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Román

Transcensión

TRANSCENSIÓN

 

Me busqué las costuras y cremalleras.

Desollé mi piel y abrí la armadura de carne.

Desmonté la osamenta de huesos uno por uno en desorden.

Abrí las costillas para extraerme órgano a órgano, de menos a más vital.

Me rompo por dentro y por fuera, pero no me fracturo.

Subo y empiezo a eliminar sentidos por medio de corte.

Trepano el cráneo y accedo al cerebro, el cual extirpo con mimo para que mis recuerdos sean eternos.

Clavo punzones en mis postreras partes sensibles y terminaciones nerviosas.

El dolor es secundario. La conciencia, testigo muda y cariñosa.

Leo el mapa de cada red, sean venas o neuronas. Cierro todos esos canales para suspender el sistema de forma definitiva.

Arrojo lo que de mi resta y puedo controlar, apenas despojo, contra el incómodo piso.

Podría mutilar más, llevarlo al extremo, pero no es necesario.

Mi organismo esparcido por doquieras cercanos se empeña en seguir funcionando separados para conservarme vivo, al menos latente.

Siento que me apago y evado en el limbo, aunque ya debiera estar finiquitado y hueco cual cascarón.

Me elevo por encima del yo, reconstruido etéreo e intangible. El destrozo y masacre me sobrecogen. No me reconozco. Quizás alguna pieza…

Levito ligero, que no insustancial. Lo imprescindible me acompaña en el viaje.

Sonrío fantasmal mientras uso la voluntad para formar y formular una sola y única imagen.

El objetivo final. No sabré si fracaso. Puede que tampoco si triunfo.

Es un precio menor.

Vuelo y floto y nado entre aires, tierras, atmósferas y aguas. Vacaciones cósmicocaóticas.

Veo, aprendo, guardo, maquino.

Estoy en dispersión sin control, como el hombre bala del circo a la deriva. Debo retomar. Retornar.

En regreso a la tierra, no escojo, me dejo llevar por el deseo y el destino.

Llego a ello y a ella. Sumo su mente con la mía, somos más y no menos en la fusión reencarnada.

Uso mis ocho nuevos ojos para percibir la realidad, igual, pero totalmente diferente en perspectivas, sensaciones, tamaños, empatías y prioridades.

Me muevo en desequilibrio con los apéndices, no tardo en dominarlo.

Mi nueva vida. Absorbo.

Pronto, un nuevo cambio. Tortuga, lobo, pulpo, serpiente, tiburón… ¿Quién sabe?

Necesito sentirlo todo. Y la humanidad es una limitación que ya no me ata ni encadena.

La libertad es la metamorfosis polimórfica.

Ya sé cómo.

Ahora, el futuro.

¡Yo!

Publicado la semana 25. 21/06/2018
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Sonoridades y NoDestinos
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