Semana
44
Román

El Dentista Terrible

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EL DENTISTA TERRIBLE (CUENTO)

 

Apareció, con sus pelánganos hippies y sus artilugios punzantes.

Contradictorio.

Con mirada aviesa traviesa que prometía dolor mucho dolor.

Engalanado con bata blanca, mascarilla ahora, jeringa inflamada, aguja presta y afilada.

Empezamos.

Se clava cual lanza, Quijote demente en mando. Directo al núcleo del daño.

Gritaría si no tuviere la boca presa.

Luego

Indaga y busca tras tesoro ficticio.

“¿Qué guardo escondo dentro?”

Excava hondopronfundo en penetración con aguijón y espina.

Observa mediante espejos reversos.

Descubre y cubre.

Lo siento llegar en la espalda. En nervios ateridos.

Recorriendo.

Entrando y saliendo.

Extrayendo.

“Ha encontrado…”

Tensión dormida domina en mí.

Manos pálidas de agarre y piernas rígidas por aguante.

Si me muevo, expongo órgano.

Hurga Hurga

Rompe Rompe

Rasga Rasga

Saja Saja

Apuro mi fin. Aguanto el mundo mudo. No respiro.

Veo su sonrisa de Joker tras la careta impoluta, donde saltan en lluvia gotas de sangre.

Míanosuya.

Ejerce estocada.

Me rindo y caigo y no floto.

Cierro persianas de ojos cobardes.

¿Si no miro no sufro?

Cae telón pobre.

No me alcanza el desvanecimiento, siempre inoportuno y nunca puntual.

No me salva campana ni reloj de arena.

Sólo una voz:

 

―Ya está. ¿A que no fue nada?

 

Exploro con lengua para avaluar pérdidas.

Continuando con el mismo miedo anterior y mayor.

Todo parece colocado, correcto, indemne.

Pero no.

Tengo mácula.

Agujero oclusivo obstruido.

Un muro en mi muela.

 

―¿Todo bien?

 

Respiro. Relajo. Resisto.

.

.

.

¡¡¡Empaste con éxito!!!

(¡¡¡Empaste superado!!!)

 

Creo…

 

 

FIN

Publicado la semana 44. 30/10/2018
Etiquetas
Eras en sillones de dentistas , Antes de acudir al purgatorio
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