Semana
32
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Social Ego

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Relato
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- Definitivamente, necesitas dejar de invertir tiempo y esfuerzos inútiles en amistades improductivas, querida Tricia, y cultivar nuevos contactos que te generen un mayor índice de conversiones –caminando de un lado a otro de un lujoso despacho desde el que se contemplaba una vista que quitaba del hipo sobre Manhattan, Dímpel Like, su asesora de reputación social, señalaba e iba desgranando con un puntero láser las gráficas de seguimiento de audiencias de Tricia, que se proyectaban sobre una pantalla de cristal de cuarzo situada al fondo de la oficina.

Debajo de su fotografía, en el cuadrante superior izquierdo, aparecían sus datos personales:

Identificador: Tricia192F

Fecha y lugar de nacimiento: 12 de noviembre del 6º año de La Sororidad – Hospital de Brooklyn (N.Y.)

Dominio: TRICIA FUENTES – Registrado el 01/01/30 d.S. - En vigor hasta 01/01/35 d.S.

Tiempo On Line: 21 años, 8 meses, 13 días, 8 horas, 35 minutos.

Le siguen: 29.341 usuarias (índice de FollowBack 98%)

Sigue a: 71.089 usuarias (índice de FollowBack 21%)

Ratio de Confiabilidad Social: 19%

Índice de Conversión: 1,6%

Karma: 3.783 bitlikes

- ¿De qué te sirve que te sigan casi 30 mil hermanas si apenas interaccionan con tus contenidos? ¿¡Qué clase de amigas son esas a las que no les importa lo que compartes y no valoran en absoluto tus publicaciones!? Conozco granjas de fake-followers que son más proactivas que tu red de contactos, amor… Y eso de que sigas a más del doble de las chicas que te siguen a ti es fatal para tu reputación, cariño mío. Tienes que ser implacable con la política de “si no me sigues no te sigo”. ¡Si quieres llegar a ser alguien, “quid pro quo”! De otra manera tu ratio de confiabilidad social no hará más que bajar y bajar. Las marcas nunca llamarán a tu puerta con un índice de conversión tan bajo… Tricia, cielo, ¿me estás escuchando…? –la pregunta de Dímpel logró que Tricia apartase momentáneamente la mirada del skyline casi irreal que se contemplaba a través de los amplios ventanales, pero aun así no consiguió establecer contacto visual con ella-. Mira linda, me caes muy bien y creo honestamente que tienes mucho potencial, pero me basta echar un vistazo a tus datos para comprobar que estás al borde de la karmarrota. ¿Ves? Si pincho aquí –dijo al tiempo que pulsaba con su puntero láser sobre el enlace del Karma y desplegaba en la parte derecha de la pantalla una nueva pestaña con información adicional- puedo saber que el 93% de tus ingresos proceden de visualizar publicidad como una vulgar minesa. ¿Qué nos dice eso? Que para costearte una hora de asesoría conmigo tienes que pasarte más de un día encerrada en esa celducha tuya de Mapleton viendo anuncios como una loca. Vienes a verme mucho más que algunas clientas mías con tasas de conversiones astronómicas, cuya gestión de su reputación social me obliga a emplear decenas de complicadas herramientas de monitorización. Pero, en tu caso, el diagnóstico es bien sencillo: tienes que empezar a relacionarte con otro tipo de perfiles con mayor capacidad de prescripción; generar otro tipo de contenidos que interese y atraiga la atención de verdaderas lideresas de opinión que estén dispuestas a compartirlos con sus audiencias. De esta manera, con dedicación y constancia, te garantizo que en poco tiempo brillarás con luz propia en el firmamento de las influencers de primer nivel. Siempre que vienes te digo lo mismo. Pero una vez que estás aquí, ¡te limitas a disfrutar de las vistas y a hacer oídos sordos a mis consejos…! Y, sinceramente, no lo entiendo.

- No sé, Dímpel… -resopló Tricia fijando de nuevo su mirada sobre los rascacielos neoyorkinos.

- ¡¿No sabes qué…!? –preguntó la asesora, que notaba cómo comenzaba a perder la paciencia.

