Semana
23
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Oculus

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- Las bombas no acabarán con el terrorismo. Serán los cerebros. Y andamos escasos de ellos –al mayor Scherbius le encantaba soltar este tipo de arengas justo antes de que diesen comienzo las pruebas de aptitud. Casi tanto como pasearse embutido en su uniforme del ejército de las EE.UU. entre las mesas de trabajo de los aspirantes a formar parte de OCULUS.

>> La línea de frente contra el terrorismo no está en Rusia ni en China; ni siquiera en Corea… Está aquí, en territorio de las Empresas Unidas: Washington, Londres, París, Berlín, Estambul… -continuó Scherbius, golpeando suavemente cada uno de los monitores de sus protegidos que, para aquella prueba, simulaban encontrarse en las distintas ciudades de las EE.UU. que él iba mencionando-. Cualquier servidor, cualquier conexión… El campo de batalla moderno está en todas partes. Por eso necesitamos OCULUS en todas partes…

- OCULI –se escuchó decir desde el fondo de la sala de exámenes.

- ¿Ha dicho usted algo…, teniente Löffler? –inquirió Scherbius dando la espalda al grupo de aspirantes y clavando la mirada en la gigantesca pantalla que se erigía frente a ellos, en la que ahora destacaba, descomunal, el rostro de Claudia Löffler.

- OCULI –volvió a repetir ella, alzando un poco más la voz en esta ocasión-. El nominativo plural de la segunda declinación latina termina en “i”. La frase correcta sería “necesitamos OCULI en…”.

- ¡Sé perfectamente lo que he dicho y por qué lo he dicho! –gritó el mayor Scherbius aún sin girarse e interrumpiendo la explicación de la teniente Löffler. Y reiniciando su recorrido por entre las mesas de aquellos reclutas que, pese a ser los mayores expertos en informática de todas las EE.UU., temblaban como corderitos al paso de aquel instructor con fama de despiadado. Scherbius atravesó toda la sala para ir a detenerse frente al monitor tras el que se sentaba, todo lo erguida que era capaz, la teniente Löffler. Y, mirándola directamente a los ojos, continuó diciendo, mordiendo cada una de las palabras que profirió-: La frase correcta, Löffler, es “necesitamos OCULUS en todas partes”, ¡porque OCULUS sólo hay uno! ¡Explíquenos por qué, teniente…!

- Porque OCULUS es el nombre que recibe el mayor programa de vigilancia mundial jamás creado y operado por la Agencia de Seguridad de las Empresas Unidas, para la recogida masiva de comunicaciones procedentes de todas las grandes compañías de Internet que integran nuestra gloriosa supranación, señor –recitó Claudia Löffler mecánica y marcialmente.

- ¿¡Y por qué más!? –exigió saber el mayor Scherbius, que parecía estar pasándoselo en grande.

- Porque es nuestro deber y nuestro destino implementar OCULUS en cada servidor, en cada nodo, en cada conexión, ordenador, tablet o teléfono móvil –continuó declamando la teniente Löffler con la mirada perdida en el infinito-. Expandir la guerra contra el terror a todos los rincones del planeta para evitar otro 11S y garantizar la supremacía de nuestros servicios de inteligencia.

- ¡Muchas gracias teniente…! –reconoció sinceramente satisfecho Scherbius-. Como ve, aún sé más latín que usted… -y, de nuevo, dirigiéndose a todo el grupo dijo-: Como muy bien nos ha explicado nuestra camarada, la guerra en la que les ha tocado combatir a ustedes no requiere de cavar trincheras, comer de lata o esquivar fuego de mortero… Su guerra es evitar que se vuelva a producir un 11S. Porque si llegase a acaecer otra jornada aciaga, como aquella sucedida hace casi veinte años, será culpa suya. Igual que aquel 11S es el estigma que arrastraremos durante toda la vida los vigilantes de mi generación. Y créanme…, no les aconsejo vivir con esa carga –sentenció juntando las palmas de sus manos y apoyando sendos dedos índices contra su tabique nasal. Un gesto en el que algunos quisieron interpretar una plegaria, mientras que otros únicamente lo entendieron como un tic de concentración.

>> Comenzaremos por un test de aptitud –enunció al cabo de unos segundos, reanudando el recorrido entre las mesas de trabajo-. Cada uno de ustedes deberá crear una red de comunicaciones secreta en la ciudad que les ha sido asignada. Tienen que lanzarla, abrir la web, destruirla y volver a restaurarla. El objetivo de este ejercicio es mantener la infraestructura de forma segura –y consultando un viejo cronómetro estableció-: El tiempo medio de esta prueba es de cinco horas. Si alguno de ustedes tarda más de ocho, no se moleste en regresar mañana: su carrera para inteligencia de las EE.UU. habrá concluido, sus perfiles serán eliminados y sus accesos bloqueados. A todos los efectos, será como si jamás hubiesen trabajado para el gobierno. Así que no traten de registrar estos años de experiencia en sus currícula –y deteniéndose en seco, dirigió una mirada de suspicacia hacia el fondo de la sala-. ¿Lo he dicho correctamente esta vez, teniente Löffler? –pero no aguardó a recibir respuesta para continuar diciendo-: El gobierno de las EE.UU. no sólo negará haberles tenido de colaboradores, sino que, muy probablemente, les procesará por falsedad documental. Avisados quedan… -y, pulsando el botón superior, puso en marcha el crono, anunciando el comienzo de la prueba.

