Semana
16
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - Minus inter pares

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Relato
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- ¿Cómo ha podido suceder? -preguntó Vanessa, tan pronto como logró recuperar la voz-. Me refiero a que Tricia siempre hacía bromas sobre todas las medidas que seguridad que hay en estos edificios, destinadas precisamente a evitar que algo así ocurra... Y que ella llegaba a calificar de "paranoicas".

- Eso mismo nos preguntábamos nosotras -reconoció con la vista clavada sobre el cadáver de Tricia la agente especial Cooper-. En el MSS nos tomamos muy en serio nuestra labor. Por eso cacheamos a las chicas antes y después de abandonar sus celdas. Seguramente, usted misma ha visto y habrá tenido que pasar por el arco de rayos x instalado a la entrada. Está absolutamente prohibida la entrada de objetos punzantes o cortantes: hasta los envases de las raciones de Fuel que se sirven en los comedores comunales de las colmenas han sido expresamente diseñados con materiales inocuos. Checkapp, la aplicación que monitoriza en todo momento las constantes vitales, nos habría alertado en caso de que Tricia hubiera accedido a sustancias tóxicas. Las actividades y conversaciones de toda índole son controladas en tiempo real a través de los dispositivos móviles. Diversos programas de inteligencia artificial se encargan de analizarlas, en busca de términos o giros lingüísticos que pudieran sugerir la intención de atentar contra la propia vida...

- O en contra del sistema establecido... -apostilló cínica Vanessa.

- Eso es absolutamente falso -la agente Cooper se sabía al dedillo el manual de estilo del Ministerio de Soledad y Suicidio-. Todas las medidas de seguridad que aplicamos son de carácter preventivo. Las ciudadanas de La Sororidad son conscientes de que están siendo monitorizadas las 24 horas del día a través de sus teléfonos móviles. Saben que es por su propio bien y se prestan a ello voluntariamente. Ninguna de ellas está obligada a hacerlo. Y, hasta el momento, no nos constan opiniones contrarias al sistema de confiabilidad, ni manifestaciones de descontento con respecto a su aplicación.

- ¡Claro que no les constan! ¿Cómo iban a tener constancia de ellas –arguyó Vanessa, cada vez más indignada ante la hipocresía de la oficial del MSS-, si la mera aplicación del sistema de confiabilidad imposibilita que las hermanas puedan opinar, para bien o para mal, so pena de un correctivo ejemplar, o incluso la pérdida de la condición de ciudadana…?

- ¡Hermana Womb! –zanjó la agente Cooper alzando la voz por encima de la de Vanessa-. No existe ninguna prueba de que las aplicaciones de confiabilidad hayan sido empleadas para menoscabar la libertad de expresión. Y mucho menos para reprimir cualquier tipo de manifestación subversiva, como usted pareciera sugerir. Por tanto, le insto a que no contribuya a difundir ese tipo de desinformaciones. Y, por su propia conformidad y bienestar, le sugiero que abandone esa línea de pensamiento tan..., cómo diría su finada amiga..., paranoica -concluyó mientras manipulaba la tablet que llevaba adosada a su antebrazo izquierdo y miraba a Vanessa directamente a los ojos con una expresión retadora.

>> Además, a una persona tan popular como usted no le interesa vincularse con este tipo de corrientes de pensamiento negativo. Supongo que, a la luz de su inmensa fortuna en crédito social, no le importará que le ponga una pequeña multa. Una insignificante merma en su cuenta de karma que quizás le sirva de bienintencionada amonestación... ¿Qué le parecería... 5.000 bitlikes por desacato a la autoridad? 

- Aún no ha contestado a mi pregunta -recordó Vanessa, tratando de reconducir la conversación, perfectamente consciente de la agente Cooper la acababa de incluir en el exclusivo grupo de "personas de especial interés". ¡5.000 bitlikes! Si la pobre Tricia siguiera viva, se volvería a morir del susto... Ella no conseguía ganar esa cantidad ni en su mejor mes-. Dígame, por favor... Entonces, ¿cómo es posible que mi amiga se quitase la vida en el interior de su propia...? -a Vanessa siempre le había repugnado pronunciar la palabra "celda", porque eso le recordaba precisamente dónde vivían millones de chicas como Tricia y lo que eran: prisioneras de aquella mierda de sistema.

