Semana
03
Román

Sistema de recogida y eliminación.

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SISTEMA DE RECOGIDA Y ELIMINACIÓN.

 

Cuanta gente mayor no habrá muerto en la sala de espera de la seguridad social antes de entrar a consulta. Y no de enfermedad. Por desesperación. Por abandono.

Yo mismo acabo hastiado cada vez que voy. No entiendo la impuntualidad, la falta de planificación. El retraso. El jugar con la paciencia.

Hasta que descubrí la verdad.

Porque da igual que seas el último, que vayas por urgencias, que recojas una receta o selles una baja antes que el doctor o doctora se marche.

Siempre queda alguien esperando. Gente mayor, de la tercera edad.

Pensadlo.

Siempre.

Y, si tienes la mala suerte de tener que repetir consulta en días consecutivos, encontraras las mismas caras, minadas por el tiempo, por la espera. Perdiendo color, perdiendo gestualidad, perdiendo vida.

Hasta que desaparecen y caen en el olvido.

Un día están y al siguiente no.

Ya nadie les reclama. Nadie nota su falta. Esa ausencia no es novedad. No son importantes.

Te acostumbras a no verles por casa. A responder mecánicamente cuando te preguntan familiares, conocidos y vecinos. Los relegas en tu memoria, en el pensamiento, como parte del pasado.

Es un proceso planificado.

Un método perfecto e indoloro para equilibrar el censo. Para bajar la edad media de población. Para eliminar las pensiones, para ajustar presupuestos. Para ganar dinero o dejar de perderlo.

He investigado. Pasado por los centros de salud. Mirando esos ojos apagados; contando. Viendo quiénes entran y salen. Cuándo abren y cierran.

Creo que el tope de permanencia es una semana. No veo posible que nadie aguante más tiempo.

Sentados. Cortando sus vínculos. Aislados en charlas donde termina por no haber interlocutor. Caminando ida y vuelta al servicio. Sin comer. Dándoles la bebida justa para que ahorren viajes. Para que permanezcan quietos.

Recopilan sus datos, su situación. La variabilidad de posibilidades.

Y, si nadie los reclama, si pasan a formar parte del mobiliario, si no importan a nadie, cuando nadie les recuerde…

Recogida y eliminación.

Simple.

Fácil.

Limpio.

La mayoría ya están muertos. Respiran por inercia, pero son carcasas vacías. Sin mente, sin corazón, sin pulso o supuesta alma.

Ahorran el trabajo sucio, que solo se realiza en los casos necesarios.

Caen por aburrimiento. Por inanición. Por olvidar la cadencia de respiración. Porque se sienten solos y abandonados. Inútiles. Impotentes.

Salen en camiones, entre el material de desecho. Pero siguen una ruta diferente.

Hasta un descampado, una antigua obra dejada a medias. Una propiedad del ayuntamiento.

Yacen en una fosa común, pulcramente apilados.

Todos los saben. Los que deben saberlo.

Todos lo sabemos. Nadie protesta.

Es secreto en silencio de susurros.

Es cómodo, sencillo para todos. Es un buen método. Nadie lo reconocerá nunca.  

Prefiero dejarlo. No llegaré a nada.

Los números no mienten.

De cada veinte que desaparecen, sólo uno es denunciado. Sin interés. Sin culpa. Por liberar la conciencia.

Porque la denuncia empeoraría la vida de todos.

Es un mal necesario.

Por eso me voy a casa. Para darle un beso a mi abuela.

Que no está.

“Que ha ido al médico”, me dicen.

¿Cuánto hace que no la veo?

No.

NO.

¡NOOOOOO!

¡¡Abuela!!

¡¡¡¡¡ABUELAAAAAAA!!!!!

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 3. 16/01/2018
Etiquetas
El No Tiempo , En sala de espera
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