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Román

Alabemos, oh, al Gran OjoFaro...

ALABEMOS, OH, AL GRAN OJOFARO…

 

¿Qué piensa una mente cósmica? ¿Una entidad superior o al menos más elevada?

¿En qué divaga y delira?

¿Cómo consume y aplaca sus obsesiones?

¿Cuála necedad o capricho calmas sus ansias?

 

Así transcurre mi línea mental, tumbado y más que menos ebrio, mientras me acaricia el prado mecido por el viento y miro las estrellas que no son. Pues no están en tiempo ni lugar que yo las contemplo; mi presente, su pretérito. No hay futuro, nunca lo hubiere.

Además, esconden secretos tras ellas. Son apenas el telón por descubrir.

Creo discernir entre ese parpadeo luminiscente, en estelas que nacen y mueren combustionando en viaje a parte ninguna, una pupila. El gran faro del universo. El ojo ciclópeo y númico que todo lo ve y nada mira en concreto.

No puedo imaginar otra que espejismos alucinatorios. Se siente imposible ser objeto de su escrutinio al igual que  nosotros no podemos contemplar un átomo o partícula menor que las menores. Aunque sí somos capaces, con trampa de aumento y lente grande; ¿para qué y con qué finalidad?

Aceptamos la existencia de cosas, criaturas, entidades que no podemos ver, que están fuera de nuestro alcance y capacidad, que no comprendemos en origen y motor o finalidad… Pienso demasiado.

Pero… ¿Vamos a funcionar diferente si sabemos con qué y cómo funcionamos? ¿Qué nos compone?

Yo dúdolo extrañado; no tiene sinsentido. Por ello, aunque mi fantasía, que grita “¡OJO!”, coincidiere con la realidad por una vez primera, no sería signo ni digno de importancia o talla. Percibible.

Apenas circunstancia del destino y desatino.

Pero ese foco que gira y gira inescrutable y omnisciente de ominosidad, hace una parada en su ruta.

Me marca en la diana del centro concéntrico. Me guiña.

Es un microprotosegundo el compartir mirada y perderme en su prisma.

Intercambiar perspectiva, ser uno el otro sin retracción o arrepentimiento; acceso de barra libre infinitamente infinitesimal.

El todo dentro de la nada envuelto en un vacío de silencio. Paz y caos de la mano, hermanados por los colores originales en equilibrios.

Vigilados por una madre luna terrible llena de dientes y espinas. La guardiana y la guadaña.

Y aún más por encima, una matrioshka inmensa que guarda dentro la siguiente y más titánica y magnífica y monstruosa. Fuera de medida todo ello, inclusive la crueldad.

Y yo, juguete roto a la deriva y el revuelco de una olaonda espacial.

Dura cien de mis vidas el momento. Se acaba. Se marcha el intruso simbionte. Retorna a lo alto y sigue rotando, alejándose para sí volver.

El gran faro.

El gran ojo.

Noto mi cuerpo contrahecho e inhóspito, dado de sí, como si alguien hubiese luchado contra él desde dentro, encerrado en un recipiente demasiado pequeño de costuras sensibles y poco fiables. Cuasi quebradas.

Estoy pillado y fichado. Arden fragmentos de mi carne que se rindieron al antiguo y mayor. Crece un símbolo de fuego frío en el pecho. Un indescifrable enigma que será el último que se resuelva.

Late la piel recorriendo sus y mis ángulos que no conocía y ahora recuerdo de antaño evos. Tienen miedo mis dedos por tocarme aunque quede yo hipnotizado. Reaccionando por segmentos corporales, repúblicas independientes que terminan por aunarse de nuevo en comuna.

Cierro los ojos y me apago para no caer en más demencia decadente de ser ello posible.

Mi mente sigue hiperactiva y le dejo hacer y fluir. Reinventarse y reconstruirse para evolucionar al fin.

Cuando vuelva fuera de mi ya no seré el mismo. Cuando se descosan los párpados. Mientras tanto, sueño grande y en pesadilla con el primer e imberbe futuro jamás poseído por el hombre…

 

 

 

Publicado la semana 29. 19/07/2018
Etiquetas
Carl Sagan , Cósmicas , En durante reflexión severa mirando a los cielos
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