Las "Minesas" de La Sororidad, como las solían denominar despectivamente en programas como Reality Friends... Y la pobre Tricia era una de aquellas eternas aspirantes a princesas, obnubiladas y acomplejadas por la misma falsa promesa de felicidad indolente presente en todos y cada uno de los relatos que pergeñaba el sistema. La dulce e ingenua Tricia, una minus inter pares más, obsesionada con alcanzar el éxito a cualquier precio, siempre a la espera de que alguien (cualquiera menos ella misma) descubriera su talento y su valía. La bella y joven Tricia, cortada por el mismo patrón que otras cientos de millones de minesas como ella, prestándose voluntariamente al juego de ser vampirizada por aquel establishment que se nutría de su lozanía y de sus ilusiones, drenándoles la energía hasta convertirlas en un despojo que se escurría silenciosa y anónimamente por el sumidero… Una más; una menos…

- A las 21:13 el sistema alertó de un seis-setentaidós, una de las infracciones más graves que existen -aclaró sin esclarecer nada la agente Cooper- en el interior de este nicho. El resto es información reservada. Me temo que no puedo decirle más; salvo que, cuando alguien como su amiga está decidida a quitarse la vida -por muchos que sean nuestros desvelos desde el MSS para prevenir este tipo de fatales desenlaces-, siempre encuentra la forma de hacerlo, por muy insólita y original que sea. Porque si hay algo que sí puedo decirle del método que ha elegido la hermana Tricia Fuentes para suicidarse, es que ha sido el más original y significativo de los que he visto a lo largo de mi carrera. Y, precisamente por esa razón, casi imposible de evitar…

Los ojos de Vanessa volvieron a transformarse en dos manantiales. A través de las lágrimas, la imagen del rostro inmóvil y relajado de Tricia emergiendo de aquella crisálida plastificada, le trajo a la memoria la noche que, ya de vuelta de las cataratas de Katterskill, ambas pasaron bajo las estrellas, envueltas en sus sacos de dormir, en la trasera de la pick-up que Vanessa había arrendado para realizar aquella excursión.

- Prométeme que no me dirás nunca lo que te ha costado alquilar este trasto –me rogaste medio en broma medio en serio-. Creo que no podría pegar el ojo en toda la noche pensando en todas las cosas que tú puedes hacer con un simple chasquear de dedos y que yo jamás me podré permitir…

- No todo en la vida se puede medir en bitlikes, Tricia –te reprendí sin poder contenerme-. Me asquea mucho la gente que únicamente ve en los demás una cuenta de karma y gestiona sus relaciones sociales en función de la rentabilidad que éstas son susceptibles de ofrecerle –temí que te tomaras a mal aquel reproche, al intuir el rígido respingo que se produjo en el interior de tu saco-. No me malinterpretes. Con esto no quiero decir que te incluya a ti en el mismo grupo. Es solo mi manera de decirte que, entre tú y yo sobran las comparaciones: no tenemos por qué competir. Todo lo mío es tuyo. Haría cualquier cosa por ti. Valoro más tu compañía que todos mis bitlikes… -me asusté porque durante un rato te quedaste muy callada, lo que era absolutamente impropio de ti. Hasta que pasado un rato me dijiste…

- Ok, si quieres que te crea, tienes que contarme algo absolutamente secreto de ti. Algo de lo que te arrepientas, o de lo que no estés orgullosa, o que esté prohibido por La Sororidad. Porque, ahora mismo, eres insufrible: estás buena, eres popular, inteligente, resulta que también eres una especie de misteriosa montaraz y, además, estás a punto de hacerme creer ese rollo de que te importa más una minesa de mierda como yo que toda tu fortuna en karma… Y necesito saber si simplemente tratas de ser amable o si realmente eres honesta conmigo.

- Lo haré si tú haces lo mismo –te dije mirándote a los ojos.

- ¡Trato hecho! –respondiste sin pensarlo. En aquel momento, como siempre, creíste que eras tú la que menos tenía que perder de las dos.

- Temo decepcionarte –te dije tratando de ganar tiempo-. Porque lo que voy a contarte, a pesar de que es un secreto y está prohibido, no es algo de lo que pueda arrepentirme… De hecho es lo que soy y de lo que más orgullosa me siento –estabas tan expectante que ni siquiera te atreviste a interrumpirme para que instarme a que continuase hablando…, simplemente devorabas mis palabras con tus preciosos ojos negros muy muy abiertos…

>> Cuando antes dedujiste que no era la primera vez que venía a este lugar estabas en lo cierto. De hecho, no muy lejos de aquí estuvo el que fue mi hogar hasta la adolescencia, donde vivía con mi madre y… Bueno, y eso… -quise dejarlo por aquí, porque sabía que contarte toda la verdad no sería una buena idea. Pero tú no estabas dispuesta a conformarte con la mitad de la historia…

- Continúa, por favor –me suplicaste con una dulzura infinita, mientras me colocabas un mechón de cabello detrás de la oreja. Aquel gesto me hizo confiar-. Vivías con tu madre y…

- Y…, con mi padre –confesé.

Publicado la semana 16. 16/04/2018
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