Semana
38
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Aullidos en la noche

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Relato
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- Le agradezco mucho que se haya personado tan diligentemente, general Löffler –a pesar de su legendario aplomo, el mayor Scherbius, se mostraba visiblemente nervioso y cansado. Su brillante cabeza calva, perlada por la traspiración, y la manera compulsiva de frotarse sus enormes manos no menos sudorosas, que únicamente despegó para mostrarle el camino hacia la sala de interrogatorios, evidenciaban que aquella situación de crisis claramente le sobrepasaba.

- Sólo espero, por su bien, que tenga un motivo de peso para haberme despertado y obligado a tomar un avión en mitad de la noche, mayor –gruñó Löffler aproximando su boca a escasos centímetros de la oreja de su cicerone.

- Se trata de su hija, general –puntualizó Scherbius interrumpiendo bruscamente su avance a lo largo de aquel angosto pasillo subterráneo. Y permitiéndose por primera vez un punto de audaz irreverencia, rayano en el desacato, que no pasó desapercibido para Löffler, giró levemente la cabeza para añadir en un susurro-. Tenga en cuenta que, de no haber sido usted su padre, Claudia ya estaría en manos de un tribunal castrense exponiéndose a una pena capital…, mi general –esta vez fue Löffler quien sintió cómo le abandonaba su proverbial serenidad. De modo que, en cuanto accedió a la celda en la que se hallaba sentada su hija luciendo unas refulgentes esposas sobre las mangas del pijama militar reglamentario, le espetó-:

- ¡¿Se puede saber qué es lo que has hecho esta vez, Claudia…?!

- Darles su merecido, padre –le dijo clavando en él una mirada fría y hostil en la que no había el menor rastro de remordimiento-. ¿No es eso lo que siempre me has enseñado: que hay que darles su merecido a los que se pasan de la raya…, padre?

- Su hija tiene un sentido muy peculiar de la justicia, general  –sentenció a modo de presentación el mayor Schnauzer, un viejo conocido de Löffler, levantando la vista de sus notas, incorporándose del asiento enfrentado al de Claudia, y haciendo un gesto al mayor Scherbius para que abandonase la sala de interrogatorios antes de cerrar puerta. Y, una vez que estuvieron los tres a solas en la habitación, a salvo de oídos indiscretos, se permitió reconocer-: La situación es muy grave, Hans. Puedo encargarme de lidiar con los familiares de los afectados. Pero, si en algo valoras la vida de tu hija, es preciso que te la lleves de estas instalaciones antes del amanecer y te asegures de que desaparezca durante una buena temporada. Los abogados de las familias de esos chicos (algunas de rancio abolengo) van a exigir la cabeza de Claudia. Existen numerosas e irrefutables pruebas incriminatorias. Su única escapatoria es que aleguemos que se ha fugado del cuartel durante la noche. Sólo Scherbius y yo sabemos la verdad y yo respondo de su silencio.

- ¡¿Pero es que nadie se va a dignar a explicarme qué demonios ha sucedido aquí?! –estalló el general Löffler, incapaz de contenerse por más tiempo.

- ¡Que esos bastardos me han drogado y me han violado en grupo! ¡Eso pasa padre: que han abusado de mí alevosa y premeditadamente! –gritó Claudia al tiempo que estrellaba las manos esposadas contra la mesa metálica que le separaba del mayor Schnauzer-. No es la primera vez que lo intentan. Y, de no haber puesto yo remedio, aquí la “autoridad competente” –dijo señalando despectivamente a Schnauzer- no habría hecho nada. Una vez más… –apostilló con furioso desdén.

- Siento decirle, general –intervino el aludido sin perder ni un ápice la compostura- que, lamentablemente, no existe ninguna evidencia de que lo que denuncia su hija haya sido así…

- ¡¿Cómo que no?! –escupió Claudia-. ¡¿Y qué me dice del vídeo de…?!

- Sin embargo –continuó Schnauzer como si no hubiese escuchado el alegato de la chica-, como ya le he dicho, existen cuantiosas e insoslayables evidencias de que su hija se sirvió de sus extraordinarios conocimientos en ingeniería de sistemas para sabotear las gafas y los trajes de realidad virtual que se emplean en los simuladores de entrenamiento. Y, de ese modo, ha sometido a un trauma atroz a cinco de sus camaradas: les ha expuesto una cantidad y, sobre todo, a una intensidad de estímulos sensoriales de tal calibre, que les ha provocado intencionadamente la muerte cerebral. Todos ellos chicos fabulosos, Hans: de lo mejorcito de la academia…

- ¿Es eso cierto, Claudia…? –tan pronto como pronunció aquella pregunta y contempló el acerado y orgulloso brillo en los ojos de su hija, el general Löffler se percató de la estupidez de su pregunta. Y, tratando de asirse a cualquier resquicio que justificase mínimamente el comportamiento de su vástaga, se interesó por un aspecto que antes había mencionado ella-: ¿A qué vídeo se refería anteriormente Claudia…?

- Supongo que hacía alusión a las cámaras de grabación permanente que tenemos instaladas en la cantina del cuartel, ¿no es así, Claudia? –y como ésta asintiera, continuó diciendo-. Verás, Hans, si antes he querido pasar por alto este aspecto es porque no deja en ningún buen lugar el nombre de tu familia en general, y la honorabilidad de tu hija en particular.