- Me gusta venir a verte porque, mientras estoy aquí contigo, siento que podría ser verdad todo lo que dices... Me motivas y despiertas en mí el ansia por triunfar que yo sola no encuentro –reconoció Tricia con voz temblorosa y el dique de sus párpados inferiores a punto de rebosar-. Consigues que me visualice a mí misma como la gran influencer que dices que puedo llegar a ser. Pero…

- ¡Pero, ¿qué…? Tricia! ¡Pero, ¿qué…?! –estalló Dímpel ya sin poder contenerse.

- Pero, no sé si esta vida es realmente para mí… -sentenció Tricia girándose y fijando la mirada en los ojos de su asesora, con los suyos arrasados ya en lágrimas.

- ¿De qué vida me hablas…? –volvió a la carga Dímpel que no estaba dispuesta a que su clienta se rindiese tan fácilmente-. ¿De la vida de una vulgar minesa que subsiste gracias a la renta básica universal que deviene de pasarse 16 horas al día contemplando publicidad de mierda y ceder alegremente sus datos personales? ¿O de la influencer que estarías llamada a ser si siguieras mis putos consejos y no invirtieras tu precioso tiempo en cagadas del calibre 35 como ese absurdo libro tuyo? ¿¡Sexualidad en un mundo asexuado!? ¿¡En qué estabas pensando…!? ¡Venga no me jodas! ¿¡En serio pensabas que los patrocinadores y las marcas se iban a rendir a tus pies oponiéndote frontalmente a la línea ideológica y a la política del celibato productivo del Sanedrín!?

- ¡Pues será lo que quieras…! –se defendió Tricia, entrando por fin en el juego dialéctico hacia el que la quería arrastrar su asesora-. Pero es en lo que creo y lo que siento. Y estoy convencida de que podría ayudar a muchísimas hermanas a reconciliarse con sus sentimientos y su sexualidad.

- Y eso te honra, cariño –reconoció Dímpel, sentándose junto a ella en el elegante chester blanco que presidía la parte central de su amplia oficina y tomándola de la mano-. Pero seamos sensatas, bonita mía. Pensemos… ¿Cuánto te queda de vida? ¿Seis…, diez años a lo sumo…? ¿De veras quieres emplearlos en tratar de hacer sentir mejor a un montón de boyeras desagradecidas que, por miedo a ser penalizadas en su posicionamiento orgánico, no se atreven a recompensar tus esfuerzos con sus putos bitlikes? ¿No crees que ya va siendo hora de que pienses menos en “ayudar” a una banda de ingratas desconocidas y comiences a pensar más en ayudarte a ti misma…?

- Tú siempre me dices que tengo que generar contenidos de valor –insistió Tricia-. Y no es porque lo haya escrito yo, pero creo que mi libro es valiente, sincero y aporta un contenido muy valioso a mis seguidoras…

- ¡¿Sí?! ¿Me lo estás diciendo en serio? –arguyó Dímpel permitiéndose un punto de socarronería nada profesional-. A ver dime, ¿cuántos ejemplares has vendido? ¿Cuántos bitlikes te ha granjeado en las redes tu maravillosa obra? ¿Cuántas veces han compartido tus seguidoras alguna de las entradas del libro que has publicado? Espera, espera, espera…, no me lo digas, que para eso me pagas: para que te lo diga yo –y accionando de nuevo su puntero láser clicó sobre las estadísticas de los contenidos publicados en redes sociales por Tricia Fuentes-. ¡Vaya! Lo que me temía: cero, cero y… ¡cero! He ahí el valor que aportas a tu comunidad con tu best-seller. No eres tú la que determina si tu contenido es o no valioso, querida Tricia: es tu comunidad la que, con sus votos, estipula aquello que desea. Y se denomina democracia, ¿sabes?

