Semana
24
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Contacto visual requerido

Género
Relato
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“Si tu mejor amiga te dice que, pagando una cuota anual de 999 bitcoins por suscribirse al nuevo canal de moda Cus2MezMe, le han regalado sin sorteos tres experiencias de bienestar, belleza y fitness, ¡créetelo! Las amigas están para eso: ¡para dar envidia! Sólo con Cus2MezMe”.

“Chi-cling” –si Tricia tuviera 50 años más (algo que, por otra parte sería harto improbable, pues la esperanza de vida en La Sororidad raramente supera el medio siglo), seguramente aún recordaría que ese brillante sonido, que emiten los monitores que recubren por completo las paredes de su cubículo cada vez que visualiza un anuncio de principio a fin, y que tanto le motiva, es el mismo que antaño realizaban las cajas registradoras, cuando todavía existía el dinero físico.

Del centro de las pantallas, surgía uno de los mensajes que a Tricia más le gustaba leer y que mostraba la cantidad de +0,1 bitcoins, la cual ascendía diagonalmente hasta el extremo superior derecho de los monitores para sumarse al escueto montante total de bitcoins que, tan avara como infructuosamente, trataba de incrementar jornada a jornada.

“¿Recomendarías Cus2MezMe a tu red de contactos? Si es así, cuéntales a tus amigas por qué y duplica tu asignación”.

Con un gesto de su mano de derecha a izquierda, Tricia dio a entender al monitor que no deseaba recomendar aquella marca en sus redes. No porque tuviera nada en contra de Cus2MezMe; sencillamente la experiencia le decía que, en lo que tardaba en registrar la reseña y publicarla, le daba tiempo a visualizar, al menos, otros dos o tres anuncios. De modo que, en el mismo período, la ganancia era mayor si se limitaba a contemplar en la pantalla un anuncio tras otro sin hacer nada más.

- Así nunca llegarás a ser una influencer, Tricia –le amonestó ubicuamente Eliza, mostrándole en las pantallas la lamentable posición que ella ocupaba en el ránking de reputación social con respecto a las hermanas más influyentes de La Sororidad, miles de puestos por detrás de las que encabezaban el listado, entre las que se encontraba su otrora amiga Vanessa.

>> Tu capacidad de prescribir productos ha conocido días mejores, amiga mía -continuó echándole en cara Eliza-. Lo cierto es que no has sabido capitalizar tu aparición en Reality Friends. Durante los primeros días posteriores a tu participación en el programa, tu poder de influencia casi alcanzó el de Vanessa Womb. Pero, como ya nunca realizas comentarios sobre las marcas que consumes y, con tus vídeos de ínfima catadura moral, te has dedicado a dilapidar tu marca personal, has echado a perder la poca credibilidad y capacidad de persuasión que te quedaban.

- ¡Vale, vale…! –rezongó Tricia quien, por supuesto había oído aquella historia de que el sistema de pago por visionado retribuía proporcionalmente mejor a aquellas minesas que más proactivas se mostrasen con comentarios sobre las marcas anunciantes en sus redes. Pero ella, o simplemente no se lo tragaba o, dada su situación, ya le daba absolutamente igual.

- Fíjate si no en el anuncio que te conseguí para Fuel –continuó reprochándole Eliza, algo absolutamente impropio de ella-. Una oportunidad de oro para relanzar tu carrera y apenas has recibido bitlikes por tu aparición en él. Una de las tasas de conversión más bajas de la marca. Te aseguro que no se les volverá a ocurrir contar contigo para anunciarse. De nada sirven mis esfuerzos, si…

- ¡Apágate Eliza, por favor! –ordenó realmente exasperada Tricia.