- Mucho cuidado Schnauzer –advirtió el general Löffler blandiendo su dedo índice frente a la cara del mayor-. Mide con cautela las palabras que vas a pronunciar a continuación porque puede que sean las últimas que salgan de tu boca…

- No hay ninguna necesidad de llegar a proferir amenazas, viejo amigo –arguyó confiado Schnauzer-. Recuerda que, si estoy haciendo esto, es en virtud del profundo aprecio que te tengo y el respeto que siempre le he profesado a tu familia. Pero si mi palabra no te es suficiente, puedo proyectar para ti el vídeo al que hace alusión tu hija. Son apenas 96 segundos. Sin embargo, te garantizo que va a ser el minuto y medio más largo y desolador de tu vida. Tuya es la decisión… -el general Löffler posó lánguidamente los ojos sobre Claudia, tratando de deducir de la fiera expresión de su hija la decisión correcta. Aunque, para ella, era evidente de parte de quién estaba su padre. Se había pasado la vida dejándoselo meridianamente claro: desde bien pequeña, cuando le relató los abusos a los que le sometió su tío (¡su propio hermano!); durante toda su adolescencia, dejando bien patente cuán repugnante y antinatural le resultaba su inclinación sexual; y recluyéndola en aquel cuartel tan pronto como alcanzó la mayoría de edad, arguyendo el “bienintencionado” propósito de “curar” su homosexualidad, integrándola en un ambiente eminentemente masculino y machista. Así que, como Claudia esperaba, su padre dijo-:

- Quiero ver la grabación.

00:01- 00:02 – 00:03 – 00:04 - 00:05- 00:06 – 00:07 – 00:08 - 00:09- 00:10 – […] - 01:36…

- Está claro que, dolor tú no sentiste… -¿acaso puede un juez (máxime si se trata de un padre) proferir una sentencia más despiadada…?

- ¡Me drogaron, padre! –alegó Claudia, cuyas lágrimas eran tan amargas que deshicieron de una vez por todas sus glándulas lacrimales-. ¡Creo que resulta evidente…!

- La única evidencia que yo he observado en ese vídeo es la de una mujer practicando actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo –decretó Hans-Jürgen Löffler sin un ápice de empatía en la voz-. Y, aunque reconozco que el contenido es perturbador, el rostro de la joven que yo he contemplado en la grabación mostraba una innegable expresión relajada, sin asomo de rigidez o tensión, lo que impide sostener cualquier sentimiento de temor, asco, repugnancia, rechazo, negativa, desazón, o incomodidad.

- Estoy segura de que fue idea de Zawistowski –expuso Claudia-. No soportaba la idea de que yo hubiese sido seleccionada para el Programa OCULUS por delante de él. ¡¿Pero cómo pude ser tan retrasada…?! Debí olérmelo en cuanto me invitaron a celebrarlo: querían “homenajear a la verdadera macho alfa del grupo”, me dijo el muy hipócrita. Y el caso es que noté que la cerveza tenía un sabor raro…, demasiado amarga. Pero decidí no darle importancia: no quería concederles ningún motivo para que se rieran de mí… ¡Estúpida! ¡Más que estúpida…! El siguiente recuerdo que tengo es el de despertarme en mi cuarto con un terrible dolor de cabeza. Se lo conté a un cabo mayor y a mi compañera de habitación, que me llevaron para que me realizaran una prueba que determinase si había sido drogada. Di positivo en barbitúricos…

- Eso sólo demuestra que consumiste estupefacientes, Claudia –alegó Schnauzer- no que te los suministrasen. Hemos analizado a conciencia el vídeo y en ningún momento se observa que alguien adulterase tus bebidas…, que por otra parte fueron muy numerosas, como revela el análisis de sangre que te practicaron…

- ¡¿Cómo puede ser tan cínico, Schnauzer?! –rugió Claudia-. ¿Y qué me dice del testimonio de mi compañera, Linden…? ¿Acaso no ha declarado que aquella noche tuvo que pernoctar en el salón común porque había cola en el pasillo para acceder a nuestra habitación…? ¿Acaso no le sugiere nada que denunciase que los hijos de puta que aguardaban su turno para violarme sólo accedían después de que el cabrón que estuviera dentro ensartándome su valiente polla profiriese un aullido…? ¡Esa era la señal de relevo!

- ¡Suficiente! –zanjó contrito el general Löffler.

- Pero..., ¡padre! Lo único que recuerdo de aquella noche es que, cuando me levanté de la cama para ir al baño, aún no había amanecido y apenas podía sostenerme en pie. Me dolía todo. Aún llevaba las medias puestas. Y en ellas había restos de lo que parecía semen…

- ¡He dicho que es suficiente! –bramó y, recuperando la compostura, dijo volviéndose hacia el mayor Schnauzer-. Te agradezco enormemente tu intervención, tu ayuda y tu discreción manejando este espinoso asunto, Klaus. Jamás olvidaré este gesto que te honra. Perdóname si crees que en algún momento he dudado de tu camaradería.

- No hay nada que agradecer, ni por lo que disculparse, Hans. Entre nosotros nos cuidamos, ¿no es así…? Y ahora, por favor, daos prisa y recuerda lo que te he dicho antes: tu hija debe desaparecer.

- No te preocupes por eso, Klaus. Conozco el lugar perfecto para Claudia. El mundo jamás volverá a tener noticias de ella.

- Eso está por ver –masculló Claudia Löffler masticando concienzudamente sus palabras antes de tragárselas.

Publicado la semana 38. 17/09/2018
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Baboon Rape Party - Marilyn Manson , La "Manada militar" de Antequera, Algún que otro voto particular de jueces sin alma , De noche, En la cama, Con ganas
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