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41
Román

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RÍOS

 

La mirada de un niño es indescifrable. Sus fantasías y miedos, percepciones y expectativas; una visión única e imposible de compartir, mucho menos aún explicable o reproducible.

Así estaba Ilyana frente al río; anonadada e imitando a las estatuas. Eso, por fuera; su interior, su pensamiento, bullía.

Mientras, su familia y amigos de la misma, organizaban la excursión y banquete anual en la naturaleza. Una suerte de algarabía colectiva para justificar excesos, deseos y desahogos, con bebida y comida pantagruélica.

Suceden y son estos días para pecados que no se oyen, no se ven y no se cuentan fuera de allí. Filosofía de los tres monos sabios. Todo está permitido desde el respeto y la confianza, sin alternar el flujo cuando regresan a la civilización.

Pero antes de comenzar el estival festival, la organización es fundamental para luego poder desatarse sin responsabilidades. Cada persona tiene tarea adecuada a capacidades y edades; abuelos y nietos, inválidos o forzudos, cocineros u informáticas.

¡Todo y cada cual!

Por eso llaman a Ilyana, todavía hipnotizada por el meandro de fuerte corriente. Descifrando y desentrañando mientras la reclaman para que aporte su toque imaginativo en la selección y orden de disparo para los fuegos artificiales. Ardiente tradición y previo del verdadero fuego y pasión.

Pero ella no escucha. Apenas ve. Sí mira: fijamente, profundo.

Allí donde el resto de los invitados ven flujo de dulce agua, orilla y recodo entre bosques y claro, ella vislumbra una criatura emergida de leyenda, de primigenia prehistoria, de sus coloridas novelas multipolares.

Lo tomó por dragón de inicio. Erró. Era Ella y era Dino. Madre de la nésica serpiente de lago. Aún irguiéndose en toda su talla por encima de las secuoyas y sus copas sin sombreros. Anegando con su sombra cualquier otro foco o realidad.

Ilyana teme tanto como emociona. En esa descomunal boca cabe toda su clase física, paredes y alumnos incluidos. Demencial. Si no fuere por la mueca que adorna. ¿Quizá una sonrisa?

Sus ojos, invertidos a esa y cualesquiera altura, alternan travesura benigna y maldad no consensuada. Parece divergente en su proceder sobre ella, diminuta Ilyana, que capta toda su ciclópea atención: la una de la otra.

Paralizada y sin recursos por vez primera, la niña habla sin palabras a la criatura de cuello eterno, de lomo todavía por descubrir, de extremidades mutantes.

Se siente atendida y comprendida, mayor desde la insignificancia, aunque sólo dure la sensación el segundo que desemboque en bocado letal. Merece la pena. Frente a frente. No se perdonaría la huida.

Saluda con respeto.

Consulta desde la curiosidad.

Solicita humilde.

Delibera la Titán. Rumia con hambre. Rumia con posibilidades hurgando en esa minúscula cabecita tan llena y plena de ideas.

Fuera de ese mundo, su tía ve a Ilyana inerte y plantada, e incrementa la demanda de su presencia sin amabilidad. Su sobrina, siempre tan hiperactiva y con tendencias problemáticas, parece ahora momificada, contraria a su inercia.

“¿Estará bien?”

Sopesa acercarse a comprobarlo y rescatarla cuando una dificultad menor pospone el hecho.

No la volverá a ver.

La antigua especie resuelve su determinación, cara y cruz, alpha y omega, ying y yang. Contesta a la niña por su mismo canal. Promete, explica, desarrolla leve y concreto, con palabras mejores que las sonoras. Expone riesgos. No será fácil. Requiere voluntad, sacrificio; mente diáfana.

Ilyana se abre. Acepta sin mirar atrás.

Las fauces descienden y se cierran sobre ella. Se hunde a continuación si masticar la criatura, súbito entre las aguas, salpicando en kilómetros a la redonda lo que se toma por una lluvia de instante.

Y ya no están.

Pasarán horas y días y años buscando. Tras la celebración eso sí, lo que incrementa la culpa. El daño.

La desaparecida no retorno; lo hará, pero en otro tiempo, dimensión y evo.

Ilyana, por su lado y cuenta, ha traspasado lo inimaginable. Puesta en la clase de novatos para aclimatarse en aprendizaje intensivo: sufriendo en los relatos de Poe, cabalgando la dragonlance, cargado contra aspas junto a Quijotes, enfrentado payasos y tótems, reído con Ende… Y ello, de inicio. Al son de músicas sin flautas.

Ahora, respetada y reina, crea universos como juegos de mesa. Sitúa las piezas nosotros y los otros nosotros. Evoluciona y nos evoluciona. Es mucho la niñamujer sin serlo todo. Sus maestros observan orgullosos.

Ilyana, desvariando sobre su próximo salto innovador, ha fijado sus ojos en ti. Poniéndote a prueba. Enviando a la criatura su amiga.

¿Estás preparado?

¿Estarás a la altura?  

Publicado la semana 41. 12/10/2018
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Quién sabe...?
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