47
Román

Es-Cri-Be...

ES-CRI-BE…

 

El ampuloso escritor se sumergió en su relato.

Tiempo ah que no redacta, limitado por su propia voluntad de títere a un esbozo hipnótico que le permitiere suficiente trance para lograr el ascenso y acceso al texto con sus comprensiones siempre esquivas e intrínsecas.

Nunca guió su pluma y verbo; bien al revés fue y será el mando.

Así, preso del arte automático subconsciente, se zambullía en la tinta alucinatoria dejando cuerpo atrás.

Allí, entre espirales, olas, torbellino y agujeros negros de ideas conceptuales; tramas, personajes, desenlaces, escenas y momentos. Emociones todas.

Navega por las venas de cada posibilidad argumental, cosiendo a mano los trazos y tramos en delicado pespunte. Palabra-frase-párrafo-capítulo; atemporales y desordenados. Sentimiento desatado.

Ríe y llora y asusta y ama. No hay género y sí voz de estilo.

Único

Indómito

Inimitable

Primitivo

No falta el enemigo etéreo: la inconstancia, la pereza, la reiteración, la vulgaridad. Que lo acosan y atosigan en forma de bruma densa anegando sus capacidades, que aspiran a bloquearlo en anulación; olvido de esos escurridizos alumbramientos de imaginaria que se evaporan cual zarcillos de humo entre pensamientos.

Se niega, no hay musa; nunca hubo o habrá. Su cuerpo espasmódico entra en danza, pero la escaramuza se resuelve interna.

Querer y no poder, saber y no entender, ansiar y no mostrar. Siempre en contradicción. Siempre hacia adelante.

Se impulsa su carne dormida y agarra los baluartes, afronta la hoja armado a pluma y continua ese solitario inicio.

Es muñeco y marioneta de sí mismo. Sonámbulo impulsado por puro deseo, por la inspiración más y menos noble.

¿Es autentico quien no es narrador voluntario?

¿O resulta plagio?

Frenético, trajina dentro expresivo como director de orquestas, reflejando fuera autómata mecánico. Sigue y sigue y sigue.

Entra en su frenesí, se deja llevar por la marea. Cada vez más profundo hasta ser todo y uno.

Se descorcha y desborda el champan onírico en clímax.

Se reposa el orgasmo con epílogo fino y sorpresivo.

La puerta abierta.

Despierta el escritor abrumado por las cientos de páginas resultantes que le ahogan por doquiera. Flota y baila y aterriza el papel rebosante. Cae el autor, de nuevo recipiente. Sin cortar sus hilos ahora destensados.

Arriba están satisfechos.

Que repose. Leve. Merecido.

Hasta que la emoción sea demandada con hambre y necesidad, creatividad e imaginación para saciarse a manos y mentes llenas. Su ineludible alimento.

Curiosidad parásita.

Mientras, lejos y escondido, él sueña; una libertad por rebelión. Individualidad.

Y pone la primera letra cimiento de su ejército y castillo medrante para por ello, mientras crea y recrea en su rincón secreto el panteón propio de númenes no titiriteros.

Queriendo trocar la obligada ofrenda por batalla justa.

La guerra de lengua se acerca…  

Publicado la semana 47. 20/11/2018
Etiquetas
La obsesión del escritor!
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
47
Ranking
0 159 6