Semana
02
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - A Freddy le toca la lotería

Género
Relato
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Las tazas rojas delante, pero dejando entre ellas el hueco correspondiente a una taza invisible, de manera que las verdes puedan verse por detrás, intercaladas... Rellenar los azucareros, los servilleteros, los espolvoreadores de canela y de toppings hasta arriba. Completar los dispensadores de sobres de sacarina y stevia... Abrillantar con vinagre primero, y con un taponcito de vodka diluido en agua después, griferías, tiradores, portafiltros y rociadores de vapor...

Le daban mucho por saco todas aquellas rutinas mañaneras. Especialmente en esta época del año, en la que les exigían redoblar el peloteo y edulcorar aún más la ya de por sí hiperglucémica atmósfera de heteroestima hipócrita, destinada a incrementar todavía más los índices de consumo: "Que disfrute de su café. ¡Feliz Navidad!"; "¡Magnífica elección! ¡Cómo se nota que es usted una experta cafetera!".

Habría preferido comerles el chumino a cada una de aquellas engreídas que hacían cola para pagar por un vaso de poliestireno desechable relleno de agua reciclada y coloreada lo mismo que él ganaba en una hora de curro, que destinar el minuto que aproximadamente les dedicaba a regalarles los oídos con las frases que les "recomendaban" en las sesiones de team-building ". Sin embargo, temía que si no hacía lo que se esperaba de él, volvieran a recluirlo en un establo... ¡Y haría cualquier cosa con tal de no le enchufasen de nuevo a la ordeñadora!

Faltaban apenas quince minutos para las 06:00, la hora de apertura, cuando sintió el familiar zumbido del biocell detrás de su oreja derecha. Mientras presionaba suavemente el trago sobre el orificio auditivo, apretó las mandíbulas y entornó los ojos, en un intento de mitigar la grima que le ocasionaba alojar la odiosa voz de Lydia en el interior de su cabeza. Solía realizar una mass-call justo antes de la apertura de las cafeterías para dar los buenos días, "motivar" (y, de paso, controlar las posibles ausencias de personal) simultáneamente a los cientos de empleados que sufrían su simpática tiranía.

Sin embargo, la que resonó en algún punto entre sus ojos y su lengua, lejos de ser la falsamente cálida voz de su jefa regional, más bien parecía la de una joven burócrata de cuyo profundo y sosegado timbre, se deducía cuán pagada de sí mismo estaba aquella desconocida que le llamaba...

- ¿El señor Tizzone...? -aquella voz sonaba tan mecánica que, durante unos instantes, Freddy creyó que estaba recibiendo la llamada de uno de esos robots parlantes que te recuerdan la próxima cita con tu dentista o con tu estimuladora personal, suponiendo que él hubiera tenido crédito suficiente como para costearse estos servicios... A punto estaba de volver a pulsar sobre el trago de su oreja derecha para abortar la comunicación cuando, en algún punto ubicado entre su cerebelo y su pituitaria, Freddy escuchó la frase que aquella noche le mantendría comiendo techo en su cápsula dormitorio.

- Señor Tizzone. Usted aún no lo sabe, pero le va a tocar la lotería...

- Amiga, no sé quién es usted, pero ha de saber que hace tiempo que renuncié a perseguir esa zanahoria... Es fácil cuando te quedas sin bitlikes... ¡Buen intento, de veras! Pero ahora, si me disculpa (y si no también), está a punto de empezar mi turno de trabajo... -segunda tentativa frustrada de cortar la llamada por parte de Freddy.

- ¿Y si le dijera que mañana a esta hora podría usted disponer de tanto karma como para poder escoger el rol que le diera la gana? -de pronto el sosiego de aquella voz grave, se permitió un destello brillante y agudo que terminó de convencer a Freddy de que no estaba de cháchara con una máquina-. Y no le estoy hablando de papeles de reparto, ni siquiera secundarios... Si hace lo que yo le diga, mañana se despertará siendo el protagonista de su propia historia. 

Llegado este punto de la conversación, Freddy ya había corrido a refugiarse en uno de los perfumados y coloridos cubículos destinados a aliviar las necesidades más escatológicas de la clientela. Él mismo sentía una necesidad perentoria de aliviar su vejiga - Usted sí que sabe cómo captar la atención, eso tengo que admitirlo... Soy todo oídos -, reconoció mientras forcejeaba con el cierre de los absurdos tirantes que formaban parte del estrafalario atuendo corporativo-. ¿Qué se supone que tengo que hacer...?

- Sencillo -escuchó decir a aquella desconocida con voz satisfecha y risueña en algún punto entre su epiglotis y su cavidad nasal-. Hágame el favor de extraer la cápsula del dispensario de tissues higiénicos que tiene justo a su izquierda.

Freddy obedeció, descubriendo tres piezas plásticas de un brillante y verdoso blanco casi fluorescente, que debidamente unidas formaban la empuñadura, el tambor y el cañón de un ligero y aparentemente inofensivo revólver de juguete. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones facilitadas por su ignota interlocutora, Freddy aprendió tres cosas: 1. A ensamblar aquel revólver; 2. Que no era de juguete, pues se trataba de un modelo inspirado en la Liberator (la primera pistola de impresión 3D que comenzó a comercializarse en Internet hace un par de décadas); 3. Lo que aquella desconocida esperaba que él hiciese con ella...

- Aproximadamente en 5 horas, frente al mostrador en el que usted dispensa cafés, alguien le pedirá el único Strawberry Red Velvet Mocha que le solicitarán a lo largo del día de hoy. Y, si hace lo que le pedimos, le garantizo que será el último que sirva -aquel inédito plural mayestático consiguió ponerle los pelos de punta a Freddy aún antes de que aquella voz, que de pronto se le antojó que sonaba en algún punto entre su tercer y cuarto chakra, expresase lo que él ya sospechaba de sobra-. Lo que le pedimos es que le dispare con la Liberator dos tiros en el pecho y, si aún conserva presencia de ánimo, le aloje un tercer proyectil entre los ojos.

Y una cálida humedad se extendió por la pernera de su pantalón...

Publicado la semana 2. 09/01/2018
Etiquetas
Apparat , Internet, Capitalismo 4.0, Tecnología, Big Data , De noche, En la cama, Con ganas
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