root@localhost:~ # nmap –sP 10.15.120.0/48

root@localhost:~ # nmap –p7673 –script=ptest.oculus.eeuu

root@localhost:~ # tar cvjf sglfiles.tar.tb2 /dbdunp

root@localhost:~ # sudo nmap –sP 10.15.120.0/48

root@localhost:~ # tar –extract –file=sglfiles.tar.bz2 /dbdunp

root@localhost:~ # bash sntoolscr.sh

Suspendida sobre la cabeza del mayor Scherbius, cuya mirada vigilaba incansable los progresos de los integrantes del grupo, la gigantesca pantalla de 2.620 pulgadas se dividía en 24 cuadrantes exactos (6 de ancho x 4 de alto), cada uno de los cuales mostraba los avances en aquella prueba de las probablemente 24 mentes más inteligentes del mundo. Sin embargo, pasada la primera media hora, Scherbius se quedó tan absorto en el bello lenguaje de programación que desarrollaba el capitán Zawistowski –verdadero macho alfa de aquel selecto grupo de virtuosos del código, por quien Scherbius no tenía reparos en mostrar predilección, poniéndole como ejemplo ante el resto siempre que tenía ocasión-, que se le pasó desapercibido que, en el cuadrante inferior derecho de la descomunal pantalla, cinco barras de estado cinco, mostraban sendos mensajes de COMPLETE SUCCESSFULLY en negro sobre fondo verde fósforo. Pero lo que sí pudo escuchar fueron unos pasos a su espalda que se aproximaban…

- Señor…

- ¿Sí, teniente Löffler…? ¿No me diga que tiene alguna duda sobre el ejercicio…? –preguntó Scherbius con sorna, aun dándole la espalda y sin siquiera molestarse en girarse.

- No, señor –dijo tímidamente Claudia Löffler-. No es eso… Verá, señor… Es que he terminado.

- No hace falta que me avise cada vez que termine una fase –respondió el mayor sin apartar la vista de la inmensa pantalla.

- No, señor. Por supuesto, señor –dijo Löffler, girándose hacia sus compañeros, como buscando su consentimiento, antes de anunciar-: Verá, señor… Es que he terminado del TODO.

- ¡Venga ya Löffler! ¡Eso es completamente imposible! –protestó Scherbius en un tono algo más agudo de lo que en él era habitual, incapaz de seguir ninguneando a la teniente Löffler y girándose para asegurarse que ésta no había perdido el juicio-. Si sólo han pasado 30 minutos…

- 28, señor –puntualizó la interpelada.

- ¿Cómo dice…? –preguntó Scherbius claramente sobrepasado por las circunstancias.

- Que han pasado 28 minutos, señor –confirmó Löffler.

- A ver dónde ha metido la pata –dijo Scherbius mientras se levantaba de su butaca ergonómica. La monótona armonía producida por el constante tableteo simultáneo sobre 23 teclados se detuvo repentinamente, lo que no hizo sino revestir de matices estremecedores el silencio que se estableció en la sala. Un silencio únicamente quebrado por las pesadas suelas de las botas con las que el mayor Scherbius golpeaba a conciencia el suelo mientras cruzaba por completo la estancia, antes de sentarse frente al terminal empleado por la teniente Löffler para realizar el ejercicio…

root@localhost:~ # cdbackup

root@localhost:~ # ls -aril

Una vez que el mayor Scherbius tecleó estos comandos, la pantalla le arrojó líneas y más líneas de código que él miraba con una mezcla de asombro y estupor. Alternaba su mirada entre el rostro de Löffler –parada de pie junto a él- y el monitor, incapaz de cerrar la boca.

- No ha dicho que tuviéramos que hacerlo en orden, señor –dijo la teniente a modo de disculpa-. Así que he descompuesto la secuencia para ahorrar tiempo y he automatizado el proceso de backup para que se ejecutara mientras desarrollaba la web –el mayor Scherbius, cada vez más sorprendido, como no supiera qué decirle a aquella jovencita menuda y delgada, entonó una recriminación al resto de los allí presentes:

- ¡Miren a sus monitores! –a lo que los 23 aspirantes restantes respondió reanudando el aporreo sobre sus respectivos teclados. Acto seguido, Scherbius se encaminó de nuevo hacia su butacón, dando la espalda a la teniente Löffler quien, esta vez verdaderamente ofendida, preguntó con toda la potencia que su voz le permitió:

- ¡¿Qué quiere que haga ahora, señor!? –Scherbius detuvo su avance unos instantes y, antes de continuar de camino hacia su asiento, dijo sin molestarse en girarse:

- Haga lo que le dé la gana.

Publicado la semana 23. 04/06/2018
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Engrams - Three Trapped Tigers , Vigilancia Mundial, Edward Snowden, NSA, Proyecto PRISM , De noche, En la cama, Con ganas
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