- Pero…

- ¡Que te apagues y me dejes en paz...! Te lo suplico –el tono de voz y la determinación de Tricia no dejaron a Eliza ni un resquicio por el que colar una réplica, y no tuvo más remedio que acceder a los deseos de su supervisada…   

De modo que, tan pronto como Eliza enmudeció y la cantidad por la visualización completa del anuncio anterior se hubo registrado en el contador de karma personal de Tricia, comenzó la proyección del siguiente mensaje comercial…

“¿Cansada de ver publi como una perdedora? –ante aquella apelación, Tricia abandonó su actitud habitualmente lánguida y yaciente, para incorporarse y prestar atención- ¿No preferirías protagonizar tú los anuncios y que fueran otras las que, tiradas en su cama como estás tú ahora, te pagasen con su karma por hacer precisamente aquello que te apasiona? –Todo el interés y la avidez que pugnaban por hacer mella en Tricia, se esfumaron repentinamente. Estaba convencida de que aquel reclamo, precisamente en aquel momento, tenía que ser cosa de Eliza: su represalia personal, si es que a una app chatbot de supervisión se le podía atribuir un afán de venganza “personal”… - ¿Acaso no sabes que tú también has venido a este mundo dotada de, al menos, un talento único? -¿Ah, sí…? Más me gustaría a mí que eso fuera cierto (pensó cínicamente Tricia para sus adentros)- ¿No te das cuenta de que tú también has venido a este mundo a cumplir una misión? –Pues la verdad es que no (continuó cada vez más sarcástica, esta vez respondiendo en voz alta en dirección al monitor)- ¿Sabes cuál es la principal diferencia entre las influencers más exitosas y tú? –Si lo supiera, ¿¡crees que estaría aquí hablando sola!? (replicó alzando la voz, cada vez más frustrada)-. La diferencia entre ellas y tú radica en que tú AÚN no posees una Mente Poderosa -¡Aaaaahn! ¡Claaaaaaro! ¿Cómo no me habré dado cuenta antes…?-. Suscríbete YA al canal MentePoderosa y aprende a pensar como lo hacen las hermanas a las que tanto admiras. Por mucho menos, y mucho antes de lo que crees, tú también podrás imponer tu relato, crear tu propio canal y ¡VIVIR DEL CUENTO! ¿A qué esperas para comenzar a disponer de unos ingresos pasivos de karma que superen con creces el coste de un nivel de vida que ahora ni siquiera te atreves a soñar? ¡Esa es la verdadera riqueza! De la que ya disfrutan aquellas que se han suscrito al canal MentePoderosa. ¿Acaso no te gustaría tener una cohorte de seguidoras que…

- ¡Y una mierda! –gritó Tricia incapaz ya de contenerse-. ¡Ya me vendisteis una vez vuestro humo! Y bien caro que lo pagué... No pienso volver a confiar nunca más en timadoras como vosotras que se aprovechan de nuestros complejos y debilidades para hacer negocio –le espetaba a los monitores,  mientras meneaba compulsivamente la mano de derecha a izquierda, gesto con el que se le indicaba a la pantalla que la usuaria deseaba dejar de visionar un anuncio.

- ¿Estás segura de que deseas dejar de ver este mensaje comercial, Tricia? –preguntó Eliza, cuya dulce voz volvió a resonar por toda la celda, procedente a la vez de las cuatro paredes y del techo. A pesar del timbre meloso de Eliza, Tricia fue capaz de detectar la nota admonitoria y el tono de advertencia que subyacía en aquella pregunta-. El coste de descartar este anuncio será de 10 bitcoins. Repito, ¿estás segura Tricia?

