Semana
36
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Call To Action

Género
Relato
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[¡A ver…, volvemos de publi en 10! Cámara 2 sobre Phoebe. Prompter listo. Dentro sonido ambiente. Y, 3, 2, 1…]

- ¡Bienvenida otra vez, querida! ¡Muchas gracias por demostrar un día más tu fidelidad y tu compromiso con este grupo de amigas del que también tú formas parte! –a medida que reanudaba el programa de máxima audiencia tras los consejos comerciales de los patrocinadores, el plano corto del entusiasmado rostro de Phoebe Dickinson, iba abriéndose hasta enmarcar, sentadas una a cada lado en el mítico sofá naranja del Peachy Pitty, también a Monica Reeves y Rachel Banks, quienes asentían y subrayaban con ostentosos meneos de sus melenas ginger y platino, el apasionado discurso de Phoebe-. Porque Reality Friends no es solo tú espacio de entretenimiento favorito; Reality Friends es toda una forma de vida: pensamos, actuamos y nos movemos de forma diferente al resto…

[Continuamos con la mierda esa para la cara]

>> Por eso, pensando exclusivamente en ti, Rachel te presenta la más sofisticada gama de productos de cosmética GenoxAge, la única del mercado que parte de un análisis de tu propio ADN, dando como resultado un tratamiento único para tu piel que compensa tus carencias, permitiéndote que envejezcas con dignidad –el plano del trío iba alternándose con una compleja infografía animada cuya apariencia simuladamente cientificista pretendía dotar al reclamo publicitario de rigor y confiabilidad-. Suscríbete anualmente al canal de Reality Friends y recibirás gratis nuestros 100 trucazos secretos de maquillaje…

[Dentro vídeo con los trapitos… Atentas que no se os olvide de nuevo la CTA]

>> ¡Glamour a raudales! Es lo que derrochan cada una de las prendas que componen nuestro particular fondo de armario: visita con Monica, la diseñadora del grupo, nuestra tienda virtual y pruébate (por mucho menos de lo que crees) nuestro outfit. Corre, corre..., que las unidades son limitadísimas y vuelan rápido. ¡Pide cita on line y conviértete en la envidia de las redes sociales! –exclamaron las tres al unísono señalando la parte baja de la pantalla en la que figuraba un enlace refulgente.

[Vamos con tu agua de fregar, Phoebe, y presentas a la yonki]

>> Y no os perdáis, justo antes de que acabe el programa, mi consejo nutricional del día: hoy te voy a enseñar cómo elaborar unos dietéticos batidos detox a base de agua de borraja, crudités de cardo borriquero y semillas de chia…

>> Y ahora sí, vamos sin más dilación, con el momento que todas estabais esperando –con la voz de Phoebe a modo de travelling, el plano se abrió hasta introducir en el encuadre el poco agraciado rostro de Tricia Fuentes, sentada en el extremo derecho del sofá y ataviada con un modelo diferente (pero también incluido en el catálogo de Reality Friends) del que llevaba antes de la pausa para la publicidad-: el testimonio de una hermana valiente que, a pesar de las amenazas y chantajes por parte de su “amiga”, Vanessa Womb, la artista e inluencer hasta hoy admirada por todas nosotras, ha decidido por fin romper su silencio para venir a contarnos en primera persona lo que muchas de nosotras ya llevábamos un tiempo pensando... –y dirigiéndose hacia su compañera de la izquierda, dijo:- No sé a ti Monica, pero a mí Vanessa Womb nunca me la coló: siempre supe que no era trigo limpio y que su rollo era todo puro postureo.

[Puta madre Phoebe; 148 millones y subiendo: estamos on fire; ¡eses Monica, esssssseeeesss y más madera… más madera!]

