Semana
40
Román

La Curva de la Chica

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LA CURVA DE LA CHICA

 

La atracción resulta magnética, férrea, inevitable.

Su mente, obnubilada, sólo conoce un punto cardinal subconsciente; modo automático generado por la repetición reiterativa.

Una y otra vez el mismo sendero, habiendo hecho el viaje a pie, mezcolanza transoceánica o como polizón inconstante.

El destino siempre, siempre, es el mismo.

Una atadura empática emocional, psicosomática en relacionada con la cordura y su otro reflejo en el espejo.

Pero mantiene una variable inmutable:

El último kilómetro, que concluye penúltimo porque nunca nada se acaba en verdad, lo recorre a pie.

Fijándose en el asfalto carcomido por neumáticos ansiosos, desgastado por frenazos en susto y derrapes etílicos. Manchado de aceites y fluidos automovilísticos junto con alguno animal.

Cuenta muchas historias la Curva, el lugar señalado de su peregrinaje: antes de ser calzada romana, tuvo cicatrices de travesía selvática creada en artificial, bien aprovechada por las primeras sociedades de a uno y a dos y a cien.

Pero su raíz se remonta prehistórica, hollada por criaturas extintas y desterradas.

Y, pese a su edad, sigue vigente, renovada pero señora la Curva ignota, veterana en sus lides. Conocedora de conductores, ingenuos y curiosos; de impulsivas y alterados.

Allí reposa, rememorando, anticipando cuando escucha el murmullo de la velocidad; otro coche, camión, autobús o moto. Se describe a medida que se acerca. Sabe distinguirlo pese a su cada vez menor cadencia, obsoleta que no abandonada. Secreto a luces, alternativa de autopistas.

Adaptable. Considerada como maldita. Olvidada. Renombrada de nuevo.

Así aguarda a su niña. Una de los muchos y muchas especiales. Que legó su vida allí, a ella, como tantos otras. Que no supo medir, que no profetizó cómo la Curva tramposa se transformaba para alimentarse: de carne, de sangre. De pérdida.

Entre esa multitud de víctimas, cascada en flujo continuo y medido, una se preserva y es preservada:

Ella. Sólo Ella. Todo Ella.

Que lloró arrastrándose sobre grumo y alquitrán. Que traspasó estratos con sus lágrimas, y llegó al abismocorazón profundo de la Curva.

Para vincularse.

Empatía, ¿recuerdan?

Camina esa ella levitando, sin cruzar nunca líneas blancas, sin perturbar esas otras líneas lain, más ocultas y sagradas. El Haz.

Vuelve a la Curva, su Madre segunda, en reposo tranquilo una y otra vez, donde ofrendan flores frescas y renovables. Con su nombre pretérito y poco importante.

Recuerdo

              Pena

                          Añoranza

              Amor

Acaricia esos pétalos que son familia, que son cariño, que la convierten en inmortal. Mientras permanezca la sombra de su memoria en mentes individuales y colectivas.

Trascendida, ya no se relaciona con las personas. No como las personas se relacionan con otras personas.

Ha llegado.  

Se sitúa primero en el punto de impacto, accidente provocado en intenciones nefandas, frente al robusto árbol donde aterrizó, tocón ahora. Se rebota y danza de espaldas hasta donde cayó.

Se desliza el mismo espaciotiempo que reptó agonizando ayuda.

Y se detiene donde se apagó sin pulso y aliento.

Allí-------

                                      Inhala-sístole

                                      Exhala-diástole

Hasta que Madre la convocó de vuelta. La hizo nueva y mayormejor. Carnívora.

El reencuentro. Mañanas y ayeres.

Se miran a los ojos la chica y la Curva, las dos Ellas; ella reciente al final de su transformación eterna, ella antigua en el principio de un nuevo cambio.

Cuando se acerca vida, latiente que no latente. Cambiando y castigando marchas, contaminando variado, irrespetando leyes y limitaciones.

La Curva se agita con hambre.

La chica se enfada traviesa.

Arranca el pulso.

Miente la Curva alterando en espejismo su trazado.

Anula la chica tal ilusión, mostrándose traslucida, señalando los peligros invisibles.

Se resiste la Curva creando zigzag y sudorando el pavimento para resbalón oportuno.

Lo seca, lo evapora la chica con el calor de su furia solitaria.

No hay más intentos. El coche y sus ocupantes pasan indemnes físicamente, mareando ritmo y timón. Estrujando su cordura para comprender qué han visto. Qué ha pasado.

La Curva enfada.

La chica sonríe.

Se quieren y adoran en disputa competitiva.

Continúan aliviados conductor y pasaje; alegres, confusos, cercanos al hogar, recorrido diario.

Hasta que vuelven a ver a la chica pálida. La chica triste. La chica que les ha salvado.

Vaporosa

Etérea

Desvalida

Que muta y se mimetiza con el fondo y trasfondo.

Una chica pálida de todos los colores.

Se detiene preocupado, cívico.

Ella se aposta en la ventanilla.

Abre la boca.

Y el conductor y sus acompañantes ya no están.

Saciada, vuelve a marchar. A vagamundear.

La próxima sangre será de la Curva, no perderá, tan y más orgullosa de su niña…  

Publicado la semana 40. 02/10/2018
Etiquetas
Leyendas urbanas y conductores nocturnos , En la noche
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