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Román

Accidentes y pecados (De cómo...)

ACCIDENTES Y PECADOS (De cómo…)

 

De cómo un conductor chofer de autobús es tan zángano que prefiere largar y apurar un café antes que abrir el coche a los pasajeros ateridos por la madrugada (que no mandrágora) otoñal, y alentar la congelación de dicho embarque creciente, impaciente y aturdido tras oníricos fallidos.

                                                 Egoísmo

De cómo la pasajera primera no sube cuando al fin toca y el truhan vuelve a su trabajo abandonado abriendo tarde, mientras la señora fósil retiene la cola y mantiene a la fila en espera, inerte, sin atender queja, y sin entrar porque:

―No me ha dicho que suba.

»No me ha dicho que suba.

»No me ha invitado a subir.

»¡Tiene que decirme que suba!

»¡¡¡NO ME HA DICHO QUE SUBA!!!

En bucle y demora perpetua mientras fríos aprietan y enfados arrecian.

                                                   Estupidez

¿Final? Aún no.

De cómo todos y todas acceden, azarosos y gélidos en su retardo obligado. Pocas muchos.

Arrancando el trayecto. Perdiendo a su guía y timonel en durante.

Porque acaba copulando el vagoconductor con la vieja pelleja telúrica en el techado del autobús. Atracción por disparidad entre especies absurdas.

Mientras el vehículo sin gobierno se dirige ineludible al barranco directo sin giro ni curva ni tiento ni salve. Entre grito libre. Con héroe buscando vacuo rescate sin carné o idea al volante.

En sangre y orgasmos caída libre coincide con muertes eyaculadas. Escapando la vida antes del impacto.

Riendo en eco justo y demente su penúltimo ocupante. El callado. El llamado.   

Que vuela y vuela. Que cae y descae. Que aterriza sin agonizar y dice:

―No llores lector. No se ha perdido nada. No suele…

                                                   Prepotencia

 

EPÍLOGO

De cómo mientras, a los tiempos, ese mismo escritor narrador viajante sonriente, espera subir a un avión con las periferias de prisas e ignominias; escrutando culpa y ofensa ilusoria. Con nuevo castigo en su mirada de accidente y retardo.

Aquel que no duerme y siempre se muere y solo en ese final habla.

Postdata moralejística:

“La gente, mayoritariamente, es irrespetuosa e imbécil.”

                                                  Sinceridad

 

EPÍLOGO POSTDATA

De cómo yo os inventé y me aburro. Quizá debiere cerrar el puño sobre el globo terráqueo, que con mis letras fabriqué y se resolvió en evolución ignorante, para devolverlo, una vez más, a la caja de juguetes fallidos…

                                                           Ego

 

 

Publicado la semana 48. 30/11/2018
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The End... , Experimentación siempre. Cómo decir y hacer sentir?
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