- Así es Phoebe –respondió Monica pronunciando y arrastrando desmesuradamente las eses, algo que era muy característico en ella-. A mí tampoco es que me la hubiera dado nunca con queso…, pero he de reconocer que jamás me  habría imaginado que la tipa fuera tan mala pécora…

[Hora del coitus interrumptus, Rachel]

- Pero cuéntanos, cariño –le invitó Rachel, aliviando millones de almas al verbalizar, por fin, a través de su intervención la pregunta que toda La Sororidad llevaba horas haciéndose- ¿cuál fue el motivo de la discusión de ayer en la estación de Lexington entre Vanessa Womb y tú…? A nosotras puedes contárnoslo todo… Estamos entre amigas…
 

- Pues verás, Rachel –comenzó a explicar Tricia-. Lo que verdaderamente ocurrió fue que…

[¡Ahora nena!]

- ¡Pero, espera, espera, espera…! -interrumpió abruptamente Rachel-. Antes de que nos lo cuentes, veamos una vez más el vídeo con las imágenes que captaron las cámaras de nuestras amigas Xris348F y Yohu152H, que han tenido la cortesía de cedérnoslas. Por lo que, además de nuestro agradecimiento, se llevan una suscripción anual gratuita a nuestro canal. Porque en Reality Friends cuidamos de nuestras amigas…

[¡Grande Rachel, grande! Dentro combo de vídeos. Monica ponle más lecheplús a nuestra amiga que se está quedando seca. La quiero a puntito para cuando os devuelva la conexión]

- ¡¿Cómo eres tan jodidamente desagradecida?! –aunque amplificada y digitalmente tratada para aclarar el audio, Tricia reconoció su voz y su vulgar discurso en los subtítulos sobreimpresos de aquellas imágenes excesivamente pixeladas por el zoom de la cámara con la que fueron captadas-. ¡Flipo contigo!

- No eres más que una puta fea. Pordiosera y vanidosa. Te lo he explicado millones de veces: no tienes ningún futuro –Tricia juraría que esas no fueron las frases exactas pronunciadas por Vanessa. Pero los productores del programa repitieron hasta cinco veces aquella escena, cada vez más despacio, aproximando más en cada ocasión la imagen a la boca de Vanessa. Y, a pesar de que la calidad del audio era nefasta, en sus labios se podía leer perfectamente las palabras que replicaban los subtítulos una y otra vez.

[¡¿En serio te llamó “puta fea”!? –le preguntó la guionista y regidora del programa a través del pinganillo invisible que le habían introducido en su oído izquierdo- Cariño, no es que seas precisamente una belleza, pero rebozártelo así por la cara, delante de millones de hermanas… ¡Eso sí que está feo!]

De pronto Tricia (que en un principio tuvo ganas de dejar patente que, aunque no recordaba cuáles habían sido exactamente, tenía la impresión de que no habían sido aquellas las palabras que Vanessa pronunciara), quizás motivada por la dulce embriaguez, la deliciosa desinhibición y la empoderante euforia que le suministraba aquel bebedizo blanco que no paraban de servirle en su vaso, sintió un enorme alivio al comprender que, por primera vez en su vida y ante cientos de millones de pares de ojos, disponía de una coartada perfecta para descorchar y escanciar todas las añadas de inquina de crianza, pacientemente cultivadas y debidamente ocultas a los ojos de su envidiada amiga: la perfecta y popular Vanessa Womb. Y, a pesar de que, en algún rincón de aquella aturdida mente trastornada, los gritos de su ética se disolvían como los estupefacientes que aderezaban aquel delicioso batido y los ecos de las amonestaciones del superego reverberaban incomprensibles hasta quedarse varados en las acorchadas playas de su memoria, Tricia aún tuvo la posibilidad de elegir y eligió. Eligió victimizarse por una afrenta que jamás tuvo lugar. Eligió autocompadecerse por un agravio del que nunca fue objeto. Y eligió sufrir porque eligió envidiar y contemplar como ajeno lo que ya era suyo; porque eligió morder la mano amiga cuyas caricias le arañaban el alma, cuyos áureos obsequios le lastraban más que si hubieran sido de puro plomo.