- ¡Que sí, joder! –resopló cada vez más exasperada Tricia-. ¡Que paso de esa banda de estafadoras! ¿Sabes lo que hacen las muy bribonas? –le preguntó a la nada, antes de continuar hablando sola-. Después de sacarte hasta los ojos, como son conscientes de que lo que te están vendiendo no es más que una sarta de dogmas tan indemostrables como inútiles en la práctica (todos ellos muy sugerentes y persuasivos, no lo niego, pero una ristra de mentiras al fin y al cabo), cuando se te ocurre reclamarles que te devuelvan la fortuna en karma que cuestan sus cursos, ¿sabes lo que te dicen? Pues que si las claves que te han ofrecido para gozar de una Mente Poderosa no te funcionan, que es culpa tuya… ¡Vamos; culpa mía! Porque, según ellas, eso es un síntoma de que, en realidad, no estoy comprometida con mi objetivo de pasar al siguiente nivel. En resumidas cuentas: ¡que en realidad deseo ser una puta minesa durante el resto de mi vida, en lugar de una jodida influencer millonaria…! ¡Pero, ¿tendrá morro esta gentuza…?! –y tras recuperar el resuello, confirmó ya más calmada su voluntad de no seguir dedicando ni un solo segundo de su vida a visualizar nada que tuviera que ver con aquellas embaucadoras-. Pago los 10 bitcoins bien a gusto, Eliza, con tal de no volver a saber de semejantes embusteras.

- Como tú desees –claudicó Eliza, cuya voz se vio interrumpida por el desagradable sonido de carácter punitivo que acompañaba al descuento de la tarifa por prescindir del visionado de un anuncio.

Una vez que se hubieron deducido los 10 bitcoins del contador de Tricia, la pantalla se disponía a mostrar el siguiente anuncio. Pero ella ya no estaba de humor para seguir viendo más publicidad, toda vez que no podía parar de pensar que, para compensar aquella sanción tendría que añadir, como mínimo, otros 100 anuncios a los 5.000 que visualizaba al día de media. Por si pasarse más de un tercio del día viendo publicidad no fuera suficiente, ahora se veía obligada a sumar otras dos horas de cometarros para conseguir los 500 bitcoins diarios que necesitaba para vivir en aquella colmena y, además, sufragar la deuda que había contraído con aquellas putas de Reality Friends. Apenas le quedaba para pagarse una ración de Fuel al día y costearse una ducha. Ni siquiera hacía uso ya del dispensador de dentífrico del cuarto de baño, con tal de ahorrarse los diez céntimos de bitcoin que costaba la dosis. Ahogó un sollozo. Si al menos hubiese sido capaz de conservar a Vanessa a su lado. Pero no: tuvo que traicionarla. De nuevo a cambio de falsas promesas… Sentía que toda su vida no había sido más que una tomadura de pelo; una equivocación tras otra... Creía que había tocado fondo.

Pero, una vez más, comprobó que se equivocaba: cuando vio que el rostro protagonista del siguiente anuncio (NaughtyBabes) era el suyo; que aquel cuerpo lascivo y libidinoso era el suyo; que la chica que invitaba a la lujuria de aquella forma tan patética y artificial era ella (en un estado lamentable pero, sin lugar a dudas, era ella).

Se giró bruscamente sobre el lecho, tratando de hundir el rostro entre las sábanas revueltas y sucias de aquella cama deshecha sobre la que se pasaba la mayor parte del día tendida. Tan pronto como las omnipresentes pantallas de su habitación dejaron de detectar sus ojos fijos sobre los mensajes comerciales, la alarma de una estridente sirena laceró sus oídos. Infructuosamente, Tricia emitió un agudo alarido con la vana pretensión de que sus bramidos acallasen la monótona voz de Eliza que, de una forma mecánica y desapasionada, no dejaba de repetir:

- Contacto visual requerido. Contacto visual requerido. Contacto visual requerido…

Y, como la gota que desborda el vaso colmado, como el grado que rompe a ebullir el agua que hasta ahora sólo hervía, como el gramo que discrimina la sobrecarga del aplastamiento, como el milímetro que separa la hemorragia del desangramiento, Tricia no sólo supo qué; también supo cómo… Pero antes quería grabar un mensaje. Un mensaje de despedida…

Publicado la semana 24. 11/06/2018
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