Semana
37
Román

Por Dos Monedas...

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POR DOS MONEDAS 

 

―Explícame eso de las monedas.

―Extremadamente sencillo cuando no fácil. Si quiere subir; si quiere cruzar, vuesa persona debe pagar.

―¿No habré pagado ya demasiado al encontrarme en esta encrucijada de ríos y muertes?

―Usted decide; sin la plata, no hay concesión viaje. No me muevo. Y el turno corre sin demoras.

―Hércules entró, y todavía presume de su simpa.

―El Héroe mitológico es un asunto fuera de sus incumbencias y mención.

―Entonces, si no hago el ingreso, ¿puedo regresar?

―Absolutamente no. Toda argucia y fisura, engañifa o tergiversación, fueron tapiadas legalmente, sepultadas eones atrás. Hubo mucho erudito y habrá exceso de perspicaces.

―No lo entiendo.

―No hay nada que entender. Si usted paga, le llevaré donde le corresponde; a su destino en este tránsito intermedio existencial. Elegido por los actos y acciones, decisiones y consecuencias, responsabilidades u omisiones. En contrario caso, será arrojado de manera mala al peor de los círculos. Abajo profundo nefando, donde ser devorado por eternidades es la más benévola de las atracciones. Sea.

―¡Elijo limbo pues!

―¡No existe tal o tamaña cosa como ese “limbo”! Ni purgatorios. Ni refugios. Ni elusiones. Ni cualquier estratagema de dramaturgo o poeta, de imaginario o déspota. ¡Ya cerramos esas puertas! O aceptar su destino, caballero, o el peor de todos esos y ellos destinos.

―¿Y si resulta que soy fui seré la peor de las personas y no hubiere diferencia entre el peor de todos y cada destino y el propio mío? O, peor incluso e inclusive, ¿y si saliere al cambio ganando en aquesta transacción?

―¿Se está usted riendo de mí por imitación?

―¡Jamás!

―En todo caso, resulta imposible su ínfula. Lo Peor es lo Peor. Malo muy malo. El nido desesperado; la olla de pústulas ardientes y supurantes; la fusión de carnes en sustracción de esencias. El castigo de culpa y dolor por inventar. La tortura interna-externa; propia y ajena; infinita…

―Creo que saldría ganando.

―No existe caso, disfunción o alternativa donde eso pudiere suceder. ¿Va usted a proceder con el pago de los óbolos? Criaturas de cualesquiera rincón del cosmos aguardan impacientes. Y la espera y volumen no cesan de medrar.

―Necesito reflexionar un poco más. Es mi muerte y eternidad la que está en juego. Creo voy a volver arriba. Deje un guiso pendiente al fuego…

―¡Guardianes del Estigia, que le corten la lengua sin remisión al mentecato!

―Nonono. Sin lengua no podría confesar mis faltas terribles y secretas. Ni gritar para demostrar el buen hacer de mi sufrir.

―¡Al Hoyo de la Condenación! Usted se lo ha ganado con su incoherencia y pulso verborréico. Nunca se vio semejante cosa en el Hades. Yo mismo seré su verdugo de empellón e impulso.

―¡Nononononono! Tome, sus dos monedas de cobre.

―¡Plata, rufián irreflexivo y pronto deslenguado!

―Ups. Perdón. Coses del mercado. Aquí tiene usted, buen amigo. Por favor, reme lento para que puede disfrutar del candoroso paisaje en esta agreste travesía.

―Ya veo y le leo intenciones nocivas. ¡Estas monedas son falsas, insultante purria! Acabo de perder un noble empaste con ellas en comprobación venerable. Aquí termina su destino y se despide de libertad alguna.

―¡Imposible! Culpa entonces de los bancos oníricos y fúnebres post transición mortuoria. De mis desgraciados ascendientes y prole. Estoy y me considero en regla. En acuerdo y arreglo justo. En paz y todas las paces.

―Al Hoyo. Sin más demora. No mancharé mis manos ni tiempo con su insolencia picaresca.

―¿Seguro que puedes tirar de esa palanca? Todos tenemos jefe. ¿Y si soy alguien importante? ¿Y si esto es juego o prueba mental? Además, la leyenda no habla de falsedades, sí de ofrenda y trueque. Tú has recibido sin exigir garantía, y yo no acepto devoluciones o finiquitos en diferido, y requiero mi contraprestación en forma de paseo al abismo en navío.    

―Mmm…

―Podría denunciarle por mala praxis. ¿Qué haría eso con su reputación? Croquetas de barquero, al menos.

―¿Eh? Cómo se atreve a osar y cómo osa atrevimiento…

―Venga. Si es sólo hasta la otra orilla. Luego me apaño por mi cuenta. Soy un gran explorador.

―¿Promete no mentar mi nombre, intervención o fracaso de la misma?

―Nunca. Al llegar, seré problema de otro.

―Suba. Terminemos con este desconcierto y sinvivir.

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Así, Caronte cruzó en su barca al nuevo tramposo, aspirante a usurpar y vaciar tronos. Que no tardó en corromper y sublevar el sistema de círculos y alzarse sobre las rebeliones del inframundo banalizando religiones y creencias. Afectando a todos los planos y dimensiones. Desarbolando realidad para reinventarla, deconstruyendo por truco o catástrofe para sostenerlo sometiendo con sus ideas y voluntad.

Ahora, la vida es un peligro perseguido. La muerte, un premio… torcido.

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Epílogo:

―Nos vamos a divertir, ¿verdad, mi buen amigo Caronte?

―Tendría que haberlo arrojado al pozo tras su primera palabra infecta… Ni tan siquiera se encontraba fenecido el filibustero. Toda la hermosa burocracia elaborada desde antaño y antiguo, cada infraestructura y maquinaria administrativa resultó obsoleta y decadente. Siendo derrocada. Por su enrevesado verbo. Si le hubiere cortado la lengua con mi filo… Tan cerca…

Publicado la semana 37. 13/09/2018
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De una no vida a otra
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