[¡Es tu momento niña! ¡Date el gusto!]

- ¿Sabes qué…? –se volvió a escuchar enardecida en la pantalla, degustando de nuevo aquella inquina; dejándose una vez más enajenar por su amargo sabor; dando rienda suelta a toda la envidia a duras penas contenida a lo largo de los años… Y, levantándose como en trance de aquel fastuoso sofá anaranjado repitió al unísono que su reflejo en cientos de miles de pantallas-: ¡Me das asco!

- ¡¿Por qué no me escuchas!? ¡Que no quiero más putas feas en mi harén, joder, Tricia…! –drogada y todo, esta vez no le cupo la menor duda de que Vanessa Womb jamás habría dicho nada semejante. Le habría gustado dejar constancia de ello, aunque sólo fuese para hacer mayor escarnio destacando el hecho de que Vanessa era declarada y ridículamente hetero: estaba obsesionada con los hombres. Y especialmente con ese Freddy al que no paraba de pintar en sus grotescos cuadros. Sin embargo, estaba divirtiéndose tanto con aquel absurdo montaje que lo único que hizo fue arrellanarse en el mullido sofá para disfrutar del patético discurso en el que su ex amiga supuestamente continuaba diciendo-: Tú no vales ni la mitad que esas tías. Son más guarronas. Mucho más guarronas… Con ellas gano un montón de dinero. Así que… ¡si te acercas a ellas te haré picadillo!

- ¡Pues vete a follar con ellas! –se vio chillar Tricia en los monitores. Y, si no hubiera sido porque era ella misma la que protagonizaba aquella escena vivida hacía apenas 24 horas en la estación de metro de Lexington, habría jurado que todo aquello no era más que fruto de un mal sueño… El vídeo continuó reproduciéndose en un bucle cada vez más sórdido en el que Tricia se escuchaba repetir una y otra vez aquella frase que ella nunca pronunció…

[¡Niñas, atentas: ahora la tenéis justo donde la queríamos! Conseguidme la exclusiva que hemos planeado y, de paso, reventad los índices de audiencia: ¡Vamos a superar nuestra propia marca, chicas! ¡Hagamos que mañana no se hable de otra cosa en toda La Sororidad…]

- Entonces… -comenzó diciendo Phoebe, con un fingido tono compasivo que conseguía dotar a sus palabras de un morbo irresistible-. ¿Es cierto que Vanessa Womb te explotaba sexualmente, al igual que lo hace con otras hermanas…?

Tricia agachó la cabeza, abrumada por las circunstancias: no tanto por hallarse propiciando aquel infundado juicio sumarísimo contra la que fuera su mejor amiga, como por la embriagadora y vertiginosa sensación que se apoderó de ella al reparar que bastaba una palabra suya para defenestrarla definitivamente.

- ¡Vamos querida! –la animó Monica, mientras en pantalla se mostraban detalles de los movimientos en el karma de Tricia-. Nuestro equipo de investigadoras ha encontrado en tu cuenta numerosos y cuantiosísimos ingresos de bitlikes transferidos por Vanessa Womb. Después de contemplar el vídeo de lo sucedido ayer en la estación de Lexington, de escuchar las palabras de su propia boca, y de comprobar los sospechosos “donativos” que te hacía tu amiguita… (¿o debería decir tu “proxeneta”?), no hace falta ser muy lista para darse cuenta de que Vanessa Womb se ha estado aprovechando de ti. ¿No es así Tricia…?

Sabía que millones de almas estaban pendientes de sus labios en aquel preciso instante; que nadie se atrevería a poner en duda lo que pronunciasen. Dijera lo que dijese. Por primera vez en su vida experimentó en qué consistía disponer de un enorme poder. No tardaría mucho en darse cuenta de que ejercerlo también conlleva una gran responsabilidad.    

Mas, para entonces ya era demasiado tarde…

Publicado la semana 36. 06/09/2018
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