- ¡Precisamente a eso me refiero, Dímpel! No es El Sanedrín el que pone a diario en marcha la máquina del atontamiento: somos nosotras, las usuarias, quienes, con nuestro afán de constante valoración o de ser evaluadas, elevamos nuestra infelicidad personal al infinito. Estamos creando entre todas una dictadura de la norma; del ideal. Pero el ideal no se puede alcanzar. Siempre existirá una foto de las vacaciones más bonita, un selfi más chulo, un vídeo de gatitos más mono… Como dice mi amiga, Vanessa Womb: Este sistema basado en la envidia no produce más que odio y encabronamiento; frustración y perdedoras por doquier –rebatió Tricia, consiguiendo que Dímpel pusiera los ojos en blanco y se levantase de nuevo del sofá para retomar sus habituales paseos de un lado a otro del despacho-. Ella ha superado con creces la esperanza de vida media y no se pliega ante nadie. Tiene una cohorte de guionistas trabajando para ella por puro altruismo, porque sé de buena tinta que después se pasa sus guiones por el arco del triunfo. Hace lo que le da la gana porque es auténtica: los cuadros que pinta son un horror y no consigue colocarlos nada más que entre excéntricas coleccionistas y, sin embargo, ¡le va de puta madre porque ama lo que hace; y eso a la gente le fascina!

- ¿Otra vez con la dichosa Vanessa Womb, Tricia? –inquirió la asesora, dando la espalda a su clienta, mientras apoyaba ambas manos sobre el tablero transparente de su mesa de trabajo y consultaba cuántos minutos restaban para que se acabase aquella sesión-. ¿Cuántas veces vamos a tener esta misma conversación, Tricia? ¿Cuánto tiempo más vamos a perder hablando sobre el extraordinario y rarísimo caso de Vanesa Womb? ¿Por qué no te la quitas de la cabeza de una maldita vez? No consigo entender de dónde procede la extraña influencia que ese carcamal ejerce sobre ti. Pero permíteme que te diga que su amistad no te está deparando nada positivo: no es un buen ejemplo para ti, ni el tipo de influencer a la que deberías aspirar a modelar. A Vanessa se la pela todo: ni siquiera sigue el más mínimo protocolo de gestión de su propia marca personal. En realidad no es una de “nosotras”, Tricia. Su pasado es tan enigmático como lo es el secreto de su inaudita longevidad. Toda su popularidad se basa en ese halo de misterio que la rodea. Que yo sepa sólo la directora del Olimpo, la Dra. Sorkin y la mismísima Hermana Löffler la superan en edad. Y, honestamente, no creo que ni tú ni yo vayamos a vivir tantos años… -un silencio incómodo se cernió entre ellas después de que la asesora de reputación social pronunciase estas ominosas palabras. Finalmente, Dímpel Like se volvió de nuevo hacia su clienta, se aproximó a ella y tomándola de las manos, la invitó a que desclavase la mirada del deslumbrante suelo de hormigón pulido y a que se incorporara del sofá. Antes de acompañarla hasta la salida, se tomó la molestia de darle un último consejo:

>> Escucha Tricia: te acercas peligrosamente a la treintena. Yo hace tiempo que la rebasé. He perdido ya a algunas de mis mejores clientas y amigas que no me superaban mucho en edad. Las he visto desaparecer entre los terribles sufrimientos provocados por el cáncer u otras enfermedades degenerativas. Sólo La Diosa sabe por qué nos está reservado este destino tan ingrato y doloroso, cuando existen indicios de que hace apenas un siglo la esperanza media de vida era más del doble que la actual. Pero esto es lo que hay, mi niña. Es lo que nos toca… Personalmente, desde hace ya algún tiempo, procuro ganar y ahorrar todo el karma que soy capaz con el único objetivo de garantizarme, al menos, un tratamiento paliativo que me evite atravesar el infierno por el que he visto pasar a algunas de las hermanas que ya nos dejaron –y abriendo la gruesa y pesada puerta lacada en un blanco níveo, y pastoreando con su brazo derecho a Tricia para que atravesase por última vez aquel umbral, añadió-. Te garantizo que antes de degenerar y padecer hasta ese punto, por no haber sido capaz de obtener el karma necesario para sortear una muerte tan atroz, preferirías suicidarte mientras aún estás a tiempo…

Publicado la semana 32. 06/08/2018
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