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Román

Pulgas de Sofá

PULGAS DE SOFÁ

 

El último reducto de tranquilidad. La tarde libre sin teléfono ni sociedad, abrazado al silencio. Acomodado cual bicho bola en el sofá, ora estirado ora fetal. Siempre en gusto; plácido, tirado, ido.

La siesta se hace adulta y traspasa el umbral de las horas rompiendo a su vez la frontera cíclica de soles y lunas. Apenas despertares durante, visitas aperiódicas leves para alivio o refrigerio, y vuelta a la horizontalidad.

¡Qué mejor!

Decide Juan perpetuarlo, olvidar la cama e ignorar el despertador; no caerá la empresa sobre sus cimientos porque falte un día, quizá dos. Se encuentra con tal agrado, liviano, sin interferencias ni distracciones del verdadero y puro descanso. Pensamiento apagado. El reposo absoluto; sea en vela placentera u onírico soñando que más duerme y vegeta.

Todo en unión, fusionado parapor el letargo.

Pero algo cambia sin que su cuerpo inerte lo note. Algo se mueve bajo la tela, dentro de los diversos y multiformes cojines enfundados. Un enemigo atávico de la procrastinación. Una criatura opaca e ignota, fuera del catálogo de especies. Con un único objetivo.

Mente colmena que reparte órdenes a sus mil cabezas y cuerpos que se mueven al unísono; ejército en miniatura atómica. No menos peligroso y agresivo por ello.

Pero Juan no los nota. No siente ni padece ni percibe más que el gozo de su pereza pecaminosa; la sensación plena y extasiada del zángano rebozado en su esencia. Perdiendo incluso masa muscular por la falta de movimiento.

Porque han pasado semanas y sigue postrado en propósito, bajo mínimos. Incapaz de incorporarse con continuidad, sin fuerzas ni apetencias, inánime que no apático. Pues es su voluntad la que ha convertido su casa en un fuerte inaccesible. Cortados los canales de comunicación y molestia por ruido. Obviando al exterior, ya sean obligaciones o responsabilidades como preocupación amiga. Sin importar nada fuera de las propias periferias del sofá. Su hogar. Exceptuando con desgana esos pocos pasos medidos y consentidos entre su refugio y la nevera ya casi vacía, o el necesario servicio. Pasillo fino y breve ya desgastado con sus huellas reiteradas.

Para regresar siempre raudo y en morriña al sofá querido, que ya ha cogido y reconoce toda y cada forma de su cuerpo, cada giro o postura.

Así yace Juan, sin saber que está rodeado.

Los especímenes de férrea disciplina han repartido posiciones en estos días, reproduciéndose incluso, a ritmo caracolesco. Dando más de varias segundas oportunidades. Pero se acabó, no hay ya perdón posible. Merece el hombre y su actitud y abandono un castigo severo. Se aprestan para el ataque feroz sin lobo.

Los vagos son el enemigo. El cáncer.

Juan es el enemigo.

Y el enemigo no merece piedad.

Juan, inconsciente en varios sentidos, ignorante, hibernando, es ajeno a la pronta guerra, y delira con clímax de modorra ya encontrada la figura perfecta y desparramada.

Y las Pulgas de sofá cargan. Para exterminio. Con todo.

Dientes

Pólipos y palpos

Antenas

Garras

Tarsos serrados

Las depositarias y facilitadoras de actividad. Quienes se han ocupado desde eones primitivos para que la holgazanería no se contagie. Para que no se estanque ni frene la evolución predestinada. Para que la Noria Rueda de la existencia gire a lomos de sus mulas de carga llamadas humanidad.

Escondidas, agazapadas, latentes en todo y cualquier lugar confortable inventado e ideado, improvisado por las florecientes y adaptativas culturas. Que tienden al acomodo, al sedentarismo.

Anidando y creciendo; siempre en alerta.

Una entidad enjambre que ha controlado la procrastinación del hombre desde el primer mono que se confortó sentado o tumbado. Poniendo límite. O extinción ejemplar. Depredador incombustible cima de la pirámide alimenticia.  

Suben sin ejercer peso sobre el cuerpo de Juan, marabunta de patas ligeras. Penetran sin violentar cada poro y folículo de piel sin dejarse uno, sincronizadas con organización prístina. Atan a su víctima desde su interno. No permiten la reacción ya imposible.

Acelerando, toman y copan y corren las venas, asaltan las terminaciones nerviosas, tiran de las riendas mentales y corporales.

Juan despierta sin estar dormido. Comienza la tortura…

Que acabará, inevitable, en S.M.S: síndrome de muerte súbita. La purga no natural para seleccionar y separar a los mejores de los parásitos.

Mientras y durante, le provocan cualquier tipo de lesión punitiva, que reparan al instante con sus apéndices habilidosos. Obligando a espejismo de máximo esfuerzo.

Estiran tanto tendones y ligamentos que convocan la peor de las agujetas. Colapsan y saturan cada constructo de su anatomía profanando. Se vinculan a su adn y extirpan las trazas de pereza.  

Do-lor

Sufre Juan como si cargase el mundo a la espalda mientras camina siendo aguijoneado con hierros candentes. Lacerado desde su organismo.

Y no puede moverse, ahora y por una vez que quiere. Ineficaz incluso para chillar socorros. Fuera de práctica con la voluntad de pelea y fuga.

Prosiguen su trabajo las Pulgas y sus larvas, que actúan de lunes a domingo en camas, sillones y hamacas. Sin invitación ni aviso o entrada.

Hacen de tu esencia, recuerdos, pensamientos, deseos y sentimientos, alegrías, una cáscara hueca. Así comen y devoran.

Laboran la destrucción completa de Juan de la manera más sufrida, hasta que se apaga su llama más allá de la resistencia que no puede y no tiene. En arrepentimiento por su vegetación pasiva. 

Así cae, sin paz, sin marca o cicatriz.

Síndrome de muerte súbita.

Mientras exhala, se autoexpulsan de su cuerpo las invasoras. Saciadas.

Ya fuera, acarician su rostro desfigurado por el horror, dejándolo plácido y florido. Cierran sus párpados y eliminan sus tensiones en un masaje de miles.

Y regresan a su cubículo nido. Aguardando siguiente rebelde. Próximo zángano.

Mientras, un día de estos, alguien vendrá a buscar a Juan, disculpando sus costumbres. Y dirán que ha muerto como ha vivido: sin hacer nada.

El final soñado. Si ellos supieren…

¿Has limpiado y revisado el sofá últimamente?

¿Hace una siesta?

 

Publicado la semana 34. 21/08/2018
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Procrastinación. Siesta. Peligros todos. , El zángano, especie en riesgo de extinción...
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