posible que se trate de un caso de parto prematuro? –celaba otra…

- Ninguno de los dos casos… Siento comunicagles que la hegmana Womb nos ha dejado –nueva pausa dramática; esta de las buenas-. Dugante la pasada noche se ha fugado del centogo de integnamiento paga gestantes –continuó Löffler impertérrita.

- ¡Qué susto nos ha dado hermana Löffler! –se atrevió a bromear alguien de las filas más próximas, tratando de restarle hierro al asunto-. Por un momento, llegué a temerme lo peor… Pensé que había venido a comunicarnos que la hermana Womb había muerto.

- Pues no, hegmana Pánfila –replicó sarcásticamente Löffler, confundiendo a todas luces a propósito el apellido de su camarada de secta-. No he venido a comunicagles la muerte de la hermana Womb. ¡He venido a dequeguetágsela!

Publicado la semana 4. 22/01/2018
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Christian Löffler , Margaret Atwood, Ángela Pañeda Sanz , De noche, En la cama, Con ganas
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